Por Alfredo Calcedo
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25 de marzo de 2026
En la 16.ª conferencia Road to Recovery, la investigadora Ariel Hoadley subrayó que el estigma y la discriminación no pueden entenderse sumando simplemente las distintas facetas de la identidad de una persona. Explicó que, en la atención sanitaria, suele analizarse cada fuente de vulnerabilidad —raza, género, trastorno mental o adicción— de forma aislada, cuando en realidad estas dimensiones interactúan y se entrelazan. Así, una persona con trastorno por uso de sustancias, perteneciente a un grupo racial minoritario y con historial en el sistema judicial no sufre tres estigmas independientes, sino una experiencia compleja y entrelazada difícil de encajar en modelos lineales. Hoadley presentó resultados de encuestas a 213 adultos con trastorno por uso de opioides, enfermedad mental e implicación judicial . Al explorar el autoestigma, observaron que el relacionado con la salud mental era el que más se asociaba con un mayor malestar psicológico, peor calidad de vida y más conductas de ocultamiento de la propia identidad. El estigma ligado al historial criminal también fomentaba el ocultamiento, aunque en menor medida. En cuanto a la discriminación interseccional (discriminación generada por otros, victimización), la práctica totalidad de los participantes (96%) había sufrido experiencias importantes, y tanto la discriminación anticipada como la cotidiana se relacionaban de forma consistente con mayor angustia, mayor ocultamiento y peor bienestar mental. Hoadley destacó que la discriminación cotidiana, los pequeños incidentes diarios, acumulados, pueden resultar tan dañinos como los episodios más graves. Finalmente, al integrar los datos, observaron que las 3 formas de autoestigma (el consumo de opioides, la salud mental y el sistema de justicia penal) aumentaban la discriminación anticipada y, con ello, las conductas de ocultamiento activo relacionadas con las creencias [negativas] que podemos tener sobre nosotros mismos. Además, quienes contaban con menos recursos personales y externos para sostener su recuperación sufrían un mayor impacto emocional ante la expectativa de ser discriminados.