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Los trastornos psicóticos y del estado de ánimo, incluyendo la esquizofrenia y el trastorno bipolar, son vistos cada vez más como parte de un continuo del trastorno del espectro de la psicosis (PSD), que comparte características genéticas y neurobiológicas. Para profundizar en esta idea los autores realizaron una revisión sistemática y metaanálisis que examina la anisotropía fraccional y la difusividad media utilizando imágenes del tensor de difusión en PSD. Los resultados mostraron un mismo patrón: la anisotropía fraccional estaba reducida de forma constante en el cuerpo calloso , una estructura fundamental que conecta ambos hemisferios cerebrales. En cambio, la difusividad media tendía a estar aumentada en proyecciones corticoespinales. Cuando se ajustaron los análisis por edad y género, los resultados se hicieron aún más sólidos, lo que sugiere que estas alteraciones no son simplemente consecuencia del avance de la enfermedad, sino parte de su propia biología. Por subgrupos, esquizofrenia y trastorno bipolar mostraron similitudes, pero también matices propios. En conjunto, los hallazgos refuerzan la idea de un modelo transdiagnóstico de la psicosis y apuntan al cuerpo calloso como un posible biomarcador. Aun así, se necesitan estudios longitudinales para aclarar la causalidad y su relevancia clínica. Comentado en Infobase

El artículo examina una reciente revisión sistemática y metaanálisis que explora la capacidad de los tratamientos antiinflamatorios para aliviar la depresión y, de manera particular, la anhedonia en pacientes con un fenotipo inflamatorio. El estudio se centra exclusivamente en personas deprimidas sin comorbilidades médicas y caracterizadas por niveles elevados de proteína C reactiva (PCR), un biomarcador fiable, accesible y que señala inflamación sistémica. Este enfoque responde a una laguna en la literatura, ya que investigaciones previas habían demostrado beneficios antiinflamatorios en pacientes con enfermedades somáticas, pero sin delimitar claramente su eficacia en cuadros depresivos primarios con marcadores inflamatorios elevados. Los autores subrayan que la PCR no solo señala procesos inflamatorios sino que también predice menor respuesta a antidepresivos convencionales. En este sentido, proponen que la evaluación de factores modificables —como adiposidad, consumo de sustancias o dieta deficiente— podría guiar intervenciones más personalizadas. El metaanálisis incluyó 19 ensayos clínicos aleatorizados y controlados con placebo, aunque el análisis principal se centró en 11 estudios con el umbral estándar de PCR ≥2 mg/L. En estos, los tratamientos antiinflamatorios redujeron significativamente la anhedonia y la gravedad depresiva, sin incrementar los eventos adversos graves. No obstante, los autores no hallaron diferencias significativas en tasas de respuesta o remisión. Los efectos se mantuvieron, aunque atenuados, cuando se ampliaron los criterios de inflamación. En un editorial asociado, se destaca el potencial de esta línea de investigación para avanzar hacia una psiquiatría de precisión, incluso planteando la posibilidad de especificar la “depresión inflamatoria” en futuras clasificaciones diagnósticas. Aun así, se señala la necesidad de ensayos más robustos y homogéneos. Dado que muchos fármacos analizados son potentes y con riesgos considerables, algunos autores sugieren que intervenciones de bajo riesgo —como omega‑3, dieta mediterránea, ejercicio o terapias de calor— podrían ser alternativas prometedoras en pacientes con inflamación elevada.

Los autores de este artículo sostienen que la gripe, más allá de su impacto pulmonar, desencadena una cascada sistémica de efectos vasculares e inflamatorios que pueden acelerar procesos neurodegenerativos. Destacan que la infección gripal aumenta de manera aguda el riesgo de infarto de miocardio y se asocia con incrementos transitorios en el riesgo de ictus, eventos que contribuyen al daño cerebral acumulativo. Asimismo, modelos experimentales muestran que incluso cepas no neurotrópicas pueden inducir activación microglial prolongada y pérdida sináptica, procesos susceptibles de mitigarse mediante la vacunación. La vacunación antigripal podría ser no solo una herramienta de protección respiratoria, sino también un instrumento potencial de preservación cognitiva. Los datos epidemiológicos respaldan esta hipótesis: Un metaanálisis reciente que involucra a más de 2 millones de adultos asocia la vacuna con una disminución del 31% en la incidencia de demencia. En cohortes estadounidenses, se observó un riesgo un 40% menor de desarrollar Alzheimer. El Biobanco del Reino Unido informó de disminuciones tanto en demencia global como vascular, con un patrón dosis–respuesta respecto al número de vacunaciones, es decir, que la continuidad en la vacunación potencia estos beneficios preventivos. Sin embargo, los autores subrayan que esta estrategia preventiva sigue infrautilizada entre adultos mayores debido a la baja percepción de riesgo y a la falta de integración sistemática de la vacunación en los itinerarios clínicos. Comentado en Psypost

El artículo, publicado en Psychiatric News, expone una creciente preocupación debido a que cada vez hay más pruebas que vinculan el uso de gabapentina con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia . A pesar de que las prescripciones de este fármaco se han duplicado en los últimos años, investigaciones actuales sugieren que su perfil de seguridad neurológica requiere una reevaluación exhaustiva. Se comenta el estudio de la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio, USA) : en pacientes con dolor lumbar crónico que recibieron seis o más prescripciones de gabapentina, se observó un incremento del 29% en el riesgo de demencia y un alarmante 85% en el riesgo de deterioro cognitivo leve, en los 10 años siguientes. El aumento del riesgo no se limitó a la población geriátrica; los adultos de entre 35 y 49 años presentaron más del doble de riesgo de demencia y el triple de riesgo de deterioro cognitivo leve en comparación con aquellos que no consumían el fármaco. En un estudio retrospectivo publicado en Frontiers in Pharmacology en 2022, Oh y sus colegas, hallaron que los usuarios de gabapentina tienen entre 1.5 y 1.9 veces más probabilidades de manifestar declive cognitivo tras solo un año de tratamiento. El mecanismo subyacente propuesto se relaciona con la unión del fármaco a las subunidades de los canales de calcio que regulan la señalización neuronal, lo que podría alterar la sinaptogénesis o la plasticidad cerebral, aunque los procesos exactos aún están bajo investigación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la precaución clínica. Ante la evidencia de riesgos elevados tanto en poblaciones jóvenes como mayores, se insta a los profesionales de la salud a sopesar cuidadosamente los beneficios terapéuticos de la gabapentina frente a sus potenciales efectos adversos en la integridad cognitiva de los pacientes.

El artículo explora la posibilidad de que los antidepresivos ISRS reduzcan la intensidad del amor romántico. Para examinar esta hipótesis, los investigadores recurrieron a una amplia base de datos, el Romantic Love Survey 2022, que recoge experiencias de miles de personas enamoradas. A partir de esa fuente, seleccionaron a 810 jóvenes de 33 países, todos ellos en las primeras etapas del enamoramiento y con puntuaciones muy altas en una escala diseñada para medir la pasión amorosa. El estudio buscaba una respuesta sencilla: ¿tomar ISRS afecta al modo en que una persona vive el amor? Para ello, analizó si quienes estaban tomando estos medicamentos diferían de quienes no lo hacían en aspectos como la intensidad del amor, la frecuencia con que pensaban en su pareja, el compromiso emocional o la actividad sexual. También se tuvieron en cuenta variables como el sexo biológico y la presencia de problemas de salud mental. Los resultados no encontraron ninguna relación entre el uso de ISRS y los rasgos fundamentales del amor romántico: La intensidad del enamoramiento, la presencia de pensamientos obsesivos acerca de la persona amada (porcentaje de horas de vigilia), el compromiso y la frecuencia sexual parecían mantenerse igual, independientemente del tratamiento con antidepresivos. Solo dos factores —ser hombre o mujer y el padecimiento de problemas de salud mental— se relacionaron con el uso de ISRS, algo esperable dado su patrón de prescripción clínica. El artículo sitúa estos hallazgos dentro de un debate más amplio sobre la biología del amor. Frente a las teorías que atribuían el enamoramiento a un único sistema basado en la serotonina, los autores subrayan que hoy se sabe que intervienen numerosos mecanismos biológicos. Por eso, que los ISRS no alteren la experiencia de amar resulta coherente con la ciencia actual. Como conclusión práctica, el estudio ofrece un mensaje tranquilizador: tomar ISRS no “apaga” el amor. Esta evidencia puede ayudar a reducir el temor de quienes necesitan tratamiento, pero dudan por miedo a perder la intensidad emocional de sus relaciones.

La evidencia que vincula el café y el té con la salud cognitiva sigue sin ser concluyente y la mayoría de los estudios no logran diferenciar el café con cafeína del descafeinado. El objetivo de este estudio es investigar las asociaciones del consumo de café y té con el riesgo de demencia y la función cognitiva. Resultados: En este estudio de cohorte prospectivo de 131 821 personas de dos cohortes con un seguimiento de hasta 43 años, se documentaron 11 033 casos de demencia. Un mayor consumo de café con cafeína se asoció significativamente con un menor riesgo de demencia. El consumo de café descafeinado no se asoció significativamente con el riesgo de demencia. Las diferencias asociadas más pronunciadas se observaron con la ingesta de aproximadamente 2 a 3 tazas por día de café con cafeína o 1 a 2 tazas por día de té. Conclusiones y relevancia Un mayor consumo de café y té con cafeína se asoció con un menor riesgo de demencia y una función cognitiva ligeramente mejor, siendo la asociación más pronunciada en niveles de ingesta moderados.

El informe del Plan Nacional Sobre Drogas de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) de 2025 revela una tendencia ascendente que suscita una profunda preocupación en el ámbito de la salud pública. Los datos reflejan que la participación de los jóvenes en juegos de azar, tanto en entornos digitales como físicos, ha experimentado un repunte significativo tras el periodo de observación anterior. Durante el año 2025, el 13% de los estudiantes de secundaria participaron en modalidades de juego on-line, mientras que un 20,9% optó por el formato presencial. Estas cifras representan incrementos del 2,3% y 2,2% respectivamente en comparación con el año 2023. El fenómeno es predominantemente masculino. En la modalidad online, el 20,7% de los varones reportó actividad frente a un escaso 5,3% de las mujeres; de manera análoga, en el juego presencial, la incidencia masculina alcanzó el 29,5%, superando ampliamente el 12,3% registrado en la población femenina. Más allá de la mera participación, el estudio advierte sobre la preocupante intensificación del "juego problemático", cuya prevalencia entre los varones se elevó del 6% en 2023 al 8,4% en 2025. Las preferencias también presentan una especialización de género: mientras que los varones suelen decantarse por la ruleta y las apuestas deportivas, las mujeres muestran una mayor inclinación hacia el bingo. En conclusión, los hallazgos subrayan la necesidad urgente de fortalecer las políticas de prevención y regulación, dado que el juego de azar se consolida como un riesgo creciente para la juventud española, especialmente para los varones, quienes presentan patrones de conducta más vulnerables hacia la ludopatía.

Las Comisiones Reales (Australia) sobre los sectores de atención a personas mayores y personas con discapacidad revelaron importantes preocupaciones acerca del uso inapropiado de medicamentos psicotrópicos como restricción química en personas con discapacidad o deterioro cognitivo. En respuesta, la Comisión Australiana de Seguridad y Calidad en la Atención Sanitaria desarrolló el Estándar de Medicamentos Psicotrópicos en la Atención Clínica de Discapacidad o Deterioro Cognitivo (el Estándar), con el objetivo de orientar el uso de psicotrópicos y garantizar las mejores prácticas en el apoyo a las personas con discapacidad o deterioro cognitivo . Este artículo ofrece una visión general del Estándar y su aplicación en los sectores de la atención a personas mayores y la discapacidad. La Norma promueve la atención centrada en la persona y prioriza la evaluación exhaustiva, las estrategias sin medicación y el desarrollo de planes individuales de apoyo conductual antes de considerar el uso de psicofármacos. Anima a los servicios de salud a contar con políticas claras sobre el uso de psicofármacos, incluyendo la necesidad de documentar las estrategias sin medicación ensayadas antes de su uso y de supervisar la eficacia de cualquier psicofármaco prescrito. El consentimiento informado es un requisito reglamentario previo al uso de psicofármacos como práctica restrictiva. La Norma hace hincapié en la claridad de los objetivos terapéuticos, la transferencia clínica durante las transiciones de atención, la revisión y la desprescripción periódicas de psicofármacos para minimizar los daños, especialmente en casos de uso prolongado y polifarmacia con psicofármacos.

El artículo aborda la complejidad terminológica y los desafíos clínicos asociados al uso de fármacos psicotrópicos en poblaciones vulnerables. Pretende clarificar qué constituye un psicotrópico, dado que definiciones excesivamente amplias —como aquellas que incluyen cualquier sustancia que afecte la mente o el comportamiento— podrían abarcar erróneamente desde analgésicos hasta antihipertensivos. El autor expone que, si bien la OMS define estos fármacos por su efecto primario en el sistema nervioso central; en el contexto de la atención a la vejez y la discapacidad existe una tendencia a equipararlos con el término "restricción química ". Este fenómeno ocurre principalmente cuando los medicamentos se emplean para gestionar comportamientos preocupantes en pacientes con demencia o discapacidades cognitivas, en lugar de tratar una patología psiquiátrica diagnosticada. El artículo subraya que las clases farmacológicas más relevantes bajo este escrutinio son los antipsicóticos, antidepresivos y ansiolíticos/hipnóticos. El artículo advierte sobre la particular vulnerabilidad de los adultos mayores a los efectos adversos, tales como el delirio, las caídas y los cambios metabólicos. Se enfatiza que el objetivo de las nuevas normativas y estándares de cuidado no es prohibir estos fármacos, sino asegurar que su prescripción sea juiciosa, documentada y sujeta a revisiones periódicas. En conclusión, el artículo aboga por una precisión diagnóstica y una distinción clara entre el uso terapéutico legítimo y las prácticas restrictivas. La narrativa científica sugiere que, para mejorar la calidad de vida en el cuidado de la discapacidad y la vejez, es imperativo priorizar intervenciones no farmacológicas y mantener una vigilancia estricta sobre la polifarmacia psicotrópica, mitigando así riesgos innecesarios en pacientes cuya capacidad de comunicación suele estar comprometida.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno común del neurodesarrollo que se caracteriza por falta de atención, hiperactividad o impulsividad. Afecta a entre el 3 y el 5 % de los adultos. Las principales farmacoterapias para adultos con TDAH incluyen psicoestimulantes, como metilfenidato y anfetaminas (dexanfetamina y lisdexanfetamina), y no psicoestimulantes como atomoxetina. En Australia, la elegibilidad para recibir subsidios bajo el Plan de Beneficios Farmacéuticos varía dependiendo de si al paciente se le diagnosticó TDAH durante la infancia o la edad adulta. Las personas a las que se les prescriben medicamentos para el TDAH deben ser monitoreadas para detectar efectos adversos tanto físicos (por ejemplo, síntomas cardíacos, cambios de apetito, convulsiones) como psiquiátricos (por ejemplo, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, psicosis). Si bien el tratamiento farmacológico es eficaz para los adultos con TDAH, debe integrarse en un enfoque multidisciplinario más amplio que también incluya estrategias no farmacológicas, como terapias psicológicas y apoyo de salud aliado.



