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En esta entrevista realizada durante el congreso de la American Psychiatric Association (APA), el psiquiatra Roger McIntyre analiza una de las formas más difíciles de identificar del trastorno bipolar: los episodios con características mixtas. Se trata de situaciones en las que síntomas depresivos y síntomas maníacos aparecen al mismo tiempo, algo que puede generar gran confusión tanto en los pacientes como en los profesionales. McIntyre explica que muchas personas no presentan una manía “clásica”, sino una mezcla de tristeza, desesperanza y falta de energía junto con irritabilidad, agitación, pensamientos acelerados, ansiedad intensa o dificultad para dormir. Estos cuadros suelen ser mal diagnosticados porque pueden parecer una depresión común o incluso otros trastornos psiquiátricos. El especialista destaca que reconocer estas características mixtas es fundamental, ya que se asocian a una mayor gravedad clínica, peor funcionamiento diario y un riesgo más elevado de suicidio. Por ello, recomienda que los médicos investiguen de forma específica la presencia de síntomas de ambos polos del trastorno bipolar durante la evaluación. En cuanto al tratamiento, señala que no todos los medicamentos funcionan igual en estos pacientes. Los antidepresivos, que a menudo se utilizan como monoterapia, con frecuencia no son eficaces o desestabilizan a los pacientes con trastornos mixtos; los psicoestimulantes pueden desestabilizar los estados mixtos o de ciclo rápido, y el valproato carece de eficacia en la depresión bipolar o en el tratamiento de mantenimiento, con un riesgo teratogénico sustancial. Las opciones respaldadas por la evidencia se centran en los antipsicóticos de segunda generación con datos de características mixtas (por ejemplo, cariprazina; lumateperona /lurasidona en la depresión bipolar con características mixtas; olanzapina-samidorfán para reducir la vulnerabilidad metabólica) y el litio. El objetivo es controlar simultáneamente los síntomas depresivos y maníacos, reducir el sufrimiento y prevenir nuevas recaídas.

El artículo cuestiona la tendencia de considerar las llamadas adicciones conductuales como equivalentes a los trastornos por consumo de sustancias . Los autores señalan que gran parte de la investigación en este campo parte de la idea de que ambos fenómenos son esencialmente iguales, por lo que se utilizan las mismas teorías, métodos de estudio y herramientas de evaluación desarrolladas para las adicciones a drogas. Sin embargo, advierten que este enfoque presenta importantes problemas. Si cualquier conducta que pueda realizarse de forma excesiva —como comer, trabajar, hacer ejercicio o usar el teléfono móvil— se interpreta como una adicción, se corre el riesgo de patologizar comportamientos cotidianos y trivializar el significado real de la adicción. Además, recuerdan que la frecuencia con la que una persona realiza una actividad no demuestra por sí sola la existencia de una enfermedad. Una conducta puede ser muy frecuente sin generar problemas, mientras que el malestar asociado a ella puede estar influido por valores personales, creencias morales o normas sociales. Los autores también critican la comparación directa entre sustancias psicoactivas y comportamientos, ya que las drogas producen efectos biológicos específicos y procesos de adaptación corporal que no están claramente demostrados en muchas conductas consideradas adictivas. Como conclusión, defienden que la investigación sobre las adicciones conductuales debe desarrollar modelos propios, centrados en comprender las experiencias reales de las personas afectadas. En lugar de copiar los paradigmas de las adicciones a sustancias, proponen explorar nuevos enfoques que permitan explicar mejor estos problemas y ofrecer respuestas clínicas más precisas.

Estudio descriptivo , compuesto por una revisión bibliográfica especializada y un análisis de resoluciones judiciales, que analiza desde una perspectiva médico-legal, la relación entre los trastornos mentales y la imputabilidad penal, identificando patrones clínico-delictivos y valoraciones judiciales en casos de delitos graves. Resultados Los trastornos psicóticos fueron más frecuentes en delitos de homicidio, mientras que los trastornos de la personalidad predominaron en agresiones sexuales. La mayoría de los acusados fueron considerados plenamente imputables, incluso en presencia de trastornos mentales graves. La semiimputabilidad no supuso una reducción sustancial de las penas, y el internamiento psiquiátrico se aplicó únicamente en casos de inimputabilidad. La psicopatía, aunque identificable en algunos perfiles clínico-delictivos, no apareció como diagnóstico formal en ninguna resolución. Discusión Los hallazgos muestran una aplicación restrictiva de la eximente por trastorno mental en el sistema judicial español, en línea con el modelo mixto de valoración de la imputabilidad. A pesar del reconocimiento de psicopatología, la respuesta penal prioriza la prisión ordinaria sobre las medidas terapéuticas. Se evidencia la necesidad de herramientas diagnósticas más específicas y de recursos forenses y penitenciarios adecuados para integrar el enfoque clínico y jurídico en la evaluación de la responsabilidad penal.

El Tribunal Supremo tenía que determinar si los padres de una persona adulta, con plena capacidad para decidir, pueden recurrir judicialmente la autorización de una eutanasia concedida a su hijo. El caso surge a raíz de la petición de un hombre que, tras sufrir varios ictus e infartos, vive con graves secuelas y un intenso sufrimiento físico y emocional. Aunque su solicitud había superado los controles médicos y legales previstos por la ley, su padre acudió a los tribunales para intentar impedirla. ( Confilegal ) El debate no se centraba tanto en si la eutanasia debía realizarse, sino en quién tiene derecho a intervenir en estos procedimientos. La cuestión enfrentaba dos principios: por un lado, la autonomía de la persona que solicita poner fin a su vida conforme a la Ley de Eutanasia; por otro, la posibilidad de que familiares cercanos puedan cuestionar judicialmente esa decisión. La controversia ha generado una gran repercusión social y jurídica porque la resolución del Supremo puede marcar el futuro de muchos casos similares. Finalmente, el tribunal ha reconocido que las personas con una vinculación especialmente estrecha con el solicitante, como padres o familiares directos, pueden presentar recursos ante la justicia. Esta decisión abre un nuevo escenario en el que los procedimientos de eutanasia podrían verse sometidos a una mayor judicialización y a posibles retrasos, incluso cuando la persona solicitante cumple los requisitos legales establecidos. ( poderjudicial.es )

El estudio analiza si determinadas dificultades relacionadas con la sexualidad pueden estar asociadas a experiencias psicóticas subclínicas en personas sin diagnóstico psiquiátrico. Los autores parten de la idea de que las experiencias psicóticas leves, conocidas como psychotic-like experiences (PLEs), no son exclusivas de los trastornos psicóticos, sino que pueden aparecer en parte de la población general y, en algunos casos, anticipar futuros problemas de salud mental. ( ScienceDirect ) A partir de una muestra no clínica de adultos jóvenes, los investigadores observaron que quienes presentaban más experiencias de tipo psicótico tendían también a mostrar mayores niveles de conductas sexuales problemáticas, como hipersexualidad o consumo problemático de pornografía. Asimismo, encontraron una relación entre estas experiencias y algunas dificultades en el funcionamiento sexual. Los resultados sugieren que la sexualidad y la salud mental podrían estar más conectadas de lo que tradicionalmente se ha pensado. En lugar de considerar los problemas sexuales únicamente como consecuencias de trastornos psiquiátricos ya establecidos o de sus tratamientos, el trabajo plantea que ciertas alteraciones sexuales podrían aparecer en fases tempranas de vulnerabilidad psicológica. ( PsyPost - Psychology News ) No obstante, los autores advierten que se trata de un estudio transversal, por lo que no permite establecer relaciones de causa y efecto. Aun así, defienden que la evaluación de conductas sexuales problemáticas podría aportar información útil para detectar de forma precoz a personas con mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales en el futuro.

El estudio explora por qué los fármacos agonistas del receptor GLP-1, como semaglutida o tirzepatida, producen resultados muy distintos entre unas personas y otras. Mientras algunos pacientes logran pérdidas de peso muy importantes, otros apenas responden al tratamiento o sufren efectos adversos que dificultan su continuidad. ( Nature ) Para intentar explicar esta variabilidad, los investigadores analizaron datos genéticos y clínicos de 27.885 personas tratadas con estos medicamentos. El trabajo identificó una variante en el gen GLP1R , que codifica el receptor sobre el que actúan estos fármacos. Los portadores de esta variante tendían a perder más peso que quienes no la tenían, aunque el efecto observado fue relativamente modesto. También se encontraron variantes relacionadas con una mayor probabilidad de presentar náuseas y vómitos, especialmente en usuarios de tirzepatida, implicando además al gen GIPR . Los autores destacan que la genética ayuda a comprender parte de la respuesta individual al tratamiento, pero no explica por sí sola las diferencias observadas. Otros factores no genéticos (edad, sexo, presencia de diabetes, dosis utilizada o duración del tratamiento) también influyen en la eficacia de los fármacos: las mujeres perdieron más peso que los hombres (12,2 % frente a 10,0 %), y las personas con diabetes tipo 2 perdieron, en promedio, 2,87 puntos porcentuales menos de IMC que quienes no la padecen. Cada 10 años adicionales de edad redujeron la eficacia de la pérdida de peso en aproximadamente un 0,5 %. La tirzepatida también fue más eficaz que la semaglutida en general, con una pérdida media de IMC de 4,75 frente a 3,71 unidades. ( LinkedIn ) En conjunto, el estudio abre la puerta a una futura medicina más personalizada en obesidad, donde la información genética podría contribuir a predecir qué pacientes obtendrán mayor beneficio o presentarán más efectos secundarios, aunque todavía no existe evidencia suficiente para utilizar estos datos de forma rutinaria en la práctica clínica. Comentado en 20minutos .
El artículo plantea una idea llamativa para comprender la esquizofrenia: el llamado “principio de Anna Karenina”, inspirado en la famosa frase de Tolstói según la cual las familias felices se parecen entre sí, mientras que cada familia infeliz lo es a su manera. Aplicado a la psiquiatría, los autores sugieren que las personas con esquizofrenia podrían mostrar una mayor variabilidad biológica y cerebral porque existen muchas formas distintas de llegar al trastorno. A partir de modelos simulados y datos de neuroimagen, los investigadores observaron que la mayor dispersión encontrada en pacientes no necesariamente refleja alteraciones específicas en cada variable estudiada. Según su propuesta, esta variabilidad puede surgir de manera natural cuando diferentes combinaciones de factores de riesgo convergen en un mismo diagnóstico clínico. Así, dos personas pueden compartir la etiqueta de esquizofrenia y, sin embargo, presentar perfiles biológicos muy distintos. El trabajo cuestiona la idea de que la esquizofrenia sea una entidad homogénea y sugiere que parte de las dificultades para encontrar biomarcadores consistentes podrían deberse precisamente a esa diversidad subyacente. Los hallazgos respaldan una visión más compleja y heterogénea del trastorno, donde múltiples trayectorias biológicas y ambientales pueden conducir a síntomas similares. Esta perspectiva podría ayudar a desarrollar estrategias diagnósticas y terapéuticas más personalizadas, adaptadas a las particularidades de cada paciente en lugar de asumir que todos comparten el mismo mecanismo de enfermedad. (biorxiv)

El artículo analiza una realidad compleja y dolorosa: el impacto que puede tener el consumo de sustancias por parte de una madre en la seguridad y el desarrollo de sus hijos. Los autores revisan estudios clínicos, epidemiológicos y políticas de protección infantil para explorar cómo el abuso de alcohol u otras drogas dentro del entorno familiar puede aumentar el riesgo de maltrato, negligencia, abandono y experiencias traumáticas durante la infancia. Según la revisión, estos niños presentan con mayor frecuencia problemas emocionales, trastornos mentales, dificultades de conducta y consecuencias físicas que pueden mantenerse durante años. El texto también cuestiona algunas prácticas de los sistemas de protección de menores, especialmente cuando la reunificación familiar se produce sin que exista una recuperación estable y verificable de los problemas que originaron la separación. Los autores señalan que el deseo de preservar la unidad familiar es importante, pero no debe prevalecer sobre la seguridad y el bienestar del menor. En algunos casos, el retorno prematuro al hogar puede exponer al niño a nuevas situaciones de riesgo y reactivar experiencias traumáticas previas. Como propuesta, el trabajo defiende un enfoque centrado en el niño, basado en la igualdad y en criterios objetivos de responsabilidad y cambio conductual sostenido. La prioridad, concluyen, debería ser garantizar entornos seguros, estables y protectores, teniendo en cuenta tanto la voz del menor como sus necesidades a largo plazo. ( cureus.com )

El artículo analiza el posible papel de los agonistas del receptor GLP-1, como semaglutida, liraglutida o exenatida, para reducir los problemas metabólicos que suelen aparecer en pacientes tratados con clozapina u olanzapina, dos antipsicóticos muy eficaces pero conocidos por provocar aumento de peso, diabetes y alteraciones cardiovasculares. ( cureus.com ) La revisión explica que muchos pacientes con esquizofrenia o trastornos graves terminan desarrollando obesidad, resistencia a la insulina o colesterol elevado después de iniciar estos tratamientos. Esto no solo afecta a su salud física, sino también a la adherencia al tratamiento y a su calidad de vida. Frente a este problema, los autores revisan distintos estudios donde los fármacos GLP-1 mostraron resultados prometedores. Según los datos recopilados, estos medicamentos ayudaron a disminuir el peso corporal, mejorar el control de la glucosa y reducir algunos factores de riesgo cardiovascular. Además, en general fueron bien tolerados, aunque los efectos secundarios gastrointestinales, como náuseas o vómitos, fueron relativamente frecuentes. ( MDPI ) El trabajo concluye que los agonistas GLP-1 podrían convertirse en una herramienta importante para combatir los efectos metabólicos asociados a ciertos antipsicóticos. Sin embargo, los autores señalan que todavía hacen falta estudios más amplios y prolongados para confirmar su seguridad y eficacia a largo plazo en pacientes psiquiátricos.

Este estudio analiza si la inflamación puede convertirse en una nueva diana terapéutica para la depresión, especialmente en personas que no mejoran con los antidepresivos habituales. Los investigadores se centraron en la interleucina-6 (IL-6), una sustancia del sistema inmunitario relacionada con procesos inflamatorios y que desde hace años se sospecha que influye en algunos casos de depresión. (JAMA Network) Para comprobarlo, realizaron un pequeño ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, de brazos paralelos y controlado con placebo con 30 personas que sufrían depresión moderada o grave, tenían mala respuesta a tratamientos previos y mostraban signos de inflamación en análisis de sangre (proteína C reactiva elevada). Durante cuatro semanas, algunos participantes recibieron tocilizumab, un anticuerpo monoclonal, antagonista del receptor de la IL-6, utilizado en enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, mientras que otros recibieron placebo. Los resultados sugirieron que quienes recibieron el medicamento presentaron una mayor mejoría en síntomas depresivos, cansancio, ansiedad y calidad de vida. Además, más pacientes alcanzaron la remisión de la depresión en el grupo tratado que en el grupo placebo. Sin embargo, los propios autores advierten que el estudio fue pequeño y que todavía no se puede afirmar con certeza que este tratamiento sea eficaz. ( The Guardian ) El trabajo abre la puerta a una psiquiatría más personalizada, donde algunos pacientes con depresión podrían beneficiarse de tratamientos dirigidos contra la inflamación y no solo contra los neurotransmisores clásicos como la serotonina.



