Por Alfredo Calcedo
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5 de mayo de 2026
El artículo plantea que para ayudar de verdad a adolescentes y jóvenes con trastornos por consumo de sustancias es necesario cambiar la forma de acercarse a ellos; no basta con aplicar normas o diagnósticos; es necesario acercarse a ellos con una curiosidad genuina y empática. Durante mucho tiempo se han aplicado a los menores criterios pensados para adultos, pero las nuevas recomendaciones subrayan que la juventud tiene necesidades propias, ligadas a su desarrollo y a un cerebro aún inmaduro. Por eso, el tratamiento debe ser más preventivo, flexible y adaptado a cada etapa de la vida. Muchos adolescentes no se sienten comprendidos por los adultos o profesionales. Cuando perciben juicio o distancia, se alejan. Frente a esto, los autores proponen la “curiosidad empática”, una actitud que combina interés real por la experiencia del joven con una escucha sin prejuicios. No se trata solo de preguntar, sino de querer entender su historia, su contexto y lo que hay detrás del consumo. En lugar de interrogar o juzgar, el profesional debe mostrar interés genuino por entender por qué el joven consume: qué problema intenta resolver, qué alivio encuentra y qué le ocurre en su vida. Muchas veces el consumo es una forma rápida de calmar el malestar emocional o el estrés. Si el clínico invalida o moraliza, se pierde la alianza terapéutica y el joven se cierra. Los nuevos criterios clínicos para jóvenes promueven un enfoque más adaptado a su etapa de desarrollo, priorizando la prevención y el trabajo conjunto con la familia y la comunidad. ( psychiatrictimes.com ) En este modelo, la relación terapéutica es clave: cuando el joven se siente visto y respetado, aumenta su disposición a participar y cambiar. El enfoque propuesto invita a conversar desde el respeto, reconociendo que los adolescentes hacen lo que pueden con las herramientas que tienen. A partir de ahí, el profesional ofrece guía y un “mapa” de alternativas más saludables. Además, el artículo defiende un trabajo en red: familia, escuela, atención pediátrica y salud mental deben coordinarse. Todo esto requiere sistemas sostenibles y accesibles, porque sin recursos reales, las buenas ideas no llegan a quienes más las necesitan. En definitiva, el artículo defiende que conectar antes de corregir es la vía más efectiva para acompañar a los jóvenes hacia la recuperación.