La salud mental de los solicitantes de refugio y los migrantes indocumentados

26 de febrero de 2026

El artículo analiza la vulnerabilidad psicológica de las personas desplazadas, subrayando que tanto los solicitantes de refugio como los migrantes indocumentados presentan una morbilidad significativamente mayor en comparación con la población general.

El estudio describe la experiencia migratoria en tres etapas: premigración, perimigración y postmigración. Durante el tránsito (perimigración), los individuos se ven expuestos a situaciones que amenazan su vida, incluyendo violencia, violaciones de derechos humanos y privaciones básicas. Sin embargo, el artículo enfatiza que los determinantes postmigratorios son igualmente determinantes. Factores como la precariedad del estatus legal, la separación familiar, la inseguridad habitacional y las barreras para acceder al empleo y a servicios de salud actúan como catalizadores de trastornos mentales.

El tipo de recepción postmigratoria que reciben los migrantes en un país anfitrión es un determinante clave de la salud mental.

Se observa que los discursos públicos polarizados, que oscilan entre la ayuda humanitaria y el resentimiento xenófobo, se traducen en políticas restrictivas. Estas medidas, lejos de ser neutrales, exacerban condiciones como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Específicamente, se reporta que los solicitantes de refugio muestran una incidencia de psicosis y tasas de suicidio elevadas en relación con los inmigrantes voluntarios. Durante la integración y el reasentamiento, otros factores que impactan la salud mental incluyen racismo, xenofobia, privación socioeconómica, baja cohesión familiar y aislamiento social.

Asimismo, la investigación destaca el efecto deletéreo de la detención migratoria. La duración de la misma y la exposición previa a traumas correlacionan positivamente con la gravedad de los síntomas. El estado de "limbo jurídico" y la espera indefinida erosionan la resiliencia de los migrantes, quienes a menudo evitan buscar atención médica por temor a la deportación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la comunidad psiquiátrica para adoptar un enfoque que considere el predicamento estructural y cultural de estas poblaciones, reconociendo que su salud mental está intrínsecamente ligada a su seguridad jurídica y social.

Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica