Medicación y conducción: Un riesgo que no ves, pero existe

16 de julio de 2026

Estudio cualitativo (entrevista a conductores medicados) y cuantitativo (encuestas online) sobre el uso de medicamentos y la conducción de vehículos desde el punto de vista del paciente.

Resultados:

Solo un 25% de los conductores habituales no han tomado medicación que puede interferir con la conducción en los últimos 3 años.

Entre los conductores que toman medicación, un 45% declara que conduce bajo los efectos de los fármacos.

El conductor medicado que conduce bajo los efectos fármacos es un individuo de mayor edad (el 41% es mayor de 55 años), tiene más antigüedad en el carnet de conducir (un 64% + de 20 años), ha sufrido más siniestros (47%) y tiene un uso del coche más diario (73%).

La conducción en condiciones climáticas adversas, de noche o conducir con sueño genera mucha mayor precaución que la ingesta de medicación. Solo un 26% extrema la precaución ante la toma de medicamentos.

El consumo de medicamentos se sitúa en un nivel de riesgo medio, por detrás de los riesgos más interiorizados por los conductores: consumo de sustancias, exceso de velocidad y cansancio o falta de sueño.

A pesar de que un 83% de la población y un 79% de los conductores medicados son conscientes del riesgo de la medicación en la conducción, esto no se traduce en una acción preventiva real. Esta actitud evidencia una sensación de “falso control”

Por Alfredo Calcedo 16 de julio de 2026
La estimulación magnética transcraneal profunda (Deep TMS) podría ofrecer una nueva vía terapéutica para las personas que padecen simultáneamente trastorno de estrés postraumático (TEPT) y depresión mayor. Un amplio estudio retrospectivo realizado en condiciones clínicas reales analizó a 462 pacientes tratados en 11 centros, todos ellos con ambos diagnósticos y que habían recibido al menos 20 sesiones mediante bobinas H1 o H7. Los resultados mostraron una mejoría notable. El 83,5 % de los pacientes presentó una respuesta en los síntomas del TEPT, definida como una reducción mínima del 50 %. En conjunto, las puntuaciones de la escala PCL-5 disminuyeron una media del 52 %. También se observaron beneficios importantes en la depresión: el 66,6 % respondió al tratamiento, el 27,3 % alcanzó la remisión y las puntuaciones del cuestionario PHQ-9 se redujeron aproximadamente un 50 %. Estos datos resultan especialmente relevantes porque la coexistencia de TEPT y depresión suele asociarse con síntomas más graves, mayor riesgo de suicidio, deterioro funcional y peor respuesta terapéutica. Sin embargo, los hallazgos deben interpretarse con cautela. Se trata de resultados preliminares, todavía pendientes de revisión por pares, y la Deep TMS no cuenta actualmente con autorización de la FDA para tratar el TEPT ni la combinación de TEPT y depresión. ( psychiatrictimes.com )
Por Alfredo Calcedo 16 de julio de 2026
Artículo de opinión sobre la relación paradójica entre el cáncer y la enfermedad de Alzheimer. Aunque ambas enfermedades comparten importantes factores de riesgo, principalmente el envejecimiento, los estudios muestran que las personas con cáncer presentan entre un 25 y un 35 % menos de riesgo de desarrollar Alzheimer. A la inversa, quienes padecen Alzheimer tienen la mitad de probabilidades de ser diagnosticados de cáncer. Esta asociación no parece explicarse únicamente por sesgos diagnósticos, menor supervivencia o diferencias en la atención médica. Incluso los estudios neuropatológicos indican que las personas con antecedentes de cáncer suelen presentar menos placas de beta-amiloide y ovillos de proteína tau en el cerebro. La explicación podría encontrarse en procesos biológicos que actúan en direcciones opuestas. El cáncer representa una proliferación celular descontrolada, mientras que el Alzheimer se caracteriza por una muerte neuronal excesiva. En el cáncer, las células evitan los mecanismos que frenan su crecimiento y escapan del sistema inmunitario; en el Alzheimer, aumentan la supresión celular, la inflamación y la activación inmunitaria. Proteínas relacionadas con el Alzheimer, como la beta-amiloide, la tau o la APOE4, también podrían ejercer efectos antitumorales. Comprender estos mecanismos de protección recíproca permitiría descubrir nuevos tratamientos. Unir la investigación oncológica y la neurodegenerativa ofrece así una oportunidad todavía poco explorada para combatir dos de las enfermedades más temidas de nuestro tiempo. ( nature.com )
Por Alfredo Calcedo 15 de julio de 2026
Artículo de opinión que cuestiona la existencia de una verdadera “epidemia de autismo”. Aunque los diagnósticos han aumentado de forma muy notable durante las últimas décadas (aumento de casi cinco veces en la prevalencia del autismo entre 2000 y 2022, de 67 a 322 casos por cada 10.000 niños), el autor sostiene que este crecimiento no demuestra necesariamente que haya más niños con autismo grave. Podría explicarse, sobre todo, por la ampliación de los criterios diagnósticos y por una mayor identificación de casos leves. Los datos analizados muestran que, entre 2000 y 2016, aumentaron especialmente los diagnósticos en niños sin deterioro funcional significativo. En cambio, los casos moderados o graves disminuyeron durante ese mismo periodo. Esto hace improbable que el incremento global responda a una nueva causa ambiental, ya que, en ese caso, cabría esperar un aumento en todos los niveles de gravedad. El texto también critica que algunas investigaciones utilicen cuestionarios respondidos por los padres como sustitutos de una evaluación clínica completa. Rasgos como preferir estar solo, tener dificultades para hacer amigos o ser considerado “raro” pueden relacionarse con el autismo, pero no constituyen por sí mismos un diagnóstico. Según el autor, la aparente epidemia refleja una tendencia cultural e institucional hacia el sobrediagnóstico de dificultades infantiles comunes. Por ello, propone evitar discursos alarmistas, utilizar criterios psiquiátricos más consistentes y concentrar los recursos sanitarios en problemas de salud claramente demostrados. ( humanprogress.org )