Por Alfredo Calcedo
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1 de abril de 2026
El dolor y las afecciones psiquiátricas presentan una alta comorbilidad y están íntimamente relacionadas a nivel biológico, sociológico y psicológico, por tanto, tratar el dolor como un trastorno de diagnóstico dual puede conducir a mejores resultados para el dolor crónico refractario. Esta es la premisa central de este artículo elaborado por el Dr. Alexander B. Niculescu, quien propone un cambio de paradigma en la psiquiatría moderna: entender el dolor como una forma de sobrerreactividad del organismo, similar al trastorno de estrés postraumático (TEPT). El artículo clasifica el dolor en tres categorías: el nociceptivo (por daño tisular visible), el neuropático (lesión en el sistema somatosensorial) y el nociplástico (sin lesión clara, debido a una sensibilización central). Es en este último grupo, y en los pacientes psiquiátricos con alta comorbilidad, donde la falta de pruebas objetivas se convierte en una barrera crítica para el tratamiento. La solución propuesta reside en la psiquiatría de precisión. Mediante la identificación de 56 biomarcadores de expresión génica en sangre, se ha logrado predecir estados de dolor intenso y futuras visitas a urgencias. Curiosamente, existe un solapamiento masivo entre los genes del dolor y los vinculados al estrés, la ansiedad, el estado de ánimo y la psicosis. Destacan dos protagonistas: el gen CD55, un "supresor del dolor" cuya expresión disminuye en crisis agudas, y el gen ANXA1, un "algogén" que aumenta con el dolor y regula procesos inflamatorios. El diagnóstico basado en estos biomarcadores —una suerte de "biopsia líquida"— permite no solo medir el dolor actual, sino establecer perfiles de riesgo personalizados. El informe subraya que estas pruebas son especialmente necesarias en hombres, quienes tienden a reportar sus síntomas con menos precisión o a buscar sustancias controladas con mayor frecuencia. En cuanto al tratamiento, los biomarcadores también pueden utilizarse para relacionar a los pacientes con los medicamentos adecuados y medir la respuesta al tratamiento (farmacogenómica), así como para ensayos clínicos de descubrimiento de nuevos fármacos y el reposicionamiento de medicamentos. Según los análisis farmacogenómicos, el litio, sorprendentemente, fue uno de los biomarcadores más relevantes; en segundo lugar, se situaron los ácidos grasos omega-3. Otros biomarcadores interesantes fueron la ketamina, el magnesio y la vortioxetina. El hecho de que los analgésicos convencionales aparezcan más abajo en la lista sugiere que el tratamiento actual tiene un amplio margen de mejora. En conclusión, el artículo nos invita a ver el dolor crónico como una herida que persiste en el sistema nervioso incluso cuando el trauma inicial ha desaparecido. Al integrar intervenciones biológicas, apoyo psicológico y "prehabilitación" física, la psiquiatría tiene la oportunidad de liderar una respuesta más humana y precisa ante una de las condiciones más incapacitantes de nuestro tiempo.