No hay psicópatas

16 de marzo de 2026

Artículo de opinión que cuestiona la existencia del constructo del psicópata tal como lo conocemos en la actualidad.

El trastorno de personalidad psicopática, o psicopatía, como se le conoce comúnmente, es uno de los diagnósticos de salud mental más antiguos y más investigados.

En la ciencia moderna, los psicópatas suelen describirse en función de síntomas concretos, como la falta de empatía, remordimiento y conciencia, o signos conductuales más explícitos, como la violencia depredadora, la mentira patológica y el deterioro del control de los impulsos.

Sin embargo, esta idea de la psicopatía presenta un problema. Hoy en día, prácticamente todas las afirmaciones sobre la psicopatía han sido refutadas rotundamente o no han encontrado respaldo empírico en entornos experimentales. Es posible que la psicopatía no exista en absoluto. Por ejemplo, cuando las personas diagnosticadas con psicopatía participan en experimentos de empatía, su desempeño es completamente indistinguible del de los controles normales.

Otra afirmación clásica es que los psicópatas carecen de emociones, sin embargo, la evidencia es extremadamente débil y poco convincente.

¿Por qué hay tan poca evidencia que respalde la idea de la psicopatía?

Una posible respuesta es la posibilidad de que la psicopatía sea un ejemplo de lo que los científicos llaman coloquialmente una idea zombi: ideas que tienen la cualidad de ser intuitivamente atractivas, pero que en sí mismas son, en esencia, una concepción errónea y falaz de la realidad.

Finalmente el autor del artículo Rasmus Rosenberg Larsen, profesor adjunto de Epistemología Forense y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Toronto, Canadá, comenta: “Si no está convencido de que la psicopatía sea una idea zombi, esto no descarta la pregunta central: ¿qué explica la enorme cantidad de resultados nulos en cientos de estudios y décadas de interés científico en la psicopatía? Personalmente, he reflexionado mucho sobre esta pregunta. Y no he podido encontrar una respuesta mejor que la que se esboza aquí. La idea está muerta, y ya es hora de que los científicos empiecen a reconocerla como lo que es.”

Por Alfredo Calcedo 29 de julio de 2026
Artículo de opinión sobre el uso de psicofármacos en el autismo, publicado en T he New Journal England of Medicine. El desarrollo de medicamentos para el autismo ha avanzado poco, en parte por la gran heterogeneidad de la condición. Ningún fármaco modifica sus características nucleares. Solo la risperidona y el aripiprazol están aprobados específicamente para personas autistas, y se utilizan para tratar irritabilidad y agitación, no el autismo en sí. Otros medicamentos se prescriben para síntomas asociados, como problemas de atención, sueño o ansiedad, aunque sus efectos pueden ser impredecibles y existe riesgo de reacciones adversas, interacciones y polimedicación. Las intervenciones educativas, conductuales, logopédicas y ocupacionales siguen siendo la base del tratamiento, pero su acceso suele estar limitado por el coste, la falta de profesionales y las largas listas de espera. Esta situación favorece el uso de medicamentos fuera de indicación y de terapias sin evidencia, como dietas restrictivas, suplementos, oxígeno hiperbárico, quelación o productos “desintoxicantes”, algunos potencialmente peligrosos. Ante esta incertidumbre, la toma de decisiones compartida ofrece un marco ético y práctico. El profesional debe explicar con transparencia qué se conoce, qué se desconoce y cuáles son los posibles beneficios y riesgos. A su vez, la persona autista y su familia deben expresar sus objetivos, preferencias y preocupaciones. Este diálogo permite acordar expectativas realistas, respetar la autonomía y valorar alternativas como adaptaciones educativas, intervenciones conductuales o espera vigilante.
Por Alfredo Calcedo 29 de julio de 2026
Esta guía para la prevención, detección y recomendaciones de actuación frente al maltrato económico y abuso financiero a personas mayores ofrece orientaciones prácticas para facilitar la actuación profesional ante posibles situaciones de abuso económico, incluyendo criterios para la detección de señales de alerta, pautas de actuación ante situaciones sospechosas y referencias a los recursos institucionales disponibles. El envejecimiento de la población plantea la necesidad de reforzar la protección de las personas mayores frente al maltrato económico y financiero, una forma de violencia frecuentemente oculta e infradenunciada. Estos abusos suelen producirse en entornos de confianza o dependencia y pueden incluir manipulación de decisiones patrimoniales, apropiación de bienes o aprovechamiento de situaciones de vulnerabilidad. Factores como el deterioro cognitivo, la dependencia funcional, el aislamiento social, la brecha digital o la dificultad para comprender productos financieros complejos aumentan el riesgo. Por ello, profesionales de entidades bancarias, notarías, servicios sociales y ámbitos jurídicos ocupan una posición clave para detectar señales de alerta y prevenir daños patrimoniales. La guía ofrece criterios de detección, pautas de actuación y referencias a recursos institucionales. Su finalidad es proteger la seguridad económica y los derechos de las personas mayores, respetando al mismo tiempo su autonomía y capacidad de decisión. Esta responsabilidad exige una actuación coordinada de instituciones, profesionales y el conjunto de la sociedad.
Por Alfredo Calcedo 29 de julio de 2026
Los estudiantes de medicina suelen enfrentarse a contratiempos académicos, clínicos y personales, pero estas experiencias a menudo se ocultan por temor al juicio y al estigma. Proporcionar un espacio estructurado y psicológicamente seguro para compartir los fracasos puede ayudar a normalizarlos, reducir la vergüenza y fomentar una mentalidad de crecimiento. Este estudio exploró las experiencias de los residentes de psiquiatría en la "Exposición del Fracaso", una sesión reflexiva mensual diseñada para fomentar el diálogo abierto sobre el fracaso y promover el desarrollo personal y profesional. Las conclusiones del estudio es que la Exposición del Fracaso pareció ofrecer un foro de reflexión donde los estudiantes de psiquiatría podían hablar con mayor franqueza sobre sus fracasos y comenzar a reinterpretarlos como oportunidades de aprendizaje. Estos hallazgos cualitativos e interpretativos sugieren que sesiones estructuradas similares, centradas en el fracaso, podrían fomentar la autocompasión, la conexión entre pares y un enfoque orientado al crecimiento, aunque se necesitan estudios longitudinales y de métodos mixtos para determinar si estos efectos se mantienen. Las sesiones mensuales de reflexión, realizadas en espacios privados, informales y seguros, permiten a los residentes compartir dificultades sin temor a ser juzgados. La escucha activa y el apoyo mutuo ayudan a comprender que equivocarse forma parte de la formación médica. Estos encuentros no deben limitarse a expresar quejas, sino orientar el diálogo hacia el análisis de lo ocurrido, la búsqueda de soluciones y la adquisición de herramientas para situaciones futuras. El papel de los especialistas veteranos resulta especialmente valioso. Cuando comparten sus propios tropiezos, normalizan el error y refuerzan la autoestima de los residentes. Promover esta cultura exige facilitadores formados y una comunicación empática, abierta y constructiva. Comentado en Redacción Médica .