¿Quién responde cuando se equivoca la inteligencia artificial? La crisis del sistema clásico de responsabilidad

12 de mayo de 2026

El artículo reflexiona sobre un problema cada vez más frecuente: cuando un sistema de inteligencia artificial causa un daño, ¿quién debe responder? El derecho clásico estaba pensado para un mundo sencillo, donde una persona tomaba decisiones y, si se equivocaba, asumía las consecuencias. Con la llegada de la IA, sobre todo la más autónoma, ese esquema empieza a fallar.

Aunque solemos decir “se ha equivocado la IA”, en realidad la IA no es un sujeto jurídico: no puede ser demandada ni tiene responsabilidad propia. Detrás de cada sistema hay muchos actores —desarrolladores, proveedores, empresas que lo integran y usuarios profesionales— y resulta difícil señalar a uno solo cuando ocurre un perjuicio, especialmente si no hay una culpa clara.

La Unión Europea es consciente del problema e intenta adaptarse a esta nueva realidad mediante normas como el AI Act y futuras directivas sobre responsabilidad. Estas medidas buscan facilitar que las víctimas puedan reclamar daños, obligando a las empresas a documentar cómo funcionan sus sistemas y a demostrar que actuaron con diligencia

Uno de los puntos centrales es que las empresas ya no pueden escudarse diciendo que “la IA se equivocó”. Si una compañía utiliza inteligencia artificial para contratar personal, conceder créditos o tomar decisiones médicas, también asume responsabilidad sobre sus resultados. El artículo concluye que el derecho está cambiando: ya no importa solo quién tuvo la culpa directa, sino quién controlaba el sistema, obtenía beneficios de él y estaba en posición de evitar el daño.

Por Alfredo Calcedo 12 de mayo de 2026
Aunque las explicaciones psicosociales siguen siendo comunes, muchas personas creen que la depresión se debe a un mecanismo biológico. Estas creencias se asocian con un mayor tiempo de uso de antidepresivos, una mayor convicción de la necesidad de medicación y una menor probabilidad de que las personas intenten interrumpir su tratamiento farmacológico. Por lo tanto, informar a las personas de que no se ha demostrado que la depresión sea causada por mecanismos biológicos específicos podría reducir la percepción de la necesidad de medicación y ayudar a quienes ya no la necesitan a suspenderla con éxito. Se requiere más investigación para explorar los efectos de estas intervenciones. Journal of Affective Disorders Comentado en PsyPost
Por Alfredo Calcedo 12 de mayo de 2026
El Observatorio Aragonés de la Soledad (OAS) ha presentado la guía “Mirando la soledad” , con el objetivo de favorecer la detección temprana de situaciones de soledad no deseada y reforzar la red comunitaria de apoyo de las personas mayores que la sufren La guía está concebida como una herramienta orientada a facilitar la creación de una red comunitaria de agentes significativos o “radares” de proximidad, especialmente vinculados al territorio, como personal farmacéutico, bibliotecario, vecindario y otros recursos comunitarios. La guía está dirigida principalmente a entidades sociales interesadas en poner en marcha esta red de radares, ya que dichas entidades constituyen el canal más adecuado para su implementación y para abordar de manera eficaz los objetivos planteados. Comentado en Geriatricarea
Por Alfredo Calcedo 11 de mayo de 2026
Artículo que plantea un debate sobre el papel del psiquiatra en la actualidad: ¿debe limitarse a recetar fármacos o seguir practicando la psicoterapia? Por un lado, el Dr. Eric Plakun defiende que la psicoterapia es una herramienta esencial. Argumenta que, para tratar casos complejos y resistentes, no basta con la biología; se necesita la conexión humana. Poseer estas habilidades permite al psiquiatra generar confianza, mejorar la adherencia al tratamiento y liderar con éxito equipos de salud mental, entendiendo las dinámicas emocionales de sus pacientes. Por otro lado, el Dr. Jeffrey Lieberman plantea una visión más pragmática centrada en la economía y la justicia social. Aunque valora la formación en terapia, cuestiona si la sociedad puede permitirse que los psiquiatras —un recurso escaso— dediquen horas a sesiones individuales de charla cuando hay una demanda masiva de diagnósticos y medicación. En resumen, aunque ambos coinciden en que la formación terapéutica es indispensable, el debate real es cómo equilibrar una psiquiatría humanista e integral frente a las presiones económicas y la necesidad de atender en un sistema de salud desbordado.