Aerosol nasal de esketamina para la depresión grave: dilemas clínicos y preguntas sin respuesta

17 de marzo de 2026

Seis años después de la aprobación de la esketamina intranasal para la depresión resistente, su lugar en la práctica clínica continúa envuelto en incertidumbres y tensiones. Aunque ketamina se utilizaba desde 1970 como anestésico, su rápida reconversión en las dos últimas décadas hacia usos psiquiátricos abrió la puerta al desarrollo de esketamina, el enantiómero S, cuyo mayor potencial buscaba reducir la dosis y atenuar los efectos disociativos característicos del compuesto racémico. Sin embargo, estos efectos adversos no desaparecieron, y junto con el riesgo de abuso, dieron lugar a un estricto programa de supervisión para su uso que condiciona profundamente su implementación clínica.

El panorama de salud mental en EEUU ha cambiado drásticamente tras la pandemia de COVID‑19, impulsando la telemedicina y facilitando la proliferación de plataformas que distribuyen ketamina compuesta para uso domiciliario, una práctica que ha suscitado advertencias regulatorias y un crecimiento preocupante del uso no supervisado. Paralelamente, el uso de esketamina administrada según criterios aprobados ha aumentado de forma sustancial, reflejado en un número creciente de clínicas y en ventas proyectadas superiores a los mil millones de dólares.

En este contexto, la revisión sistemática de Fountoulakis y cols., ofrece una mirada cautelosa sobre la evidencia publicada hasta 2024. El análisis pone de relieve limitaciones fundamentales: tamaños del efecto modestos más allá de la primera semana, ausencia de datos sólidos sobre eficacia a largo plazo y escasa evidencia de beneficio sobre la ideación suicida. La interpretación de los ensayos de fase 3 se complica por la obligación de modificar el antidepresivo oral concomitante, posiblemente inflando la respuesta placebo. Sorprendentemente, solo uno de los cinco estudios mostró un efecto rápido y sostenido, contradiciendo en parte la reputación de la esketamina como antidepresivo de acción inmediata.

La aprobación regulatoria inicial se apoyó en un único ensayo de retirada aleatorizada, cuyos resultados suscitaron dudas debido a la influencia potencial de un centro atípico. Desde entonces, los estudios comparativos han mostrado ventajas modestas frente a alternativas farmacológicas como quetiapina, aunque persiste la necesidad de comparaciones robustas con ketamina intravenosa y con otras terapias somáticas.

Respecto a la segunda indicación aprobada por la FDA, un hallazgo importante de esta revisión fue que, si bien se observaron efectos rápidos de la esketamina entre 2 y 4 horas después de su administración, ninguno de los siete ensayos que informaron sobre ideación suicida alrededor de la cuarta semana arrojó resultados positivos.

Por lo tanto, aún no existe evidencia de que el aerosol nasal de esketamina (o la ketamina) reduzca realmente el riesgo de intentos de suicidio o suicidio consumado.

Las investigaciones emergentes sugieren que los mecanismos de plasticidad y metaplasticidad neuronal podrían explicar los posibles mecanismos comunes que subyacen a la actividad antidepresiva sostenida de fármacos como la ketamina/esketamina y los psicodélicos, que no se explican mediante los principios farmacológicos convencionales basados en la ocupación de receptores. Las acciones de la esketamina y la ketamina pueden ser "abrir las compuertas" para permitir que otros procesos funcionen con mayor integridad.

Dadas las muchas incertidumbres de estos tratamientos, una perspectiva de "menos es más" puede ser clínicamente prudente. 

Por Alfredo Calcedo 17 de marzo de 2026
En la psicología moderna se ha consolidado la idea de que el trastorno límite de la personalidad (TLP), especialmente en mujeres, es consecuencia casi directa de haber sufrido maltrato en la infancia. Así, los estallidos afectivos, el miedo al abandono o la identidad inestable se interpretan como secuelas de una herida psíquica temprana, de un trauma. Sin embargo, esta suposición culturalmente arraigada no está plenamente avalada por la evidencia empírica disponible. Problema 1: El autoinforme retrospectivo infla las tasas de trauma Las cifras elevadas que con frecuencia se citan —tasas del 70 al 90 % de adversidad infantil— proceden de estudios basados casi exclusivamente en autoinformes retrospectivos. La memoria reconstruye más que reproduce, y en un contexto terapéutico donde el trauma funciona como marco explicativo dominante, muchos pacientes reinterpretan episodios ambiguos como experiencias abusivas. Además, la alta reactividad emocional propia del TLP tiende a teñir retrospectivamente los recuerdos. Cuando los estudios utilizan definiciones más estrictas de trauma o verificaciones externas, las prevalencias disminuyen notablemente. Problema 2: Los estudios prospectivos no muestran que el trauma produzca específicamente TLP Los estudios longitudinales que siguen a niños con maltrato documentado muestran mayor riesgo de psicopatología general, pero no un vínculo específico y consistente con el TLP. El maltrato predice múltiples trayectorias —depresión, ansiedad, TEPT, consumo de sustancias, problemas de conducta— y solo un subgrupo minoritario desarrolla un cuadro límite completo. De existir causalidad directa, cabría esperar tasas de conversión elevadas y reproducibles, algo que la literatura no confirma. Problema 3: La muestra de investigación cambia drásticamente el tamaño del efecto Las asociaciones más fuertes entre TLP y trauma aparecen en muestras clínicas altamente seleccionadas; sin embargo, en estudios comunitarios representativos, el efecto se reduce a menos de una quinta parte. Las tasas de abuso sexual reportado en muestras comunitarias se situaron entre el 20-30 %, no del 80-90 %. Según los datos disponibles, es evidente que el trauma y el abuso percibidos están claramente asociados con el trastorno límite de la personalidad (TLP), pero no es algo universal ni necesario. Problema 4: Los estudios con información genética no respaldan la causalidad directa Los diseños de gemelos discordantes (uno había sufrido abuso infantil y el otro no) indican que, una vez controlados los factores genéticos y familiares compartidos; la evidencia de que el abuso infantil causara directamente rasgos límite es muy débil. Los datos sugieren una correlación gen-ambiente: las mismas vulnerabilidades temperamentales predisponen tanto a entornos problemáticos como a rasgos límite. Problema 5: El trauma produce con mayor frecuencia TEPT, no TLP Poblaciones expuestas a traumas severos desarrollan principalmente TEPT. Ni la mayoría de supervivientes desarrollan TLP, ni la mayoría de personas con TLP tienen traumas documentados graves. Problema 6: El problema de la cronología Los rasgos límite suelen aparecer antes que muchos de los traumas reportados, lo que sugiere que estos pueden ser consecuencia, no causa, de la vulnerabilidad límite. Problema 7: La paradoja de la sociedad más segura A pesar del descenso histórico del maltrato infantil documentado, la prevalencia del TLP no se ha reducido. En contextos seguros, los “traumas” reportados tienden a ser experiencias emocionales subjetivas, no abusos graves. En conjunto, el trauma puede influir, pero no es una condición necesaria ni suficiente. La asociación automática entre TLP y abuso es, más que una verdad científica, un reflejo cultural contemporáneo.
Por Alfredo Calcedo 17 de marzo de 2026
La Policía Nacional realizó 138 detenciones relacionadas con agresiones a sanitarios en 2025, un año en el que subieron las denuncias un 26% y se llevaron a cabo 11.000 intervenciones policiales, concretamente más de 3.500 en centros sanitarios y 8.000 en asistencias domiciliarias. Las provincias con mayor incidencia fueron Sevilla, Málaga y Cádiz, mientras que los lunes y martes, entre las 11 y las 12 horas, fueron los días con mayor número de casos. Por otro lado, los médicos son la profesión sanitaria que más denuncias interpuso, como viene siendo habitual, seguidos de los enfermeros.
Por Alfredo Calcedo 16 de marzo de 2026
Los frecuentes efectos psicosociales perjudiciales del acné han sido bien estudiados en investigaciones previas, incluyendo actitudes estigmatizadoras hacia individuos con acné y los mayores riesgos de trastornos psiquiátricos como ansiedad y depresión. En este estudio publicado recientemente en el Journal of the European Academy of Dermatology and Venerology , los autores destacan otra comorbilidad psiquiátrica del acné, probablemente poco reconocida: los trastornos alimentarios. Este estudio retrospectivo incluyó a más de 7000 personas con acné y más de 200.000 personas sin acné. Los resultados indican que las personas con acné tienen 2 veces más probabilidades de tener un trastorno alimentario en comparación con los controles. Este nuevo estudio vincula el acné con un mayor riesgo de sufrir trastornos alimentarios, e insta a los dermatólogos y psiquiatras a detectar señales de advertencia y coordinar la atención. Comentado en Psychiatric Times.