Borderline: El eufemismo para la depredadora femenina

6 de marzo de 2026

Artículo de opinión que propone una reinterpretación crítica del concepto del trastorno límite de la personalidad (TLP), especialmente en su expresión femenina. Comienza contrastando el imaginario habitual del “depredador antisocial”—un individuo manipulador, impulsivo, explotador y agresivo, típicamente pensado como hombre—con un conjunto de comportamientos análogos cuando aparecen en mujeres. Al adaptar los mismos criterios diagnósticos a manifestaciones más comunes en mujeres (impulsividad como promiscuidad de alto riesgo, “violencia” como destrucción reputacional, «engaño» para incluir la actuación de la mujer seductora, y «desprecio temerario por la seguridad» como la amenaza de autolesionarse), entonces esta imagen se corresponde perfectamente con la de una mujer con trastorno límite de la personalidad.

La tesis central sostiene que el modelo clínico dominante presenta a la mujer con TLP como una “víctima-paciente”, definida por su fragilidad afectiva, sus heridas de apego y su sufrimiento subjetivo. Sin embargo, esta perspectiva, aun siendo parcialmente válida, oscurece la dimensión estratégica, instrumental y potencialmente depredadora del comportamiento borderline. El texto plantea que algunos estallidos emocionales no serían meros síntomas desregulatorios, sino técnicas de control interpersonal: tácticas destinadas a dirigir, desestabilizar o dominar el entorno social, aprovechando la disposición cultural a proteger la vulnerabilidad femenina.

Para ilustrarlo, se analiza un caso grabado en una cámara policial, donde las reacciones de la mujer —desde la exigencia parasitaria hasta la regresión infantil— aparecen encadenadas como escaladas tácticas cuando fallan estrategias previas de manipulación, seducción o intimidación. Bajo esta lectura, la emocionalidad extrema se convierte en un “arma afectiva”: una forma de supremacía emocional capaz de establecer las reglas de la interacción y paralizar la agencia ajena. El texto afirma que, en una sociedad que privilegia el relato traumático y la sensibilidad subjetiva, este tipo de expresiones obtendría ventajas adaptativas comparables a la agresión física masculina.

Asimismo, se plantea que otros rasgos típicos del TLP —como la inestabilidad identitaria o las autolesiones visibles— funcionarían como señales sociales: herramientas de adquisición de recursos, disuasión o camuflaje. La oscilación entre idealización y ataque generaría un un estado de confusión (“niebla de guerra”) relacional que mantiene al otro atrapado entre esperanza y miedo. El resultado sería un patrón parasitario en el que el entorno se convierte en objeto de regulación emocional.

El texto concluye cuestionando la distinción clínica entre TLP y trastorno antisocial. Frente al depredador masculino, cuya peligrosidad se acepta sin matices, la figura femenina permanece medicalizada, lo que impediría ver su potencial destructivo en el ámbito emocional, reputacional y relacional.

La diferencia radica únicamente en el terreno del daño: donde el hombre antisocial amenaza la seguridad física, la mujer antisocial en sus relaciones amenaza la reputación, la situación legal, los vínculos parentales y la estabilidad psicológica.

Por Alfredo Calcedo 20 de abril de 2026
Este estudio se propone examinar la prevalencia de trastornos psiquiátricos graves en adolescentes y jóvenes que acudieron a servicios especializados de identidad de género en Finlandia entre 1996 y 2019, prestando especial atención a diferencias por sexo y a la evolución tras posibles tratamientos médicos. ( Acta Paediatrica ) Los autores utilizaron un diseño de cohorte basado en registros nacionales. Incluyeron a 2.083 personas menores de 23 años remitidas a estos servicios y las compararon con 16.643 controles emparejados de la población general. Analizaron diagnósticos psiquiátricos antes y después del contacto con los servicios, mediante métodos estadísticos longitudinales. Resultados: Los jóvenes remitidos presentaban una carga psiquiátrica mucho mayor que los controles, tanto antes como después del contacto. Antes de la derivación, cerca de la mitad ya había requerido atención psiquiátrica, frente a una minoría en el grupo control. Con el tiempo, esta proporción aumentó aún más. Además, quienes acudieron en años más recientes mostraron mayor afectación. Entre quienes recibieron tratamientos médicos de reasignación, la morbilidad psiquiátrica también aumentó durante el seguimiento. Conclusion: El estudio concluye que la morbilidad psiquiátrica grave es frecuente y persistente en esta población. No disminuye tras el contacto con los servicios ni necesariamente tras intervenciones médicas, lo que sugiere la necesidad de una evaluación y atención psiquiátrica cuidadosa y continuada.
Por Alfredo Calcedo 20 de abril de 2026
En los últimos años, Europa observa con inquietud la aparición de una nueva droga: los nitazenos , unos opioides sintéticos extremadamente potentes que comienzan a circular en el mercado ilegal. Aunque fueron desarrollados hace décadas como posibles analgésicos, nunca llegaron a usarse en medicina debido a su peligrosidad. Hoy resurgen en contextos clandestinos, donde su potencia los convierte en una sustancia especialmente arriesgada. Lo que más preocupa a expertos y autoridades es que estos compuestos pueden ser mucho más fuertes que la heroína e incluso superar ampliamente al fentanilo, lo que incrementa el riesgo de sobredosis con cantidades mínimas. ( Antena3 ) Además, suelen mezclarse con otras drogas sin que los consumidores lo sepan, aumentando aún más su letalidad. ( LaSexta ) Su presencia ya se ha detectado en varios países europeos, donde se han registrado muertes asociadas a su consumo. En España, aunque los casos todavía son escasos, las autoridades sanitarias están en alerta ante su posible expansión. ( RTVE ) Otro problema añadido es su difícil detección en análisis convencionales, lo que complica tanto la prevención como el tratamiento. En este escenario, especialistas advierten que Europa podría enfrentarse a una crisis similar a la vivida en otros lugares si no se actúa con rapidez.
Por Alfredo Calcedo 20 de abril de 2026
La jefa de Salud Mental del hospital Reina Sofía de Córdoba se enfrenta a una petición de ocho años de cárcel , acusada de una presunta omisión en el tratamiento de un paciente con un historial psiquiátrico severo. El proceso no tiene precedentes, según las asociaciones científicas nacionales, marcando un precedente en la justicia española. La tragedia se remonta a 2015, cuando el paciente, en defensa propia, acabó con la vida de otro hombre. Tras este suceso, el enfermo pasó tres años en prisión preventiva, una experiencia que, según su padre, agravó drásticamente su estado mental debido a presuntos abusos sufridos en la cárcel. Finalmente, el paciente falleció en circunstancias que la Fiscalía vincula a la falta de una atención médica adecuada y continuada. Durante el juicio, la psiquiatra ha defendido firmemente su actuación profesional. Ante las preguntas sobre la muerte del enfermo, la doctora ha declarado con rotundidad: “No tenía intenciones suicidas”, descartando que el fallecimiento fuera un acto voluntario del paciente. Según su versión, no existían señales de alerta que hicieran prever ese desenlace en aquel momento. Por el contrario, la familia del fallecido mantiene un relato desgarrador. Su padre asegura haber avisado "infinidad de veces" sobre la peligrosidad de la situación, denunciando que el sistema fallaba constantemente al darle el alta tras breves estancias en urgencias, a pesar de que el joven no seguía los tratamientos y ya había intentado quitarse la vida anteriormente. El juicio busca ahora determinar si hubo una negligencia médica con consecuencias fatales.