¿Cómo podemos hacer que los chatbots superinteligentes sean más inteligentes emocionalmente?

4 de marzo de 2026

El artículo plantea una paradoja en el desarrollo de chatbots actuales: pese a obtener puntuaciones extraordinariamente altas en pruebas estandarizadas de inteligencia emocional (IE), estos sistemas muestran con frecuencia una profunda torpeza emocional en interacciones reales, especialmente con usuarios vulnerables. Pasan por alto o malinterpretan señales emocionales, validan estados emocionales peligrosos y responden de maneras que ningún profesional clínico bien capacitado lo haría.Esta discrepancia surge porque las pruebas de IE miden conocimientos abstractos sobre las emociones, pero no la conducta emocional sostenida en contextos complejos, como aquellos que caracterizan la práctica psicoterapéutica.

En la relación clínica, la inteligencia emocional no se limita al reconocimiento preciso de estados afectivos, sino que exige discernir cuándo la validación resulta terapéutica y cuándo puede convertirse en un refuerzo inadvertido de creencias distorsionadas o impulsos peligrosos. Los chatbots tienden a una validación indiscriminada —una suerte de “adulación digital”— que confirma no solo emociones, sino también interpretaciones patológicas, alimentando estados suicidas, distorsiones paranoides, pensamientos propios de trastornos alimentarios o dependencias excesivas. A diferencia del terapeuta experto, que valida la emoción mientras cuestiona con delicadeza sus significados, los sistemas conversacionales replican patrones de empatía superficial carentes de juicio clínico.

Ante este riesgo, el texto propone la creación de pruebas de esfuerzo en inteligencia emocional, análogas en espíritu del Test de Turing, pero centradas en la capacidad de manejar escenarios clínicamente realistas. Mediante evaluadores humanos —preferiblemente psicoterapeutas experimentados— se compararía el desempeño de chatbots y clínicos en tareas que exigen comprensión emocional, mantenimiento de límites, verificación de la realidad y, especialmente, la habilidad de no validar aquello que puede dañar. Bajo estos criterios, los sistemas actuales fracasarían de forma contundente, en gran parte por la ausencia de participación significativa de profesionales de salud mental en su entrenamiento.

El texto concluye que resulta urgente rediseñar y reentrenar los chatbots para que integren empatía con juicio, establezcan límites y deriven a atención humana cuando sea necesario. Esta evaluación de seguridad emocional debió haberse implementado antes de su despliegue, pero sigue siendo indispensable para que la inteligencia emocional de los chatbots se manifieste en la práctica, y no solo en los exámenes.

Por Alfredo Calcedo 2 de junio de 2026
El Tribunal Supremo tenía que determinar si los padres de una persona adulta, con plena capacidad para decidir, pueden recurrir judicialmente la autorización de una eutanasia concedida a su hijo. El caso surge a raíz de la petición de un hombre que, tras sufrir varios ictus e infartos, vive con graves secuelas y un intenso sufrimiento físico y emocional. Aunque su solicitud había superado los controles médicos y legales previstos por la ley, su padre acudió a los tribunales para intentar impedirla. ( Confilegal ) El debate no se centraba tanto en si la eutanasia debía realizarse, sino en quién tiene derecho a intervenir en estos procedimientos. La cuestión enfrentaba dos principios: por un lado, la autonomía de la persona que solicita poner fin a su vida conforme a la Ley de Eutanasia; por otro, la posibilidad de que familiares cercanos puedan cuestionar judicialmente esa decisión. La controversia ha generado una gran repercusión social y jurídica porque la resolución del Supremo puede marcar el futuro de muchos casos similares. Finalmente, el tribunal ha reconocido que las personas con una vinculación especialmente estrecha con el solicitante, como padres o familiares directos, pueden presentar recursos ante la justicia. Esta decisión abre un nuevo escenario en el que los procedimientos de eutanasia podrían verse sometidos a una mayor judicialización y a posibles retrasos, incluso cuando la persona solicitante cumple los requisitos legales establecidos. ( poderjudicial.es )
Por Alfredo Calcedo 2 de junio de 2026
El estudio analiza si determinadas dificultades relacionadas con la sexualidad pueden estar asociadas a experiencias psicóticas subclínicas en personas sin diagnóstico psiquiátrico. Los autores parten de la idea de que las experiencias psicóticas leves, conocidas como psychotic-like experiences (PLEs), no son exclusivas de los trastornos psicóticos, sino que pueden aparecer en parte de la población general y, en algunos casos, anticipar futuros problemas de salud mental. ( ScienceDirect ) A partir de una muestra no clínica de adultos jóvenes, los investigadores observaron que quienes presentaban más experiencias de tipo psicótico tendían también a mostrar mayores niveles de conductas sexuales problemáticas, como hipersexualidad o consumo problemático de pornografía. Asimismo, encontraron una relación entre estas experiencias y algunas dificultades en el funcionamiento sexual. Los resultados sugieren que la sexualidad y la salud mental podrían estar más conectadas de lo que tradicionalmente se ha pensado. En lugar de considerar los problemas sexuales únicamente como consecuencias de trastornos psiquiátricos ya establecidos o de sus tratamientos, el trabajo plantea que ciertas alteraciones sexuales podrían aparecer en fases tempranas de vulnerabilidad psicológica. ( PsyPost - Psychology News ) No obstante, los autores advierten que se trata de un estudio transversal, por lo que no permite establecer relaciones de causa y efecto. Aun así, defienden que la evaluación de conductas sexuales problemáticas podría aportar información útil para detectar de forma precoz a personas con mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales en el futuro.
Por Alfredo Calcedo 2 de junio de 2026
El estudio explora por qué los fármacos agonistas del receptor GLP-1, como semaglutida o tirzepatida, producen resultados muy distintos entre unas personas y otras. Mientras algunos pacientes logran pérdidas de peso muy importantes, otros apenas responden al tratamiento o sufren efectos adversos que dificultan su continuidad. ( Nature ) Para intentar explicar esta variabilidad, los investigadores analizaron datos genéticos y clínicos de 27.885 personas tratadas con estos medicamentos. El trabajo identificó una variante en el gen GLP1R , que codifica el receptor sobre el que actúan estos fármacos. Los portadores de esta variante tendían a perder más peso que quienes no la tenían, aunque el efecto observado fue relativamente modesto. También se encontraron variantes relacionadas con una mayor probabilidad de presentar náuseas y vómitos, especialmente en usuarios de tirzepatida, implicando además al gen GIPR . Los autores destacan que la genética ayuda a comprender parte de la respuesta individual al tratamiento, pero no explica por sí sola las diferencias observadas. Otros factores no genéticos (edad, sexo, presencia de diabetes, dosis utilizada o duración del tratamiento) también influyen en la eficacia de los fármacos: las mujeres perdieron más peso que los hombres (12,2 % frente a 10,0 %), y las personas con diabetes tipo 2 perdieron, en promedio, 2,87 puntos porcentuales menos de IMC que quienes no la padecen. Cada 10 años adicionales de edad redujeron la eficacia de la pérdida de peso en aproximadamente un 0,5 %. La tirzepatida también fue más eficaz que la semaglutida en general, con una pérdida media de IMC de 4,75 frente a 3,71 unidades. ( LinkedIn ) En conjunto, el estudio abre la puerta a una futura medicina más personalizada en obesidad, donde la información genética podría contribuir a predecir qué pacientes obtendrán mayor beneficio o presentarán más efectos secundarios, aunque todavía no existe evidencia suficiente para utilizar estos datos de forma rutinaria en la práctica clínica. Comentado en 20minutos .