Relación entre el consumo materno de sustancias y el incremento de la mortalidad infantil

4 de marzo de 2026

En años recientes, se ha observado un preocupante retroceso en los indicadores de salud pública infantil, marcado por un aumento significativo en las tasas de mortalidad. El artículo expone que los fallecimientos de lactantes relacionados con las drogas se duplicaron a nivel nacional (USA) entre 2018 y 2022. Las tasas de mortalidad infanto-juvenil también ha aumentado un 18,3 % entre 2019 y 2021, el mayor incremento en al menos medio siglo.

Los datos nacionales (USA) muestran que el número de bebés que nacen con sífilis congénita —una de las principales causas de aborto espontáneo y parto prematuro, y fuertemente asociada al consumo materno de drogas— es diez veces mayor que hace una década.

Este fenómeno se encuentra intrínsecamente ligado al incremento del consumo materno de sustancias durante la gestación y el entorno posnatal.

El riesgo biológico comienza en el útero. El consumo de opioides y otras sustancias se asocia con un aumento cuádruple en la muerte neonatal y una mayor incidencia de nacimientos prematuros, bajo peso y anomalías congénitas. No obstante, el peligro no concluye con el parto; el artículo subraya que los lactantes expuestos prenatalmente presentan un riesgo siete veces mayor de morir por el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SIDS).

Más allá de la patología clínica, el entorno social resulta determinante. Más de un tercio de las muertes infantiles analizadas identifican el abuso de sustancias como un factor crítico. Muchos neonatos con toxicidad positiva son devueltos a hogares donde los progenitores enfrentan adicciones severas, a menudo sin un seguimiento obligatorio por parte de las autoridades. Esta desatención deriva en fatalidades por negligencia, ingestión accidental de narcóticos, accidentes bajo los efectos de sustancias o prácticas de sueño inseguro (donde un progenitor intoxicado puede asfixiar accidentalmente al lactante). En suma, la crisis de mortalidad infantil actual no es solo un reto médico, sino una consecuencia directa de la erosión del entorno protector familiar debido a las adicciones.

Dado el creciente movimiento a favor de la legalización de las drogas y una cultura que parece cada vez más tolerante con su consumo, es importante reconocer a las víctimas más pequeñas de nuestra crisis de adicciones. El aumento de las tasas de mortalidad infantil en cualquier país debería ser motivo de preocupación, pero no podemos afrontar el problema a menos que estemos dispuestos a identificarlo.

Por Alfredo Calcedo 17 de julio de 2026
La decisión del Gobierno de retirar a Antonio Vallejo-Nájera la Gran Cruz de la Sanidad ha reabierto el debate sobre una de las etapas más oscuras de la psiquiatría española. Médico militar, catedrático y figura influyente del franquismo, Vallejo-Nájera puso su prestigio científico al servicio de una ideología que presentaba al adversario político como un ser biológica y moralmente inferior. En sus obras defendió una eugenesia basada en la “Hispanidad” y consideró que las ideas democráticas y marxistas contaminaban la supuesta pureza de la raza. Durante la Guerra Civil dirigió investigaciones con prisioneros republicanos para buscar las llamadas “raíces biopsíquicas del marxismo” y demostrar que sus seguidores eran enfermos mentales. Estos estudios, realizados en cárceles y campos de concentración, pretendían ofrecer una justificación científica a la represión. Su pensamiento tuvo además un marcado componente misógino. Atribuyó la participación política de las mujeres republicanas a desequilibrios mentales, debilidad psicológica y desviaciones sexuales, llegando a calificarlas como “revolucionarias natas”. Sus teorías también contribuyeron a legitimar la separación de los hijos de las presas republicanas. Así, la psiquiatría fue utilizada para transformar al vencido como enfermo, justificar su exclusión y presentar la represión franquista como una supuesta regeneración nacional. ( redaccionmedica.com )
Por Alfredo Calcedo 17 de julio de 2026
El uso de la contención mecánica en los hospitales psiquiátricos podría aumentar a corto plazo el riesgo de tromboembolismo venoso, que incluye la trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar. Para estudiar esta relación, los investigadores analizaron los registros de todos los hospitales psiquiátricos de Dinamarca entre 2000 y 2022. El estudio incluyó a 24.423 pacientes adultos sometidos a contención mecánica o química. Durante los 30 días posteriores, se produjeron 3,5 casos de tromboembolismo por cada 1.000 pacientes sometidos a contención mecánica, frente a 1,7 casos por cada 1.000 entre quienes recibieron contención química. Esto supone aproximadamente el doble de riesgo, aunque la diferencia absoluta fue pequeña: se estimó un episodio adicional por cada 548 pacientes inmovilizados mecánicamente. Un segundo análisis comparó distintos periodos de riesgo dentro de los mismos pacientes. En los 14 días posteriores a la contención mecánica, la tasa de tromboembolismo fue unas cuatro veces y media superior a la observada durante los periodos de referencia. Conclusiones: La sujeción mecánica se asoció con un mayor riesgo de tromboembolismo venoso (TEV). Si bien el riesgo absoluto fue bajo, estos hallazgos resaltan la importancia de las estrategias preventivas para reducir el riesgo de TEV en pacientes expuestos a sujeción mecánica. ( BMJ) Editorial relacionada : El riesgo de tromboembolismo venoso tras la contención química parece similar al de otros pacientes hospitalizados, mientras que la contención mecánica podría elevarlo aún más. Aunque esta última se reserva como medida de seguridad excepcional, faltan pruebas sólidas de que produzca beneficios clínicos. Por ello, resulta prioritario reducir su uso y evaluar alternativas, vigilando que no desplacen el riesgo hacia la contención química. También se necesitan mejores métodos de prevención y tromboprofilaxis adaptados a los pacientes psiquiátricos.
Por Alfredo Calcedo 17 de julio de 2026
La hija de una mujer de 72 años ha presentado una reclamación contra el Hospital de Fuenlabrada después de que, según denuncia, una psiquiatra planteara a su madre la posibilidad de solicitar la eutanasia. La paciente, con una discapacidad reconocida del 92%, había ingresado tras varios intentos de suicidio y atravesaba una situación de intenso sufrimiento psíquico. La familia considera que mencionar la eutanasia en ese contexto fue inadecuado. La hija sostiene que su madre acudió al hospital para recuperar las ganas de vivir, no para conocer una vía legal para morir. Tras pedir explicaciones, la psiquiatra habría defendido que se trataba de una alternativa reconocida como derecho, postura que también habría respaldado el responsable del servicio. La reclamación solicita investigar tanto esta actuación como la atención psiquiátrica recibida durante años. El hospital, por su parte, niega que se ofreciera la eutanasia en los términos descritos y afirma que únicamente fue mencionada dentro de una intervención terapéutica destinada a reducir riesgos y garantizar la seguridad de la paciente. ( El Mundo )