Cuando la población sufre estrés, se aferra a soluciones radicales

6 de febrero de 2026

Entrevista a Leor Zmigrod, experta en neuropolítica, disciplina que analiza la relación entre los procesos cerebrales y la adhesión a ideologías políticas. A lo largo de la entrevista, publicada en El Periódico, Zmigrod plantea una tesis central: el estrés psicológico y social constituye un factor decisivo en la tendencia de las poblaciones a abrazar sistemas ideológicos rígidos, especialmente en contextos de incertidumbre prolongada.

Desde esta perspectiva, la autora desplaza el foco del contenido de las ideologías hacia las condiciones cognitivas y emocionales que favorecen su adopción. Según explica, las ideologías ofrecen estructuras cerradas y respuestas simples que resultan particularmente atractivas para cerebros sometidos a presión, miedo o sensación de pérdida de control. En situaciones de estrés, la flexibilidad cognitiva disminuye, y con ella la capacidad de tolerar la ambigüedad, lo que facilita el recurso a explicaciones absolutas y dicotómicas de la realidad.

El texto subraya que este fenómeno no es exclusivo de una orientación política concreta, sino que atraviesa todo el espectro ideológico. Zmigrod insiste en que la radicalización no debe entenderse como una anomalía moral o intelectual, sino como una respuesta humana predecible ante determinados estados neuropsicológicos. En este sentido, la neuropolítica permite comprender por qué sociedades enteras pueden desplazarse hacia posiciones más dogmáticas en periodos de crisis económica, sanitaria o identitaria.

Asimismo, la investigadora advierte de que las ideologías no solo se alojan en el cerebro, sino que pueden modificar sus patrones de funcionamiento, reforzando la rigidez mental y dificultando el pensamiento crítico. Frente a ello, defiende la necesidad de promover entornos sociales, educativos y culturales que fomenten la creatividad, la curiosidad y la flexibilidad cognitiva como antídotos frente al fanatismo.

En su libro “El cerebro ideológico”, Zmigrod presenta una reflexión sobre los vínculos entre estrés colectivo, funcionamiento cerebral y polarización política, ofreciendo claves neurocientíficas para interpretar uno de los rasgos más inquietantes de las democracias contemporáneas.

Por Alfredo Calcedo 23 de marzo de 2026
La depresión es muy frecuente entre las personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y se reconoce cada vez más como un posible factor que contribuye a resultados cognitivos adversos. Si bien tanto la depresión como la diabetes aumentan de forma independiente el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, su impacto combinado en la salud cognitiva sigue siendo un área de creciente interés clínico. Esta revisión sistemática tuvo como objetivo evaluar la asociación entre la depresión y los resultados cognitivos en personas con DM2. Se realizó una búsqueda sistemática de la literatura en PubMed para identificar estudios relevantes publicados entre el 1 de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2025. La búsqueda final se realizó el 15 de febrero de 2026. Se incluyeron los estudios en los que se evaluó la depresión al inicio del estudio y los resultados cognitivos se evaluaron longitudinalmente mediante el diagnóstico de demencia incidente o pruebas cognitivas repetidas, lo que permitió evaluar las trayectorias del declive cognitivo. Seis estudios cumplieron con los criterios de elegibilidad predefinidos y se incluyeron en la síntesis cualitativa. En todos los estudios incluidos, la depresión se asoció consistentemente con resultados cognitivos adversos en personas con diabetes tipo 2. Los estudios de cohortes longitudinales demostraron un mayor riesgo de demencia incidente, con razones de riesgo que oscilaron aproximadamente entre 2,17 y 2,59. Otros estudios informaron un deterioro cognitivo acelerado o un mayor riesgo de deterioro cognitivo leve entre personas con depresión y diabetes coexistentes. En resumen, la depresión parece ser un factor de riesgo importante y potencialmente modificable para el deterioro cognitivo y la demencia en personas con diabetes tipo 2. La identificación temprana y el manejo eficaz de los síntomas depresivos en pacientes con diabetes pueden ayudar a reducir el riesgo de resultados cognitivos adversos y a preservar la salud cognitiva en esta población de alto riesgo.
Por Alfredo Calcedo 23 de marzo de 2026
Una revisión Cochrane describe cómo algo tan sencillo como unas gotas de azúcar (sacarosa) puede aliviar la sensación de dolor en recién nacidos por las punciones hospitalarias . Durante sus primeros días de vida, especialmente en las unidades de cuidados intensivos neonatales, muchos bebés —prematuros y a término— afrontan repetidos procedimientos dolorosos mientras sus sistemas de regulación del dolor aún son inmaduros. Prevenir o tratar el dolor procedimental en neonatos hospitalizados es importante ya que la exposición a dolor agudo repetido y no tratado en las primeras etapas de la vida puede conducir a cambios a corto y largo plazo en la estructura y conectividad del sistema somatosensorial, como se ha demostrado en estudios de neuroimagen. Desde hace décadas se utiliza una solución dulce de azúcar que se coloca en la boca del recién nacido poco antes de los procedimientos con aguja. Sin embargo, faltaban evidencias sólidas sobre su eficacia en procedimientos específicos como la venopunción. La revisión, que analizó 29 ensayos con más de 2.700 bebés, confirma que la sacarosa reduce el dolor durante e inmediatamente después del pinchazo, y que su efecto es aún mayor si se combina con succión no nutritiva. Los estudios no reportaron efectos adversos a corto plazo, aunque se necesitan más investigaciones para conocer los posibles efectos del uso repetido. Pese a que su aplicación está extendida, los autores observan una notable variabilidad en los estudios respecto a dosis y tiempos. Por ello, reclaman protocolos claros y un uso deliberado y documentado, para garantizar seguridad y coherencia clínica. Comentado en TheObjective
Por Alfredo Calcedo 23 de marzo de 2026
Este estudio examina cómo la ausencia de tutores fijos durante las rotaciones impactó en la salud mental de los MIR y EIR , especialmente en el contexto disruptivo de la pandemia de Covid‑19. La investigación revela que el ecosistema formativo de los residentes se vio “alterado profundamente”, dando lugar a un marcado déficit formativo : la atención centrada casi exclusivamente en el coronavirus sepultó el aprendizaje sobre patologías crónicas y frecuentes, generando lo que los autores denominan conocimiento enterrado. A ello se sumó la deslocalización y el cambio constante de roles. Muchos residentes fueron enviados a urgencias, hospitales de campaña o centros rurales, asumiendo tareas de triaje consideradas de escaso valor educativo. Paralelamente, el paso abrupto a la formación online acentuó el aislamiento , amplificando sentimientos de soledad, abandono e inseguridad en la toma de decisiones. La figura del tutor emergió como un elemento protector, pero su ausencia estable en las rotaciones se convirtió en una de las fuentes principales de estrés. La saturación burocrática y la dependencia de protocolos sustituyeron el acompañamiento formativo, generando despersonalización en el aprendizaje. El estudio concluye que esta experiencia dejó huellas emocionales significativas y ofrece una advertencia: comprender estos efectos es clave para diseñar estrategias que protejan la formación y el bienestar de futuros residentes ante crisis similares. Comentado en Redacción Médica