El nervio vago y el eje cerebro-intestino: implicaciones en los trastornos neuropsiquiátricos

30 de octubre de 2024

Este artículo explora la conexión entre el nervio vago y el eje cerebro-intestino, y cómo esta relación puede influir en los trastornos neuropsiquiátricos. El nervio vago, el décimo nervio craneal, es crucial para la comunicación bidireccional entre el cerebro y el intestino. Este nervio contiene tanto fibras sensoriales como motoras, y desempeña un papel vital en la regulación de funciones viscerales, incluyendo la digestión y la respuesta al estrés.

El eje cerebro-intestino (BGA por sus siglas en inglés) es un circuito neurovisceral que incluye el sistema nervioso central (SNC), el sistema nervioso periférico (SNP), el sistema nervioso autónomo (SNA), el sistema nervioso entérico (SNE) y el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA). Este eje también está influenciado por la microbiota intestinal, que puede afectar la salud mental y física.

El nervio vago es fundamental en este eje, facilitando la comunicación entre el SNC y el SNE. Esta comunicación puede influir en procesos neuronales, funciones cerebrales y ciertos comportamientos, como la alimentación y el estado de ánimo. Además, el nervio vago puede modular reflejos intestinales y ajustar las variaciones del estado de ánimo.

El artículo también destaca la importancia de las células enteroendocrinas (EECs) en la mucosa intestinal (son células epiteliales especializadas que evalúan químicamente el lumen intestinal (células y tejidos vecinos) y su contenido (macromoléculas nutricionales, microbioma y otros), que interactúan con el nervio vago para regular funciones digestivas y metabólicas. Estas células pueden influir en la secreción de hormonas y neurotransmisores, como la serotonina, que es crucial para la salud mental.

En resumen, el nervio vago y el eje cerebro-intestino tienen un papel significativo en la fisiología y la patología de los trastornos neuropsiquiátricos. La investigación en este campo está creciendo, y hay evidencia que sugiere que el BGA podría ser clave en la base patofisiológica de ciertos trastornos mentales.

Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo, publicado en Psychiatric News, expone una creciente preocupación debido a que cada vez hay más pruebas que vinculan el uso de gabapentina con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia . A pesar de que las prescripciones de este fármaco se han duplicado en los últimos años, investigaciones actuales sugieren que su perfil de seguridad neurológica requiere una reevaluación exhaustiva. Se comenta el estudio de la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio, USA) : en pacientes con dolor lumbar crónico que recibieron seis o más prescripciones de gabapentina, se observó un incremento del 29% en el riesgo de demencia y un alarmante 85% en el riesgo de deterioro cognitivo leve, en los 10 años siguientes. El aumento del riesgo no se limitó a la población geriátrica; los adultos de entre 35 y 49 años presentaron más del doble de riesgo de demencia y el triple de riesgo de deterioro cognitivo leve en comparación con aquellos que no consumían el fármaco. En un estudio retrospectivo publicado en Frontiers in Pharmacology en 2022, Oh y sus colegas, hallaron que los usuarios de gabapentina tienen entre 1.5 y 1.9 veces más probabilidades de manifestar declive cognitivo tras solo un año de tratamiento. El mecanismo subyacente propuesto se relaciona con la unión del fármaco a las subunidades de los canales de calcio que regulan la señalización neuronal, lo que podría alterar la sinaptogénesis o la plasticidad cerebral, aunque los procesos exactos aún están bajo investigación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la precaución clínica. Ante la evidencia de riesgos elevados tanto en poblaciones jóvenes como mayores, se insta a los profesionales de la salud a sopesar cuidadosamente los beneficios terapéuticos de la gabapentina frente a sus potenciales efectos adversos en la integridad cognitiva de los pacientes.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo explora la posibilidad de que los antidepresivos ISRS reduzcan la intensidad del amor romántico. Para examinar esta hipótesis, los investigadores recurrieron a una amplia base de datos, el Romantic Love Survey 2022, que recoge experiencias de miles de personas enamoradas. A partir de esa fuente, seleccionaron a 810 jóvenes de 33 países, todos ellos en las primeras etapas del enamoramiento y con puntuaciones muy altas en una escala diseñada para medir la pasión amorosa. El estudio buscaba una respuesta sencilla: ¿tomar ISRS afecta al modo en que una persona vive el amor? Para ello, analizó si quienes estaban tomando estos medicamentos diferían de quienes no lo hacían en aspectos como la intensidad del amor, la frecuencia con que pensaban en su pareja, el compromiso emocional o la actividad sexual. También se tuvieron en cuenta variables como el sexo biológico y la presencia de problemas de salud mental. Los resultados no encontraron ninguna relación entre el uso de ISRS y los rasgos fundamentales del amor romántico: La intensidad del enamoramiento, la presencia de pensamientos obsesivos acerca de la persona amada (porcentaje de horas de vigilia), el compromiso y la frecuencia sexual parecían mantenerse igual, independientemente del tratamiento con antidepresivos. Solo dos factores —ser hombre o mujer y el padecimiento de problemas de salud mental— se relacionaron con el uso de ISRS, algo esperable dado su patrón de prescripción clínica. El artículo sitúa estos hallazgos dentro de un debate más amplio sobre la biología del amor. Frente a las teorías que atribuían el enamoramiento a un único sistema basado en la serotonina, los autores subrayan que hoy se sabe que intervienen numerosos mecanismos biológicos. Por eso, que los ISRS no alteren la experiencia de amar resulta coherente con la ciencia actual. Como conclusión práctica, el estudio ofrece un mensaje tranquilizador: tomar ISRS no “apaga” el amor. Esta evidencia puede ayudar a reducir el temor de quienes necesitan tratamiento, pero dudan por miedo a perder la intensidad emocional de sus relaciones.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
La evidencia que vincula el café y el té con la salud cognitiva sigue sin ser concluyente y la mayoría de los estudios no logran diferenciar el café con cafeína del descafeinado. El objetivo de este estudio es investigar las asociaciones del consumo de café y té con el riesgo de demencia y la función cognitiva. Resultados: En este estudio de cohorte prospectivo de 131 821 personas de dos cohortes con un seguimiento de hasta 43 años, se documentaron 11 033 casos de demencia. Un mayor consumo de café con cafeína se asoció significativamente con un menor riesgo de demencia. El consumo de café descafeinado no se asoció significativamente con el riesgo de demencia. Las diferencias asociadas más pronunciadas se observaron con la ingesta de aproximadamente 2 a 3 tazas por día de café con cafeína o 1 a 2 tazas por día de té. Conclusiones y relevancia Un mayor consumo de café y té con cafeína se asoció con un menor riesgo de demencia y una función cognitiva ligeramente mejor, siendo la asociación más pronunciada en niveles de ingesta moderados.