¿Eutanasia para bebés?

27 de febrero de 2026

En Canadá ha vuelto a surgir el debate sobre la posibilidad de aplicar el programa de suicidio asistido (MAID por sus siglas en inglés, eutanasia en España) , a bebés que sufren dolores extremos. Todo comenzó cuando el Colegio de Médicos de Quebec declaró que, en ciertos casos, esta práctica podría considerarse un tratamiento adecuado para recién nacidos con sufrimiento intenso, y que los padres deberían poder solicitarla.

El comentario reabrió una discusión que lleva años en el país. Desde que Canadá legalizó la eutanasia en 2016, la ley ha ido ampliándose. Primero cubría solo enfermedades terminales y, con el tiempo, se extendió a condiciones no terminales. El número de muertes bajo este programa ha crecido con rapidez: para finales de 2024 se habían registrado 76.475, y para comienzos de 2026 la cifra superaba las 94.000.

Canadá legalizó la eutanasia en 2016. Desde entonces, el alcance de la ley se ha ampliado constantemente, abarcando primero las enfermedades terminales y luego las afecciones no terminales. Los datos federales muestran que el ritmo se ha acelerado.

Desde la legalización de la eutanasia en 2016 hasta 2024 (incluido) se reportaron un total de 76.475 muertes. A principios de 2026 ya se habían reportado en total al menos 94.000 muertes, según Alex Schadenberg, de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia.

La idea de incluir a los bebés no es nueva. En 2022, un representante del mismo colegio médico sugirió ante el Parlamento considerar la eutanasia para niños menores de un año con deformidades o discapacidades graves. La reacción fue inmediata: la entonces ministra de Discapacidad rechazó tajantemente la propuesta.


Aunque muchos pensaron que el tema había quedado atrás, volvió a cobrar fuerza cuando medios internacionales lo retomaron, provocando nuevas críticas, defensas apasionadas y un debate nacional que sigue abierto.

Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica