Efectos psiquiátricos y cognitivos de la terapia con testosterona en hombres adultos

2 de marzo de 2026

La testosterona desempeña un papel fundamental en la salud física y psicológica masculina, influyendo no solo en las funciones reproductivas y metabólicas, sino también en el estado de ánimo, la cognición y el bienestar mental general. La disminución de testosterona relacionada con la edad se ha asociado con síntomas depresivos, deterioro cognitivo y menor calidad de vida. Si bien la terapia con testosterona (TT) está bien establecida para resultados somáticos, sus efectos psiquiátricos y cognitivos siguen caracterizándose de forma inconsistente en los ensayos clínicos.

El presente artículo ofrece una revisión sistemática que examina los efectos de la TT en los resultados psiquiátricos y cognitivos en hombres adultos, en comparación con placebo o la atención estándar, y evaluar los hallazgos de seguridad asociados

Desde una perspectiva psiquiátrica, el estudio destaca una correlación significativa entre los niveles bajos de testosterona y la manifestación de sintomatología depresiva, fatiga y una disminución general del bienestar psicológico. La evidencia analizada sugiere que la TT ejerce un efecto modulador positivo sobre el estado de ánimo, especialmente en hombres con niveles basales de testosterona marcadamente reducidos. Se postula que este beneficio se debe a la interacción del sistema endocrino con neurotransmisores clave y a la capacidad de la testosterona para favorecer la neuroplasticidad en áreas críticas como el hipocampo.

En el ámbito cognitivo, la revisión aborda el potencial de la testosterona para mitigar el declive funciones ejecutivas, la memoria verbal y la atención. Si bien los resultados en pacientes eutestosterónicos son menos concluyentes, en hombres mayores con deficiencia hormonal se observa una mejora sutil pero estadísticamente relevante en la composición cognitiva global. Los mecanismos propuestos incluyen la reducción del estrés oxidativo neuronal y el mantenimiento de la integridad sináptica.

Finalmente, el artículo concluye que, aunque la TT representa una estrategia terapéutica prometedora para mejorar la calidad de vida y la estabilidad neurocognitiva en el varón hipogonadal, persiste una heterogeneidad en los diseños de los estudios clínicos. Los autores subrayan la necesidad de investigaciones longitudinales a mayor escala que permitan establecer protocolos de tratamiento personalizados y monitorizar la seguridad neuropsiquiátrica a largo plazo, consolidando así un enfoque clínico basado en la medicina de precisión.

Por Alfredo Calcedo 16 de julio de 2026
Estudio cualitativo (entrevista a conductores medicados) y cuantitativo (encuestas online) sobre el uso de medicamentos y la conducción de vehículos desde el punto de vista del paciente. Resultados: Solo un 25% de los conductores habituales no han tomado medicación que puede interferir con la conducción en los últimos 3 años. Entre los conductores que toman medicación, un 45% declara que conduce bajo los efectos de los fármacos. El conductor medicado que conduce bajo los efectos fármacos es un individuo de mayor edad (el 41% es mayor de 55 años), tiene más antigüedad en el carnet de conducir (un 64% + de 20 años), ha sufrido más siniestros (47%) y tiene un uso del coche más diario (73%). La conducción en condiciones climáticas adversas, de noche o conducir con sueño genera mucha mayor precaución que la ingesta de medicación. Solo un 26% extrema la precaución ante la toma de medicamentos. El consumo de medicamentos se sitúa en un nivel de riesgo medio, por detrás de los riesgos más interiorizados por los conductores: consumo de sustancias, exceso de velocidad y cansancio o falta de sueño. A pesar de que un 83% de la población y un 79% de los conductores medicados son conscientes del riesgo de la medicación en la conducción, esto no se traduce en una acción preventiva real. Esta actitud evidencia una sensación de “falso control”
Por Alfredo Calcedo 16 de julio de 2026
La estimulación magnética transcraneal profunda (Deep TMS) podría ofrecer una nueva vía terapéutica para las personas que padecen simultáneamente trastorno de estrés postraumático (TEPT) y depresión mayor. Un amplio estudio retrospectivo realizado en condiciones clínicas reales analizó a 462 pacientes tratados en 11 centros, todos ellos con ambos diagnósticos y que habían recibido al menos 20 sesiones mediante bobinas H1 o H7. Los resultados mostraron una mejoría notable. El 83,5 % de los pacientes presentó una respuesta en los síntomas del TEPT, definida como una reducción mínima del 50 %. En conjunto, las puntuaciones de la escala PCL-5 disminuyeron una media del 52 %. También se observaron beneficios importantes en la depresión: el 66,6 % respondió al tratamiento, el 27,3 % alcanzó la remisión y las puntuaciones del cuestionario PHQ-9 se redujeron aproximadamente un 50 %. Estos datos resultan especialmente relevantes porque la coexistencia de TEPT y depresión suele asociarse con síntomas más graves, mayor riesgo de suicidio, deterioro funcional y peor respuesta terapéutica. Sin embargo, los hallazgos deben interpretarse con cautela. Se trata de resultados preliminares, todavía pendientes de revisión por pares, y la Deep TMS no cuenta actualmente con autorización de la FDA para tratar el TEPT ni la combinación de TEPT y depresión. ( psychiatrictimes.com )
Por Alfredo Calcedo 16 de julio de 2026
Artículo de opinión sobre la relación paradójica entre el cáncer y la enfermedad de Alzheimer. Aunque ambas enfermedades comparten importantes factores de riesgo, principalmente el envejecimiento, los estudios muestran que las personas con cáncer presentan entre un 25 y un 35 % menos de riesgo de desarrollar Alzheimer. A la inversa, quienes padecen Alzheimer tienen la mitad de probabilidades de ser diagnosticados de cáncer. Esta asociación no parece explicarse únicamente por sesgos diagnósticos, menor supervivencia o diferencias en la atención médica. Incluso los estudios neuropatológicos indican que las personas con antecedentes de cáncer suelen presentar menos placas de beta-amiloide y ovillos de proteína tau en el cerebro. La explicación podría encontrarse en procesos biológicos que actúan en direcciones opuestas. El cáncer representa una proliferación celular descontrolada, mientras que el Alzheimer se caracteriza por una muerte neuronal excesiva. En el cáncer, las células evitan los mecanismos que frenan su crecimiento y escapan del sistema inmunitario; en el Alzheimer, aumentan la supresión celular, la inflamación y la activación inmunitaria. Proteínas relacionadas con el Alzheimer, como la beta-amiloide, la tau o la APOE4, también podrían ejercer efectos antitumorales. Comprender estos mecanismos de protección recíproca permitiría descubrir nuevos tratamientos. Unir la investigación oncológica y la neurodegenerativa ofrece así una oportunidad todavía poco explorada para combatir dos de las enfermedades más temidas de nuestro tiempo. ( nature.com )