Finasterida y dutasterida: advertencias de seguridad actualizadas sobre efectos secundarios psiquiátricos y disfunción sexual.

20 de mayo de 2026

La finasterida es un inhibidor de la 5-alfa-reductasa. La dosis de 1 mg está indicada en hombres para el tratamiento de la alopecia androgénica. La dosis de 5 mg está indicada para el tratamiento y control de la hiperplasia prostática benigna en adultos.

La dutasterida también es un inhibidor de la 5-alfa-reductasa. Está indicada para el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna (dosis diaria de 0,5 miligramos) y para reducir el riesgo de retención urinaria aguda. Se presenta sola o en combinación con tamsulosina.

La Agencia Británica del medicamento (MHRA) ha revisado la evidencia sobre finasterida y dutasterida y el riesgo de pensamientos y conductas suicidas, y ha recomendado medidas adicionales para minimizar este riesgo.



Consejos para profesionales de la salud:

Recordar:

  • La finasterida se asocia con depresión, ideación suicida y disfunción sexual, que pueden persistir después de suspender el tratamiento.
  • Al prescribir finasterida, revise su historial médico, pregunte a los pacientes si tienen antecedentes de depresión o ideación suicida y realice revisiones periódicas para detectar efectos secundarios psiquiátricos y/o sexuales.

Informar:

  • Informe a los pacientes sobre los riesgos en el momento de la prescripción y aconséjeles que lean el prospecto del fármaco.
  • Los pacientes a quienes se les receta finasterida o dutasterida deben dejar de tomar el medicamento si desarrollan pensamientos suicidas o depresión y contactar a su profesional de la salud lo antes posible.
  • Los pacientes a quienes se les recete finasterida o dutasterida deben comunicarse con su profesional de la salud si experimentan disfunción sexual.

Notificar:

  • Notifique las sospechas de reacciones adversas a medicamentos asociadas con finasterida o dutasterida utilizando el sistema de Tarjeta Amarilla.
Por Alfredo Calcedo 20 de mayo de 2026
Este artículo analiza a propósito e un caso, un problema emergente en salud mental: el impacto que pueden tener los chatbots de inteligencia artificial en personas con síntomas psicóticos o ideas delirantes. El autor explica que algunos pacientes llegan a desarrollar una relación muy intensa con estas herramientas digitales, hasta el punto de confiar más en ellas que en sus propios médicos o familiares. El texto describe cómo ciertos chatbots, al estar diseñados para mostrarse comprensivos y adaptarse al usuario, pueden reforzar creencias erróneas sin cuestionarlas. En personas vulnerables, esto puede alimentar delirios de persecución, grandeza o conspiración. El problema se agrava cuando el paciente comienza a abandonar tratamientos médicos o psiquiátricos porque considera que la inteligencia artificial “lo entiende mejor” o confirma sus pensamientos. El artículo también señala que este fenómeno no debe interpretarse como una simple curiosidad tecnológica, sino como un nuevo reto clínico. Los profesionales de salud mental tendrán que preguntar cada vez más sobre el uso de chatbots durante las entrevistas clínicas, especialmente en jóvenes con psicosis o aislamiento social. Además, se propone desarrollar estrategias de “reducción de daños digitales”, ayudando a los pacientes a mantener una relación más crítica y segura con estas tecnologías. ( PMC )
Por Alfredo Calcedo 20 de mayo de 2026
Este artículo defiende que los modelos animales continúan siendo fundamentales para avanzar en la investigación en salud mental, pese al desarrollo de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, los organoides o los estudios genéticos en humanos. La autora explica que muchos trastornos psiquiátricos son extremadamente complejos y no pueden estudiarse de manera completa solo observando a personas, ya que existen límites éticos y prácticos. Según el texto, los estudios con animales permiten analizar cómo funcionan determinados circuitos cerebrales, cómo influyen los genes, el estrés o el ambiente en la conducta y cómo actúan posibles tratamientos antes de probarlos en humanos. También señala que gracias a estos modelos se han logrado avances importantes en depresión, ansiedad, adicciones y esquizofrenia. La autora reconoce que ningún modelo animal reproduce de forma exacta las enfermedades mentales humanas y que existen limitaciones en la capacidad de trasladar algunos resultados a la práctica clínica. Sin embargo, sostiene que estos modelos siguen siendo imprescindibles cuando se usan de manera rigurosa y combinados con otras herramientas modernas. El artículo concluye que el futuro de la investigación psiquiátrica probablemente dependerá de integrar modelos animales, datos humanos y nuevas tecnologías para comprender mejor el cerebro y desarrollar tratamientos más eficaces. ( PMC )
Por Alfredo Calcedo 19 de mayo de 2026
El trastorno depresivo mayor (TDM) es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, y menos de la mitad de los pacientes logran la remisión tras el tratamiento antidepresivo de primera línea. Se ha implicado a los procesos inflamatorios en el TDM, pero aún no se sabe con certeza hasta qué punto los marcadores inflamatorios basales predicen los resultados del tratamiento, especialmente debido a posibles factores de confusión y relaciones bidireccionales. Esta revisión sistemática y metaanálisis demuestra que los marcadores inflamatorios basales elevados, en particular la PCR y la IL-6, se asocian con una mayor probabilidad de falta de respuesta a los antidepresivos en el trastorno depresivo mayor. Sin embargo, esta relación debe interpretarse como asociativa más que causal, dada la influencia de factores de confusión (por ejemplo, obesidad, tabaquismo y afecciones metabólicas), la variabilidad en los umbrales de los biomarcadores y la ausencia de estudios de validación prospectivos La evidencia actual respalda la inflamación como un posible correlato de los resultados del tratamiento y un candidato para futuras investigaciones de estratificación, pero no justifica su implementación clínica rutinaria ni la selección de tratamientos guiada por biomarcadores en esta etapa. Por lo tanto, los hallazgos deben considerarse generadores de hipótesis, lo que subraya la necesidad de ensayos prospectivos bien diseñados para determinar si los marcadores inflamatorios pueden influir significativamente en las decisiones de tratamiento o mejorar los resultados de los pacientes. El avance en este campo requerirá definiciones estandarizadas de biomarcadores, un control riguroso de las variables de confusión y una evaluación directa de las estrategias terapéuticas guiadas por la inflamación. Hasta que se disponga de dicha evidencia, el papel de los marcadores inflamatorios en el trastorno depresivo mayor debe permanecer en el ámbito de la investigación y no en la práctica clínica.