Incremento de la brecha de género en los síntomas psicológicos.

10 de abril de 2026

El artículo analiza cómo la brecha de género en los síntomas psicológicos no solo ha persistido, sino que ha aumentado de manera significativa, especialmente en las naciones que más han avanzado hacia la igualdad de género.

Los resultados, obtenidos de una amplia encuesta internacional, revelan una paradoja moderna: si bien a principios de los años 2000 la igualdad de género a nivel nacional se asociaba con un mejor bienestar tanto para chicos como para chicas, esta relación ha dado un vuelco inesperado. En años recientes, en los países con mayores índices de igualdad, la salud mental de las adolescentes ha empeorado de forma más pronunciada que la de sus pares masculinos. Este incremento en la brecha, tanto en términos absolutos como relativos, sugiere que las estructuras sociales que buscan la equidad están interactuando con nuevos factores estresantes de una forma que afecta desproporcionadamente a las jóvenes.

Al explorar los mecanismos detrás de esta tendencia, la investigación identifica la presión por el rendimiento escolar como un factor determinante. En las sociedades más igualitarias, las adolescentes experimentan una carga académica y una autoexigencia significativamente mayores, lo que explica en gran medida el deterioro de su bienestar. Asimismo, se observa un declive en el apoyo percibido por parte de los compañeros de clase y una persistente insatisfacción con la imagen corporal.

En conclusión, el artículo advierte que el progreso hacia la igualdad de género, aunque fundamental, ha traído consigo una nueva dinámica de estrés para las adolescentes. Lo que antes era un factor protector parece haberse convertido en un escenario de mayor presión social y académica, donde las chicas están pagando un alto precio emocional, obligándonos a replantear cómo apoyamos la resiliencia juvenil en el siglo XXI.

Lejos de afirmar que la igualdad de género sea una situación negativa, estos hallazgos sugieren que aún queda mucho trabajo por hacer para lograr la plena igualdad de género, donde hombres y mujeres compartan realmente las cargas y los factores estresantes de la vida cotidiana.

Comentado en Psypost.

Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Estimados compañeros/as, os recordamos de nuevo el próximo Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026.  Se ha ampliado el plazo para a enviar posters al congreso hasta el próximo dia 15 de abril. En esta dirección podéis encontrar la normativa para el envío de Posters: https://psiquiatrialegal2026.com/envio-de-poster/ El enlace de contacto con la Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ ¡Todavía estás a tiempo para enviar posters al congreso antes que finalice el plazo de envío¡ El Congreso está ya “a la vuelta de la esquina”, no os olvidéis en apuntaros al congreso ¡Nos vemos en Vitoria!
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Las mujeres embarazadas con esquizofrenia persistente y trastornos relacionados pueden requerir tratamiento antipsicótico continuo, incluida la clozapina. Sin embargo, los riesgos potenciales del uso de clozapina durante el embarazo y el período posnatal siguen siendo inciertos. Este estudio de casos y controles anidado evaluó los resultados del embarazo en mujeres australianas diagnosticadas de esquizofrenia y tratadas con clozapina (n = 14) durante el primer trimestre . Estas mujeres se compararon con dos subgrupos: las tratadas con quetiapina (n= 53) y las que no tomaron ningún medicamento (n= 24) durante el embarazo. Resultados: Abordando las limitaciones de estudios previos, este estudio representa un esfuerzo en este sentido y ofrece algunas perspectivas informativas, aunque tentativas, que son coherentes con estudios anteriores. En comparación con la ausencia de medicación y la quetiapina, la clozapina podría asociarse con un mayor riesgo de ciertos resultados adversos tanto para la madre como para el bebé, incluyendo abortos espontáneos, diabetes gestacional y bajo peso al nacer. Los resultados neonatales, incluyendo la edad gestacional al nacer, la puntuación de Apgar y el ingreso a la UCE/UCIN (Unidad de Cuidados Especiales Neonatales o Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, respectivamente), no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos.
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Artículo de opinión que analiza como los profesionales distinguen el duelo de la depresión; cuándo la tristeza deja de ser una respuesta natural ante la pérdida, para convertirse en un trastorno psiquiátrico El artículo recorre la evolución de las clasificaciones diagnósticas y muestra cómo el duelo ha pasado progresivamente de ser entendido como una experiencia universal a ser, en ciertos casos, objeto de medicalización. La evolución del DSM eliminó la exclusión por duelo en 2013, introdujo el trastorno de duelo prolongado en el DSM-5-TR con umbral de adulto de > 12 meses, y contrasta con la definición de ≥6 meses de la CIE-11. Esta delimitación no es neutral: implica decidir cuánto sufrimiento es aceptable antes de ser etiquetado como enfermedad. Se señala la dificultad de trazar una frontera clara entre duelo y depresión. Aunque comparten síntomas, el duelo conserva rasgos diferenciales: una tristeza intermitente ligada al recuerdo del fallecido, la preservación de la autoestima y la capacidad de experimentar emociones positivas. En contraste, la depresión se presenta como un estado generalizado de ánimo bajo, inutilidad y autodesprecio. Esta distinción, aunque clínicamente útil, revela la fragilidad de las categorías diagnósticas. La atención multimodal —psicoterapia, grupos de duelo, reimplicación social y uso sensato de los antidepresivos— puede restaurar el apetito, la actividad y la conexión relacional cuando el duelo se vuelve incapacitante o clínicamente indistinguible de la depresión. El artículo también introduce una dimensión cultural: no todo duelo intenso es patológico, y su expresión varía según contextos sociales, religiosos y personales. Las clasificaciones modernas intentan reconocer esta variabilidad, pero siguen operando bajo criterios estandarizados que pueden simplificar experiencias complejas. En última instancia, el texto advierte sobre el riesgo de patologizar el sufrimiento humano. Convertir el duelo en diagnóstico puede facilitar el acceso a tratamiento, pero también puede reducir la riqueza de una experiencia profundamente humana a un conjunto de síntomas. Así, la pregunta “¿cuán triste es demasiado triste?” queda abierta, no como un problema puramente médico, sino como un dilema ético y cultural sobre los límites de la psiquiatría.