Por Alfredo Calcedo
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20 de julio de 2026
El inicio temprano del consumo, la creciente potencia de los productos y su amplia disponibilidad han transformado el panorama actual del cannabis, aumentando la preocupación por sus efectos sobre la salud mental de los adolescentes. La investigación traslacional, que combina estudios longitudinales de neuroimagen en humanos con modelos animales, indica que el consumo frecuente y, especialmente, el uso de preparados con altas concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) pueden alterar el desarrollo cerebral y el comportamiento durante una etapa de especial vulnerabilidad. Estas alteraciones parecen relacionarse principalmente con trayectorias que conducen a la psicosis, la esquizofrenia y el trastorno por consumo de cannabis, aunque también pueden incrementar el riesgo de ansiedad y depresión. Sin embargo, el daño no afecta por igual a todos los adolescentes: existe un grupo especialmente susceptible en el que las consecuencias podrían mantenerse a largo plazo. Los hallazgos neurobiológicos ofrecen, no obstante, un elemento esperanzador. Algunas modificaciones cerebrales provocadas por la exposición al cannabis podrían no persistir necesariamente hasta la edad adulta. Los mecanismos epigenéticos relacionados con los efectos prolongados del THC sugieren incluso que ciertas alteraciones neuronales y conductuales pueden ser reversibles. La elevada plasticidad del cerebro adolescente convierte así este periodo en una oportunidad decisiva para la prevención, la educación y la intervención precoz, con el objetivo de reducir los daños asociados al cannabis y favorecer trayectorias de desarrollo más saludables. ( psychiatryonline.org )