Niveles de clozapina en mujeres a lo largo de la edad menopáusica

13 de abril de 2026

Durante la menopausia, los niveles de estrógeno cambian drásticamente, lo que puede disminuir las concentraciones sanguíneas de clozapina en las mujeres debido al efecto inhibidor del estrógeno sobre la actividad del CYP1A2. Esta reducción podría contribuir al aumento de las tasas de recaída observadas en mujeres mayores con trastornos psicóticos.

El presente estudio tuvo como objetivo identificar trayectorias longitudinales de las concentraciones sanguíneas de clozapina en 982 pacientes de entre 40 y 60 años mediante análisis de crecimiento de clases latentes (LCGA). Se compararon las trayectorias en mujeres con las de hombres para comprender mejor las posibles diferencias en la farmacocinética de la clozapina relacionadas con el sexo, la edad y la menopausia.

Resultados: la mayoría de las mujeres (60%) experimentaron una disminución en los niveles sanguíneos de clozapina durante la transición menopáusica (entre los 40 y los 60 años), mientras que la mayoría de los hombres mostraron concentraciones estables de clozapina durante el mismo periodo de edad.

A los 40 años, las concentraciones promedio de clozapina fueron aproximadamente 30 μg/L más altas en mujeres que en hombres, mientras que a los 60 años, los niveles de clozapina en mujeres fueron, en promedio, 30 μg/L más bajos que en hombres.

Estos hallazgos resaltan los cambios en los niveles sanguíneos de clozapina en mujeres al llegar a la edad de la transición menopáusica. Los niveles más bajos de estrógeno después de la menopausia pueden reducir la eficacia de la clozapina y aumentar el riesgo de recaída psicótica en una etapa de la vida ya vulnerable, lo que justifica el seguimiento de la eficacia clínica y los efectos secundarios durante la menopausia.

Dado que muchos fármacos tienen el CYP1A2 como su principal metabolito, cabe esperar que la menopausia también afecte los niveles sanguíneos de otros medicamentos.

Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica