Por Alfredo Calcedo
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22 de julio de 2026
El litio ha sido el tratamiento de referencia para el trastorno bipolar durante casi 80 años. Dos expertos clínicos debaten si todavía sigue siendo el «patrón oro» para el tratamiento del trastorno bipolar. A favor del litio se destacan su bajo coste, su amplia disponibilidad y la extensa experiencia acumulada. Su eficacia en la prevención de nuevos episodios, especialmente maníacos, y su posible efecto protector frente al suicidio le conceden una posición singular. Para muchos pacientes, continúa siendo un tratamiento fundamental que no debería relegarse por la novedad de otros fármacos. La postura contraria recuerda, sin embargo, que su utilización disminuye en todo el mundo debido a la aparición de numerosas alternativas. El litio presenta un estrecho margen terapéutico, requiere controles periódicos y puede causar efectos adversos renales, tiroideos y metabólicos. Tampoco ofrece la misma respuesta en todas las formas del trastorno bipolar, especialmente cuando predominan la depresión, los episodios mixtos o determinadas comorbilidades. La idea de que el litio es el santo grial para comprender la bioquímica del cerebro ha distorsionado nuestros esfuerzos neuroquímicos. Deberíamos utilizar diseños experimentales que incluyan valproato, carbamazepina, olanzapina, cariprazina, quetiapina, y no solo litio, al buscar mecanismos que puedan ayudar con el trastorno bipolar. El debate concluye sin proclamar un vencedor absoluto. El litio conserva un valor excepcional, pero ninguna etiqueta puede sustituir al juicio clínico. Más que defender un tratamiento universal, la decisión debe adaptarse a las características, riesgos, preferencias y respuesta previa de cada paciente. ( Psiquiatría Online )