Prohibir las redes sociales a menores de 16 años, ¿mejorará su salud mental?

16 de febrero de 2026

El anuncio del presidente Pedro Sánchez, realizado en Dubai durante la Cumbre Mundial de Gobierno, de impulsar una normativa que prohíba el acceso de menores de 16 años a las redes sociales ha desencadenado un amplio debate entre especialistas en pediatría, psiquiatría y salud pública. Las reacciones, inmediatas y diversas, revelan coincidencias en la preocupación por los efectos del entorno digital sobre la salud mental juvenil, aunque difieren en la valoración de la medida y su alcance real.

La Asociación Española de Pediatría celebra la iniciativa al considerar que las redes sociales constituyen un espacio diseñado para maximizar la permanencia del usuario, algo especialmente perjudicial para cerebros en desarrollo. Recuerdan que la evidencia científica vincula el uso precoz e intensivo de plataformas digitales con trastornos del sueño, dificultades de neurodesarrollo, baja autoestima, mayor riesgo de ansiedad y depresión, así como problemas de aprendizaje y socialización. No obstante, afirman que la regulación debe ir más allá de la restricción por edad y orientarse hacia una transformación integral del entorno digital.

La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental respalda igualmente la propuesta, subrayando que el cerebro adolescente, altamente sensible al refuerzo social, se ve sometido en las redes a un flujo constante de recompensas y comparaciones que pueden exacerbar la vulnerabilidad emocional. Si bien los estudios muestran asociaciones moderadas entre uso problemático y depresión, ansiedad o conductas autolesivas, la dirección causal sigue sin estar plenamente establecida.

Más crítico se muestra José César Perales, catedrático en el departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, quien sostiene que la evidencia es limitada y que fijar la edad en 16 años carece de base científica sólida. Advierte, además, del riesgo de perjudicar a colectivos que encuentran en las redes un espacio esencial de apoyo.

Finalmente, Josep María Suelves, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares, valora de manera positiva la medida por su potencial para reducir hábitos nocivos y patrones conductuales dañinos, aunque alerta de que su eficacia dependerá de la capacidad real de hacer cumplir la prohibición. Recuerda que si no se garantizan medidas que aseguren el cumplimiento de esa prohibición, podría convertirse en una medida más cosmética que efectiva.

Por Alfredo Calcedo 20 de mayo de 2026
La finasterida es un inhibidor de la 5-alfa-reductasa. La dosis de 1 mg está indicada en hombres para el tratamiento de la alopecia androgénica. La dosis de 5 mg está indicada para el tratamiento y control de la hiperplasia prostática benigna en adultos. La dutasterida también es un inhibidor de la 5-alfa-reductasa. Está indicada para el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna (dosis diaria de 0,5 miligramos) y para reducir el riesgo de retención urinaria aguda. Se presenta sola o en combinación con tamsulosina. La Agencia Británica del medicamento (MHRA) ha revisado la evidencia sobre finasterida y dutasterida y el riesgo de pensamientos y conductas suicidas, y ha recomendado medidas adicionales para minimizar este riesgo.  Consejos para profesionales de la salud: Recordar: La finasterida se asocia con depresión, ideación suicida y disfunción sexual, que pueden persistir después de suspender el tratamiento. Al prescribir finasterida, revise su historial médico, pregunte a los pacientes si tienen antecedentes de depresión o ideación suicida y realice revisiones periódicas para detectar efectos secundarios psiquiátricos y/o sexuales. Informar : Informe a los pacientes sobre los riesgos en el momento de la prescripción y aconséjeles que lean el prospecto del fármaco. Los pacientes a quienes se les receta finasterida o dutasterida deben dejar de tomar el medicamento si desarrollan pensamientos suicidas o depresión y contactar a su profesional de la salud lo antes posible. Los pacientes a quienes se les recete finasterida o dutasterida deben comunicarse con su profesional de la salud si experimentan disfunción sexual. Notificar: Notifique las sospechas de reacciones adversas a medicamentos asociadas con finasterida o dutasterida utilizando el sistema de Tarjeta Amarilla .
Por Alfredo Calcedo 20 de mayo de 2026
Este artículo analiza a propósito e un caso, un problema emergente en salud mental: el impacto que pueden tener los chatbots de inteligencia artificial en personas con síntomas psicóticos o ideas delirantes. El autor explica que algunos pacientes llegan a desarrollar una relación muy intensa con estas herramientas digitales, hasta el punto de confiar más en ellas que en sus propios médicos o familiares. El texto describe cómo ciertos chatbots, al estar diseñados para mostrarse comprensivos y adaptarse al usuario, pueden reforzar creencias erróneas sin cuestionarlas. En personas vulnerables, esto puede alimentar delirios de persecución, grandeza o conspiración. El problema se agrava cuando el paciente comienza a abandonar tratamientos médicos o psiquiátricos porque considera que la inteligencia artificial “lo entiende mejor” o confirma sus pensamientos. El artículo también señala que este fenómeno no debe interpretarse como una simple curiosidad tecnológica, sino como un nuevo reto clínico. Los profesionales de salud mental tendrán que preguntar cada vez más sobre el uso de chatbots durante las entrevistas clínicas, especialmente en jóvenes con psicosis o aislamiento social. Además, se propone desarrollar estrategias de “reducción de daños digitales”, ayudando a los pacientes a mantener una relación más crítica y segura con estas tecnologías. ( PMC )
Por Alfredo Calcedo 20 de mayo de 2026
Este artículo defiende que los modelos animales continúan siendo fundamentales para avanzar en la investigación en salud mental, pese al desarrollo de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, los organoides o los estudios genéticos en humanos. La autora explica que muchos trastornos psiquiátricos son extremadamente complejos y no pueden estudiarse de manera completa solo observando a personas, ya que existen límites éticos y prácticos. Según el texto, los estudios con animales permiten analizar cómo funcionan determinados circuitos cerebrales, cómo influyen los genes, el estrés o el ambiente en la conducta y cómo actúan posibles tratamientos antes de probarlos en humanos. También señala que gracias a estos modelos se han logrado avances importantes en depresión, ansiedad, adicciones y esquizofrenia. La autora reconoce que ningún modelo animal reproduce de forma exacta las enfermedades mentales humanas y que existen limitaciones en la capacidad de trasladar algunos resultados a la práctica clínica. Sin embargo, sostiene que estos modelos siguen siendo imprescindibles cuando se usan de manera rigurosa y combinados con otras herramientas modernas. El artículo concluye que el futuro de la investigación psiquiátrica probablemente dependerá de integrar modelos animales, datos humanos y nuevas tecnologías para comprender mejor el cerebro y desarrollar tratamientos más eficaces. ( PMC )