A propósito de un caso: Aumento de síntomas extrapiramidales tras el cambio de risperidona a paliperidona durante el tratamiento con valproato

21 de enero de 2025

Se trata de un varón japonés de 48 años con psicosis asociada a la epilepsia y discapacidad intelectual leve que experimentó síntomas extrapiramidales (SEP) graves durante una titulación cruzada gradual de risperidona a paliperidona mientras recibía terapia con valproato. El paciente tenía antecedentes de epilepsia bien controlada con valproato y desarrolló alucinaciones auditivas, delirios y agitación psicomotora a los 48 años. El tratamiento inicial con risperidona fue parcialmente eficaz, pero no logró controlar suficientemente sus síntomas psicóticos, lo que provocó un cambio a paliperidona. Poco después de aumentar la dosis de paliperidona, el paciente desarrolló SEP significativos, que incluyeron rigidez muscular y niveles elevados de creatina quinasa, indicativos de un posible síndrome neuroléptico maligno. Se suspendió inmediatamente la paliperidona, lo que produjo una marcada mejoría de los síntomas.

Se ha informado de que la combinación de valproato (liberación prolongada 1000 mg/día) con paliperidona (dosis única de 12 mg) produjo un aumento notable de los niveles plasmáticos de paliperidona, con un aumento del 51,5 % en la concentración máxima (Cmax). Se cree que la formulación de liberación prolongada (ER) de valproato retrasa el tiempo de tránsito gastrointestinal, lo que potencialmente prolonga la retención de paliperidona en el tracto gastrointestinal y aumenta su absorción. Estos hallazgos enfatizan la necesidad de un control cuidadoso de los niveles plasmáticos y un ajuste de la dosis de paliperidona en pacientes que reciben valproato. Esta interacción no afectó la farmacocinética del valproato, lo que sugiere un efecto unidireccional. El mecanismo propuesto implica un retraso en el tiempo de tránsito gastrointestinal debido a la expansión física de los comprimidos de valproato de liberación prolongada, que puede inhibir el paso de paliperidona desde el píloro, prolongando su retención en el tracto gastrointestinal.

Conclusión

Los resultados sugieren que los métodos de sustitución directa, en lugar de la titulación cruzada gradual, pueden ser más seguros cuando se cambia de risperidona a paliperidona, en particular en pacientes que reciben valproato. Los médicos deben ser conscientes de las posibles interacciones y vigilar de cerca la aparición de signos de SEP durante dichos ajustes de la terapia.

Por Alfredo Calcedo 19 de junio de 2026
El envejecimiento también afecta a los médicos, pero determinar cuándo los cambios cognitivos comprometen la práctica clínica sigue siendo un asunto complejo. Este es el eje del debate planteado por expertos reunidos en un panel de la Asociación Americana de Psiquiatría Geriátrica, quienes analizaron si deberían implantarse evaluaciones cognitivas obligatorias para los facultativos de mayor edad. Quienes apoyan esta medida sostienen que el deterioro cognitivo puede influir en el juicio clínico, la memoria o la velocidad de procesamiento, con posibles repercusiones para la seguridad del paciente. En cambio, sus detractores advierten de que establecer un límite de edad para realizar pruebas puede resultar discriminatorio, ya que existe una gran variabilidad entre individuos y no todos los médicos envejecen de la misma manera. Además, las pruebas cognitivas aisladas no siempre predicen el desempeño profesional real. Los especialistas coincidieron en que la competencia profesional debería evaluarse de forma integral, considerando el rendimiento clínico, la salud, la experiencia y el contexto laboral, más que basándose únicamente en la edad cronológica. El objetivo es proteger a los pacientes sin perder el valioso conocimiento y la experiencia que aportan muchos médicos veteranos. ( Psychiatry Online )
Por Alfredo Calcedo 19 de junio de 2026
Aunque muchos de los errores médicos que perjudican a los pacientes se deben a factores sistémicos, algunos de estos incidentes son atribuibles al criterio y acciones individuales del médico. Diversos factores pueden afectar a la actividad del médico, como las alteraciones de salud mental, el alcoholismo, el consumo de drogas y la falta de mantenimiento de la competencia técnica. Muchos estados (USA) cuentan con leyes de notificación obligatoria que exigen a los médicos y otros profesionales de la salud informar a las autoridades competentes sobre aquellos médicos cuya capacidad para ejercer la medicina se vea afectada por el consumo de alcohol o drogas, o por enfermedades físicas o mentales. La Asociación Médica Estadounidense (AMA), la Carta sobre Profesionalismo Médico y la Federación Europea de Medicina Interna van más allá, afirmando que los médicos tienen la obligación ética de informar y se espera que participen en el proceso de autorregulación. En este artículo se presenta el análisis de una amplia encuesta nacional a médicos que examina (1) las creencias sobre el compromiso con la autorregulación a través de la denuncia de colegas significativamente incapacitados o incompetentes, (2) la disposición para denunciar, (3) las experiencias personales con estas situaciones difíciles y (4) las acciones tomadas cuando se enfrentan a colegas incapacitados o incompetentes Conclusiones En general, los médicos apoyan el compromiso profesional de informar a la autoridad competente sobre todos los casos de colegas con problemas de conducta o incompetentes en su práctica médica; sin embargo, cuando se enfrentan a estas situaciones, muchos no lo hacen (entre los médicos que tenían conocimiento de colegas con deterioro cognitivo en su lugar de trabajo, solo alrededor de dos tercios lo reportaron). Este estudio pone en tela de juicio la voluntad y la capacidad de los médicos para identificar y denunciar a colegas cuya capacidad para ejercer la medicina se ve afectada por el consumo de alcohol o drogas, o por enfermedades físicas o mentales, así como a aquellos incompetentes para ejercer debido a deficiencias en conocimientos y habilidades. Estos hallazgos sugieren, además, que un gran número de médicos en ejercicio no apoya el proceso actual de autorregulación: se utiliza poco y parece tener varias deficiencias importantes, incluida una percepción de falta de anonimato y eficacia. Todos los profesionales de la salud, desde los líderes administrativos hasta quienes brindan atención clínica, deben comprender la urgencia de prevenir que colegas con facultades disminuidas o incompetentes perjudiquen a los pacientes y la necesidad de ayudar a estos médicos a afrontar y resolver sus problemas. El sistema de denuncia debe facilitar, en lugar de impedir, este proceso. La dependencia del proceso actual conlleva que los pacientes se expongan a niveles inaceptables de riesgo y que los médicos con facultades disminuidas o incompetentes posiblemente no reciban la ayuda que necesitan.
Por Alfredo Calcedo 19 de junio de 2026
El uso de agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), empleados principalmente para el tratamiento de la diabetes y la obesidad, podría asociarse con efectos conductuales que van más allá del control metabólico. En este estudio, los autores exploraron si estos fármacos modifican la relación entre dos factores bien conocidos de riesgo para la violencia —la impulsividad y el consumo de alcohol— y la comisión de delitos violentos en adultos estadounidenses. A partir de una encuesta nacional realizada a 7.521 adultos, el análisis se centró en 821 personas que habían utilizado medicamentos GLP-1. Los resultados mostraron que, aunque la impulsividad y el consumo de alcohol seguían relacionándose con una mayor probabilidad de conductas violentas, esta asociación era significativamente más débil entre quienes estaban utilizando estos tratamientos en el momento del estudio. En concreto, la relación entre impulsividad y violencia fue aproximadamente un 62 % menor, mientras que la asociación entre alcohol y violencia se redujo alrededor de un 52 %, aunque este último hallazgo fue menos consistente en algunos análisis. ( EurekAlert! ) Los autores subrayan que, al tratarse de un estudio observacional y transversal, no puede establecerse una relación causal. Sin embargo, plantean la hipótesis de que los agonistas GLP-1 podrían disminuir la probabilidad de que un impulso agresivo llegue a traducirse en una conducta violenta. Estos hallazgos abren una nueva línea de investigación sobre los posibles efectos neuroconductuales de estos fármacos y su eventual interés para la prevención de la violencia, aunque serán necesarios estudios longitudinales y ensayos clínicos que confirmen estos resultados. ( Criminology ) Noticia comentada en El País