Circuitos colinérgicos muscarínicos en la esquizofrenia

12 de febrero de 2026

El artículo revisa el cambio progresivo en la comprensión neurobiológica de la esquizofrenia, destacando el papel emergente del sistema colinérgico muscarínico como una alternativa conceptual y terapéutica al tradicional enfoque dopaminérgico.

Durante décadas, el tratamiento de la esquizofrenia se ha centrado en fármacos antagonistas del receptor D₂ de dopamina, eficaces para los síntomas positivos, pero limitados en su impacto sobre los síntomas negativos y cognitivos, además de asociados a efectos adversos motores y endocrinos. Este marco ha impulsado la búsqueda de mecanismos no dopaminérgicos con mayor especificidad y mejor tolerabilidad.

El artículo describe cómo la activación de los receptores muscarínicos M1 y M4 se ha consolidado como un eje central en esta nueva comprensión. Estos receptores, ampliamente distribuidos en circuitos corticales y subcorticales implicados en cognición, emoción y regulación dopaminérgica, permiten modular la neurotransmisión sin interferir directamente con los sistemas motores. El texto detalla la evolución histórica de este modelo, desde observaciones iniciales de alteraciones colinérgicas en la esquizofrenia hasta la formulación de una hipótesis de circuito en la que la estimulación muscarínica central puede reducir la hiperactividad dopaminérgica estriatal responsable de los síntomas psicóticos.

Un punto clave del artículo es el desarrollo y validación clínica de KarXT, una combinación de xanomelina —agonista preferente de los receptores M1 y M4— y trospio, un anticolinérgico periférico diseñado para limitar los efectos adversos colinérgicos sistémicos. Los ensayos clínicos revisados muestran que este abordaje logra reducciones significativas de los síntomas de la esquizofrenia con tamaños del efecto clínicamente relevantes, sin inducir trastornos del movimiento, hiperprolactinemia ni deterioro cognitivo, lo que supone una ruptura conceptual con los antipsicóticos clásicos.

El artículo subraya que el mecanismo de acción del sistema muscarínico no solo afecta a los síntomas positivos, sino que potencialmente impacta también en los dominios negativo y cognitivo, tradicionalmente refractarios al tratamiento. Esta amplitud terapéutica refuerza la idea de que la esquizofrenia no puede entenderse únicamente como un trastorno dopaminérgico, sino como una alteración de circuitos neuronales más complejos.


Más allá de un nuevo fármaco, el artículo propone un cambio de paradigma que redefine la fisiopatología de la esquizofrenia y abre nuevas vías para una psiquiatría más precisa y menos iatrogénica.

Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El consumo de cannabis suele comenzar en la adolescencia y la adultez temprana, cuando generalmente se desarrollan la ansiedad, la depresión, la psicosis y el trastorno bipolar. Los jóvenes de entre 15 y 25 años que consumen cannabis a diario y desarrollan un trastorno por consumo de cannabis presentan una mayor prevalencia de estos trastornos mentales. Este estudio (publicado en TheLancet) evalúa la coherencia de la evidencia proveniente de estudios epidemiológicos, genéticos, experimentales y preclínicos para analizar la relación entre el consumo diario de cannabis y el aumento de la incidencia, la prevalencia y la persistencia de la psicosis, el trastorno bipolar, la ansiedad, la depresión y las conductas suicidas. La conclusión más sólida aparece en la psicosis. El consumo diario, especialmente en jóvenes y en quienes desarrollan trastorno por consumo de cannabis, muestra una relación consistente y creíble como factor contributivo. El riesgo parece mayor cuando el uso es frecuente, temprano y problemático. En cambio, la evidencia sobre trastorno bipolar es menos abundante, aunque apunta a un posible empeoramiento de los síntomas. Para depresión, ansiedad y conducta suicida, el panorama es más incierto: las asociaciones existen, pero podrían explicarse por automedicación, vulnerabilidades compartidas o relaciones bidireccionales. El texto no plantea una visión alarmista, sino prudente. Reclama prevención en jóvenes, cribado clínico del consumo problemático y tratamientos integrados para quienes presentan simultáneamente trastorno mental y trastorno por consumo de cannabis.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El TDAH en niñas y mujeres suele pasar desapercibido porque, a diferencia de los varones, no siempre se manifiesta con hiperactividad visible, sino con síntomas más silenciosos: inatención, despistes, dificultad para organizarse, problemas de concentración, olvidos y sensación constante de no llegar a todo. Esta forma menos evidente favorece el retraso diagnóstico y alimenta etiquetas injustas como “vaga”, “dejada” o “distraída”, cuando en realidad se trata de un funcionamiento cerebral diferente. El artículo ( Diario Médico ) subraya que existe un sesgo de género en la detección del TDAH. Aunque afecta a hombres y mujeres, ellos reciben muchos más diagnósticos, mientras que ellas tienden a enmascarar los síntomas y a expresar la disregulación emocional de forma interna, con ansiedad, tristeza o baja autoestima. Esto puede llevar a diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados. Los especialistas destacan la importancia del diagnóstico precoz, la coordinación con los centros educativos y un abordaje individualizado, multimodal, farmacológico, psicológico, psicopedagógico y familiar. También se señala que los cambios hormonales pueden influir en la eficacia del tratamiento. El texto concluye con el ejemplo de Andrea, una niña con TDAH inatento, cuya historia muestra cómo la comprensión y la aceptación pueden transformar la invisibilidad en oportunidad.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
Las personas con trastorno mental grave (TMG), incluidos los trastornos del espectro de la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, presentan tasas elevadas de comorbilidad física y mortalidad prematura. Este estudio transversal poblacional liderado por el Hospital Clínic y el Idibaps de Barcelona analiza la asociación de la demencia y el ictus isquémico en las personas con EMG. Resultados: La prevalencia de demencia fue del 3,49 % en las personas con EMG y del 0,36 % en los controles. La prevalencia de accidente cerebrovascular isquémico fue del 5,3 % en las personas con EMG y del 2,75 % en los controles. La asociación entre TMG y demencia fue significativa en todos los grupos de edad, con la asociación más fuerte observada en edades más jóvenes a los 30-39 años. El riesgo para accidente cerebrovascular se mantuvo hasta los 70-79 años, alcanzando su punto máximo a los 40-49 años. En resumen, el estudio indica que las personas con TMG presentan un mayor riesgo de desarrollar demencia en todas las edades y también un mayor riesgo de ictus, especialmente en las etapas jóvenes y medias de la vida. Estos hallazgos resaltan la necesidad de una detección y un manejo neurológico y cardiometabólico más tempranos y sistemáticos dentro de las políticas de atención y apoyo psiquiátrico que reconocen los trastornos mentales graves como factores de riesgo para enfermedades vasculares y demencia. Comentado en Diario Médico .