Prevención cuaternaria: proteger a las personas de intervenciones médicas innecesarias

12 de febrero de 2026

Reflexión sobre los daños no intencionados que puede generar la propia actividad sanitaria, incluso cuando se ajusta a guías, protocolos y buenas prácticas. A partir de una escena clínica cotidiana —una revisión rutinaria que deriva en una cascada de pruebas innecesarias—, el texto ilustra cómo el sobrediagnóstico y el sobretratamiento pueden producir iatrogenia no solo clínica, sino también psicológica y social, en forma de ansiedad, incertidumbre y medicalización de la vida cotidiana.

La autora amplía el concepto de iatrogenia más allá del error médico o de los efectos adversos inevitables, entendiéndolo como un fenómeno estructural del sistema sanitario contemporáneo. Protocolos rígidos, incentivos centrados en la actividad, presión diagnóstica y una cultura que asocia “más intervención” con “mejor atención” configuran un entorno propicio para el sobreuso. En este contexto emerge la prevención cuaternaria, entendida como una acción deliberada orientada a proteger a las personas de intervenciones médicas innecesarias cuando el daño potencial supera el beneficio esperado.

Lejos de promover una medicina pasiva, la prevención cuaternaria se presenta como una práctica activa y reflexiva, centrada en la persona, la comunicación clínica y la toma de decisiones compartida. Su aplicación implica cuestionar cribados indiscriminados, diagnósticos precoces de bajo valor y tratamientos de beneficio marginal, integrando la incertidumbre como parte inherente del acto clínico. La Atención Primaria aparece como el espacio natural para este enfoque, debido a su continuidad asistencial y a su papel clave en la prevención, aunque también como un ámbito especialmente vulnerable a la iatrogenia preventiva.

El artículo revisa estudios cualitativos recientes que muestran cómo los profesionales identifican con claridad las intervenciones innecesarias y las tensiones entre guías clínicas y contexto individual. Asimismo, se analizan barreras estructurales para la implementación real de la prevención cuaternaria, como la sobrecarga asistencial, el escaso tiempo por consulta y los indicadores de calidad centrados en cantidad más que en valor. Especial atención se presta a la iatrogenia farmacológica en personas mayores con multimorbilidad y polifarmacia, donde la deprescripción se perfila como una estrategia clave.

Finalmente, el texto subraya que medir la calidad asistencial también por aquello que se decide no hacer exige un cambio cultural profundo. Integrar la prevención cuaternaria en políticas sanitarias, formación y evaluación no debilita la medicina, sino que la refuerza como práctica prudente, ética y verdaderamente centrada en las personas, dejando abierta la pregunta de si el sistema sanitario está preparado para asumir este reto.

Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El consumo de cannabis suele comenzar en la adolescencia y la adultez temprana, cuando generalmente se desarrollan la ansiedad, la depresión, la psicosis y el trastorno bipolar. Los jóvenes de entre 15 y 25 años que consumen cannabis a diario y desarrollan un trastorno por consumo de cannabis presentan una mayor prevalencia de estos trastornos mentales. Este estudio (publicado en TheLancet) evalúa la coherencia de la evidencia proveniente de estudios epidemiológicos, genéticos, experimentales y preclínicos para analizar la relación entre el consumo diario de cannabis y el aumento de la incidencia, la prevalencia y la persistencia de la psicosis, el trastorno bipolar, la ansiedad, la depresión y las conductas suicidas. La conclusión más sólida aparece en la psicosis. El consumo diario, especialmente en jóvenes y en quienes desarrollan trastorno por consumo de cannabis, muestra una relación consistente y creíble como factor contributivo. El riesgo parece mayor cuando el uso es frecuente, temprano y problemático. En cambio, la evidencia sobre trastorno bipolar es menos abundante, aunque apunta a un posible empeoramiento de los síntomas. Para depresión, ansiedad y conducta suicida, el panorama es más incierto: las asociaciones existen, pero podrían explicarse por automedicación, vulnerabilidades compartidas o relaciones bidireccionales. El texto no plantea una visión alarmista, sino prudente. Reclama prevención en jóvenes, cribado clínico del consumo problemático y tratamientos integrados para quienes presentan simultáneamente trastorno mental y trastorno por consumo de cannabis.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El TDAH en niñas y mujeres suele pasar desapercibido porque, a diferencia de los varones, no siempre se manifiesta con hiperactividad visible, sino con síntomas más silenciosos: inatención, despistes, dificultad para organizarse, problemas de concentración, olvidos y sensación constante de no llegar a todo. Esta forma menos evidente favorece el retraso diagnóstico y alimenta etiquetas injustas como “vaga”, “dejada” o “distraída”, cuando en realidad se trata de un funcionamiento cerebral diferente. El artículo ( Diario Médico ) subraya que existe un sesgo de género en la detección del TDAH. Aunque afecta a hombres y mujeres, ellos reciben muchos más diagnósticos, mientras que ellas tienden a enmascarar los síntomas y a expresar la disregulación emocional de forma interna, con ansiedad, tristeza o baja autoestima. Esto puede llevar a diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados. Los especialistas destacan la importancia del diagnóstico precoz, la coordinación con los centros educativos y un abordaje individualizado, multimodal, farmacológico, psicológico, psicopedagógico y familiar. También se señala que los cambios hormonales pueden influir en la eficacia del tratamiento. El texto concluye con el ejemplo de Andrea, una niña con TDAH inatento, cuya historia muestra cómo la comprensión y la aceptación pueden transformar la invisibilidad en oportunidad.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
Las personas con trastorno mental grave (TMG), incluidos los trastornos del espectro de la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, presentan tasas elevadas de comorbilidad física y mortalidad prematura. Este estudio transversal poblacional liderado por el Hospital Clínic y el Idibaps de Barcelona analiza la asociación de la demencia y el ictus isquémico en las personas con EMG. Resultados: La prevalencia de demencia fue del 3,49 % en las personas con EMG y del 0,36 % en los controles. La prevalencia de accidente cerebrovascular isquémico fue del 5,3 % en las personas con EMG y del 2,75 % en los controles. La asociación entre TMG y demencia fue significativa en todos los grupos de edad, con la asociación más fuerte observada en edades más jóvenes a los 30-39 años. El riesgo para accidente cerebrovascular se mantuvo hasta los 70-79 años, alcanzando su punto máximo a los 40-49 años. En resumen, el estudio indica que las personas con TMG presentan un mayor riesgo de desarrollar demencia en todas las edades y también un mayor riesgo de ictus, especialmente en las etapas jóvenes y medias de la vida. Estos hallazgos resaltan la necesidad de una detección y un manejo neurológico y cardiometabólico más tempranos y sistemáticos dentro de las políticas de atención y apoyo psiquiátrico que reconocen los trastornos mentales graves como factores de riesgo para enfermedades vasculares y demencia. Comentado en Diario Médico .