Prevención cuaternaria: proteger a las personas de intervenciones médicas innecesarias
Reflexión sobre los daños no intencionados que puede generar la propia actividad sanitaria, incluso cuando se ajusta a guías, protocolos y buenas prácticas. A partir de una escena clínica cotidiana —una revisión rutinaria que deriva en una cascada de pruebas innecesarias—, el texto ilustra cómo el sobrediagnóstico y el sobretratamiento pueden producir iatrogenia no solo clínica, sino también psicológica y social, en forma de ansiedad, incertidumbre y medicalización de la vida cotidiana.
La autora amplía el concepto de iatrogenia más allá del error médico o de los efectos adversos inevitables, entendiéndolo como un fenómeno estructural del sistema sanitario contemporáneo. Protocolos rígidos, incentivos centrados en la actividad, presión diagnóstica y una cultura que asocia “más intervención” con “mejor atención” configuran un entorno propicio para el sobreuso. En este contexto emerge la prevención cuaternaria, entendida como una acción deliberada orientada a proteger a las personas de intervenciones médicas innecesarias cuando el daño potencial supera el beneficio esperado.
Lejos de promover una medicina pasiva, la prevención cuaternaria se presenta como una práctica activa y reflexiva, centrada en la persona, la comunicación clínica y la toma de decisiones compartida. Su aplicación implica cuestionar cribados indiscriminados, diagnósticos precoces de bajo valor y tratamientos de beneficio marginal, integrando la incertidumbre como parte inherente del acto clínico. La Atención Primaria aparece como el espacio natural para este enfoque, debido a su continuidad asistencial y a su papel clave en la prevención, aunque también como un ámbito especialmente vulnerable a la iatrogenia preventiva.
El artículo revisa estudios cualitativos recientes que muestran cómo los profesionales identifican con claridad las intervenciones innecesarias y las tensiones entre guías clínicas y contexto individual. Asimismo, se analizan barreras estructurales para la implementación real de la prevención cuaternaria, como la sobrecarga asistencial, el escaso tiempo por consulta y los indicadores de calidad centrados en cantidad más que en valor. Especial atención se presta a la iatrogenia farmacológica en personas mayores con multimorbilidad y polifarmacia, donde la deprescripción se perfila como una estrategia clave.
Finalmente, el texto subraya que medir la calidad asistencial también por aquello que se decide no hacer exige un cambio cultural profundo. Integrar la prevención cuaternaria en políticas sanitarias, formación y evaluación no debilita la medicina, sino que la refuerza como práctica prudente, ética y verdaderamente centrada en las personas, dejando abierta la pregunta de si el sistema sanitario está preparado para asumir este reto.





