Depresión en la esclerosis múltiple:
Este artículo ofrece una introducción clínica a la depresión en la Esclerosis Múltiple (EM), centrándose en su prevalencia e impacto, evaluación, correlatos biopsicosociales y manejo.
La depresión es tres veces más frecuente en pacientes con EM que en la población general. La prevalencia de la depresión no parece diferir según la edad ni el sexo. Este último punto merece especial atención, considerando su contraste con las diferencias de género bien descritas en la depresión en la población general. Las razones de esto no están claras.
La depresión no es solo una reacción psicológica al diagnóstico, sino que surge de una compleja interacción entre factores psicosociales y mecanismos neurobiológicos donde intervienen factores neuroinflamatorios y neurodegenerativos como la desmielinización y la atrofia cerebral en áreas críticas para la regulación del ánimo.
Manejo de la depresión en la esclerosis múltiple
Una comprensión biopsicosocial de la depresión en la EM implica un enfoque multifacético para su manejo. La terapia cognitivo-conductual (TCC) y las intervenciones basadas en la atención plena son eficaces para reducir los síntomas depresivos en pacientes con EM. La TCC también puede reducir el dolor, mejorar el sueño y fomentar las conexiones sociales.
Pocos estudios han evaluado si los antidepresivos son eficaces en pacientes con EM, y los hallazgos mixtos en muestras pequeñas limitan la aplicación clínica de estos datos. No obstante, los antidepresivos se prescriben ampliamente a pacientes con EM
Entre los antidepresivos comúnmente prescritos se incluyen el bupropión (p. ej., en pacientes con EM con disfunción sexual y fatiga), la duloxetina (p. ej., en pacientes con dolor crónico) y la sertralina (p. ej., en pacientes con EM que necesitan pequeños incrementos de dosis debido a dificultades de tolerabilidad). Otros factores a considerar incluyen las comorbilidades cardiovasculares, el riesgo de caídas, las interacciones farmacológicas y los efectos adversos de la polifarmacia. Se recomienda precaución con el uso de antipsicóticos de segunda generación para abordar la depresión, considerando la evidencia limitada en pacientes con EM y los riesgos de exacerbar las comorbilidades cardiovasculares, la fatiga y los efectos secundarios extrapiramidales.





