Edulcorantes y declive cognitivo

13 de marzo de 2026

Sustituir el azúcar por edulcorantes artificiales suele presentarse como una ventaja fácil para la salud, pero un nuevo estudio a gran escala publicado en la revista Neurology sugiere que el consumo excesivo de ciertos sustitutos del azúcar se asocia con un deterioro cognitivo más rápido. Este patrón fue más pronunciado entre las personas con diabetes.

El equipo analizó siete edulcorantes de uso común: aspartamo, sacarina, acesulfamo-K, eritritol, xilitol, sorbitol y tagatosa. Estos ingredientes se encuentran con mayor frecuencia en alimentos y bebidas ultraprocesados, como aguas saborizadas, refrescos, bebidas energéticas, yogur y postres bajos en calorías, y algunos también se venden como edulcorantes independientes.

Se trata de un estudio observacional longitudinal de 8 años de duración. Para explorar los efectos a largo plazo, los investigadores dieron seguimiento a 12.772 adultos de todo Brasil durante aproximadamente ocho años. Los participantes tenían una edad promedio de 52 años.

Los autores señalaron varias limitaciones. El análisis no abarcó todos los tipos de edulcorantes artificiales disponibles. Además, la información dietética fue autodeclarada, lo que significa que los participantes podrían no haber recordado su

consumo de alimentos y bebidas con total exactitud.

Comentado en SciTechDaily

Finalmente, al tratarse de un estudio observacional no se pueden establecer asociaciones causales aunque si establecer hipótesis.

Por Alfredo Calcedo 27 de abril de 2026
El artículo cuenta cómo varios psiquiatras transgénero deciden hablar con franqueza sobre sus vidas y su trabajo , siguiendo el ejemplo histórico de “Dr. Anonymous”, el psiquiatra que en los años setenta tuvo que ocultar su identidad para poder ser escuchado. Al igual que entonces, hoy muchos profesionales aún sienten miedo a las consecuencias de mostrarse tal como son. A través de testimonios personales, los autores describen experiencias de silencio, visibilidad y valentía dentro de la psiquiatría. Relatan cómo ser trans influye tanto en su vida profesional como en la relación con los pacientes, y cómo compartir esas vivencias ayuda a otros colegas a comprender mejor realidades que a menudo permanecen invisibles. El texto subraya que, aunque ha habido avances, persisten prejuicios y riesgos. Por eso, dar la palabra a estas voces se presenta como un acto de responsabilidad y de continuidad con una lucha histórica por la dignidad y el reconocimiento en la profesión psiquiátrica.
Por Alfredo Calcedo 27 de abril de 2026
El artículo reflexiona sobre un tipo de paciente muy común en la práctica clínica, pero poco analizado: aquel que necesita psicoterapia durante largos periodos, a veces durante toda la vida. A partir de la experiencia clínica de sus autores, el texto explica que no todos los pacientes encajan en los modelos breves de tratamiento centrados solo en reducir síntomas. Para algunas personas, la psicoterapia continua cumple una función de sostén, adaptación y crecimiento, más que de “curación” rápida. ( Psychiatry Online ). Muchos continúan porque encuentran en ese espacio una forma de afrontar pérdidas, cambios, soledad, envejecimiento, conflictos familiares o el desgaste cotidiano de vivir. Para ellos, la terapia funciona como una estructura estable para su bienestar, casi como un lugar donde pensar en voz alta. También se destaca que esto genera debate entre profesionales. Algunos terapeutas ven el tratamiento prolongado como algo válido cuando sigue aportando crecimiento, regulación emocional y mejor funcionamiento. Otros temen que, en ciertos casos, pueda reforzar una relación excesivamente dependiente o desplazar metas más orientadas a la autonomía. A través de testimonios y análisis clínicos, el artículo sugiere que la cuestión central no es cuánto dura una terapia, sino para qué sigue existiendo. Si el proceso mantiene sentido, ayuda al paciente a vivir mejor y responde a necesidades reales, su continuidad puede estar justificada. En el fondo, el reportaje plantea que para algunas personas la salud mental no se sostiene con soluciones puntuales, sino con acompañamientos duraderos.
Por Alfredo Calcedo 25 de abril de 2026
El artículo plantea cómo los programas de telerrealidad o “reality show” han cambiado la forma en que la psiquiatría aparece ante el público, con efectos ambivalentes. Puede acercar la salud mental a millones de personas, pero también deformarla. En algunos casos se ha convertido en parte del espectáculo, lo que puede reforzar estereotipos o trivializar problemas complejos. Programas donde aparecen terapeutas, diagnósticos o sesiones de tratamiento han ayudado a normalizar que pedir ayuda no es algo vergonzoso. Al ver conflictos emocionales, traumas o terapia en pantalla, algunos espectadores pueden sentirse menos solos y más dispuestos a buscar apoyo. Pero esa misma exposición tiene riesgos. La televisión convierte el sufrimiento en espectáculo, simplifica problemas complejos y a veces muestra tratamientos como soluciones rápidas o modas, creando expectativas irreales. También puede difundir información dudosa, reforzar estigmas, afectar la imagen corporal, influir conductas e incluso descuidar la salud mental de quienes participan en estos programas. El texto no concluye que la telerrealidad sea aliada o enemiga, sino ambas cosas. Propone que los psiquiatras hablen con sus pacientes sobre estos contenidos y usen esas conversaciones para corregir ideas falsas y promover una comprensión más realista del tratamiento. ( Psychiatric Times ) .