El concepto de enfermedad mental y por qué el enfoque del DSM es erróneo

5 de enero de 2026

Un análisis de la psicopatología comienza por precisar qué entendemos por patología y cómo se distingue de la normalidad, lo que conduce a la pregunta esencial: ¿qué constituye una enfermedad mental? El texto analiza los términos illness (dolencia), disease (enfermedad) y disorder (trastorno), subrayando que no son equivalentes y que su uso indiscriminado genera confusión conceptual. El concepto moderno de enfermedad (disease) se fundamenta en el modelo clinicopatológico que considera la enfermedad como un síndrome clínico basado en la patología del cuerpo. No basta con un síndrome clínico; tampoco basta con una patología en un órgano: ambos factores deben coexistir. Este paradigma contrasta con la psiquiatría contemporánea, cuyo sistema diagnóstico —el DSM— se limita a describir signos y síntomas, sin referencia a una patología corporal, situándose en un marco premoderno. Luego está el término “dolencia” (illness). No es exactamente lo mismo que «enfermedad». Se puede tener una enfermedad y no saberlo. Se puede pensar que se tiene una enfermedad y no tenerla. El concepto de illness (dolencia) alude a la vivencia subjetiva de una persona ante una enfermedad física. Por su parte, disorder carece de significado científico: designa simplemente “algo que está mal”, sin precisar lesión orgánica ni conciencia del problema.

La elección deliberada de esta palabra por los redactores del DSM-III en 1980 respondió al propósito de evitar compromisos teóricos, proclamando una postura “ateórica” que, en realidad, equivale a vacuidad conceptual. El DSM define “trastorno mental” como la presencia de un síndrome clínico acompañado de malestar subjetivo y/o deterioro funcional grave. Este criterio se aparta del proceder médico general, donde la ausencia de síntomas no excluye la enfermedad, como ocurre en hipertensión o cáncer incipiente. Bajo el DSM, es imposible diagnosticar un trastorno mental asintomático, lo que revela su carácter anticientífico.

Diversas corrientes psicológicas cuestionan la validez del malestar subjetivo como indicador de patología: la psicología existencial lo considera logro; la fenomenológica lo interpreta de forma neutra; la social lo atribuye a imposiciones culturales; y el psicoanálisis muestra que la intensidad del sufrimiento no guarda proporción con la gravedad del cuadro. Así, el enfoque del DSM no aplica el modelo médico, sino que lo contradice.

Este sistema ha llevado a rechazar diagnósticos potencialmente válidos, como formas leves del espectro bipolar, y a ampliar otros, como el TDAH y el PTSD complejo, impulsados por la atención mediática y la demanda social. El texto concluye que la psiquiatría debe abandonar la noción vacía de “trastorno mental” y recuperar el concepto científico de enfermedad, si pretende alinearse con la medicina moderna.

Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
El cannabidiol (CBD) es un cannabinoide que se encuentra de forma natural en Cannabis sativa y que recientemente se ha estudiado como una nueva opción terapéutica para la esquizofrenia y trastornos relacionados. El CBD es un agonista parcial de los receptores de dopamina D2, lo que puede contribuir a sus efectos antipsicóticos en dosis altas (800–1000 mg/día) combinado con su actividad agonista parcial de los receptores 5HT1A, compartida con los antipsicóticos de tercera generación (aripiprazol, brexpiprazol), que también puede explicar los efectos ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos del CBD. Esta revisión sistemática y metaanálisis evalúa la eficacia del CBD como terapia complementaria para los síntomas positivos y negativos en los trastornos del espectro de la esquizofrenia. Los resultados mostraron que el CBD produjo una mejoría estadísticamente significativa, aunque pequeña, en los síntomas generales y en los síntomas positivos, como delirios o alucinaciones. También hubo cierta mejoría en los síntomas psicopatológicos generales evaluados por la escala PANSS. Sin embargo, el CBD no mostró beneficios claros sobre los síntomas negativos, como la apatía, el aislamiento social o la falta de motivación. Además, las tasas de abandono del tratamiento fueron similares entre quienes recibieron CBD y quienes tomaron placebo, lo que sugiere una buena tolerancia. El trabajo destaca que el CBD podría actuar sobre sistemas biológicos relacionados con la dopamina y el sistema endocannabinoide, sin producir los efectos psicóticos asociados al THC. Aun así, los autores advierten que el número de estudios todavía es pequeño y que existen limitaciones metodológicas importantes, como diferencias en dosis y duración de los tratamientos. Por ello, consideran que el CBD es una opción prometedora, pero todavía experimental, que necesita investigaciones más amplias y rigurosas antes de recomendarse de forma generalizada en esquizofrenia. (Springer)
Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
Cuando las personas están en peligro, especialmente en riesgo de suicidio, las soluciones ás simples pueden salvar más vidas. El artículo describe cómo, durante años, los sistemas de ayuda para la prevención del suicidio fueron complejos, difíciles de recordar o de usar en momentos de crisis. En esas circunstancias, cualquier obstáculo —aunque sea pequeño— puede impedir que alguien pida ayuda. El artículo pone de ejemplo cómo la simplificación de una línea telefónica de crisis para prevención del suicidio en un número corto (de 3 cifras) y fácil de recordar (988), acompañado de más recursos y mejor organización, ha permitido que más personas accedieran rápidamente al apoyo que necesitaban. Con el tiempo, se observó una disminución significativa en las muertes por suicidio, especialmente entre jóvenes, lo que sugiere que la accesibilidad inmediata es clave. [ news.harvard.edu ] En salud pública, la eficacia no siempre depende de soluciones complejas o innovaciones sofisticadas, sino de eliminar barreras. Hacer que la ayuda sea visible, directa y fácil puede marcar la diferencia entre actuar o no hacerlo en un momento crítico. En definitiva, el autor concluye que simplificar el acceso a la ayuda no solo mejora los sistemas, sino que literalmente puede significar la vida para muchas personas.
Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
El artículo describe cómo, tras superar la infección aguda por COVID‑19, muchas personas continúan un recorrido inesperado marcado por síntomas persistentes que afectan al cerebro y la mente. Este cuadro, conocido como COVID prolongado, puede aparecer semanas después y mantenerse durante meses, incluso en pacientes que tuvieron formas leves de la enfermedad. [merckmanuals.com] A lo largo del tiempo, los pacientes relatan una constelación de síntomas neuropsiquiátricos que suele incluir fatiga intensa, dolor de cabeza, trastornos del sueño, disfunción autonómica y dificultades cognitivas —a menudo descritas como “niebla mental”— con problemas de atención y memoria. A estos se suman con frecuencia ansiedad, depresión y estrés postraumático, que reflejan tanto el impacto biológico del virus como la experiencia vivida durante la enfermedad. [ onlinelibr....wiley.com ] Estas manifestaciones no tienen una única causa. Más bien, parecen surgir de una combinación de factores: inflamación persistente, alteraciones inmunológicas, daño vascular o efectos indirectos de la enfermedad grave y la hospitalización. [ merckmanuals.com ] En este escenario, el artículo subraya la importancia de un enfoque clínico integral. No existe un tratamiento específico, por lo que la atención se centra en aliviar los síntomas, acompañar al paciente y adaptar la rehabilitación a cada caso. Así, el COVID prolongado se presenta como una condición compleja y variable, donde la recuperación no es lineal y exige comprender al paciente más allá de la fase aguda de la enfermedad. Si bien se requiere mayor investigación sobre los mecanismos subyacentes y los posibles tratamientos, los psiquiatras están intrínsecamente capacitados para participar en las evaluaciones de COVID persistente y brindar un tratamiento de apoyo y específico. La evaluación de las comorbilidades psiquiátricas y médicas generales, la colaboración con otras especialidades y disciplinas médicas, y la planificación integral del tratamiento siguen siendo la base del tratamiento de la COVID persistente. Ante la creciente prevalencia de la COVID persistente, es fundamental que los psiquiatras adquieran mayor familiaridad y competencia en la evaluación y el manejo de las secuelas neuropsiquiátricas de la COVID-19. (Am J Psych)