El concepto de enfermedad mental y por qué el enfoque del DSM es erróneo
Un análisis de la psicopatología comienza por precisar qué entendemos por patología y cómo se distingue de la normalidad, lo que conduce a la pregunta esencial: ¿qué constituye una enfermedad mental? El texto analiza los términos illness (dolencia), disease (enfermedad) y disorder (trastorno), subrayando que no son equivalentes y que su uso indiscriminado genera confusión conceptual. El concepto moderno de enfermedad (disease) se fundamenta en el modelo clinicopatológico que considera la enfermedad como un síndrome clínico basado en la patología del cuerpo. No basta con un síndrome clínico; tampoco basta con una patología en un órgano: ambos factores deben coexistir. Este paradigma contrasta con la psiquiatría contemporánea, cuyo sistema diagnóstico —el DSM— se limita a describir signos y síntomas, sin referencia a una patología corporal, situándose en un marco premoderno. Luego está el término “dolencia” (illness). No es exactamente lo mismo que «enfermedad». Se puede tener una enfermedad y no saberlo. Se puede pensar que se tiene una enfermedad y no tenerla. El concepto de illness (dolencia) alude a la vivencia subjetiva de una persona ante una enfermedad física. Por su parte, disorder carece de significado científico: designa simplemente “algo que está mal”, sin precisar lesión orgánica ni conciencia del problema.
La elección deliberada de esta palabra por los redactores del DSM-III en 1980 respondió al propósito de evitar compromisos teóricos, proclamando una postura “ateórica” que, en realidad, equivale a vacuidad conceptual. El DSM define “trastorno mental” como la presencia de un síndrome clínico acompañado de malestar subjetivo y/o deterioro funcional grave. Este criterio se aparta del proceder médico general, donde la ausencia de síntomas no excluye la enfermedad, como ocurre en hipertensión o cáncer incipiente. Bajo el DSM, es imposible diagnosticar un trastorno mental asintomático, lo que revela su carácter anticientífico.
Diversas corrientes psicológicas cuestionan la validez del malestar subjetivo como indicador de patología: la psicología existencial lo considera logro; la fenomenológica lo interpreta de forma neutra; la social lo atribuye a imposiciones culturales; y el psicoanálisis muestra que la intensidad del sufrimiento no guarda proporción con la gravedad del cuadro. Así, el enfoque del DSM no aplica el modelo médico, sino que lo contradice.
Este sistema ha llevado a rechazar diagnósticos potencialmente válidos, como formas leves del espectro bipolar, y a ampliar otros, como el TDAH y el PTSD complejo, impulsados por la atención mediática y la demanda social. El texto concluye que la psiquiatría debe abandonar la noción vacía de “trastorno mental” y recuperar el concepto científico de enfermedad, si pretende alinearse con la medicina moderna.



