El futuro DSM: el papel de los biomarcadores candidatos y los factores biológicos
En el marco de las deliberaciones del Comité Estratégico para el Futuro del DSM de la American Psychiatric Association (APA), el texto reflexiona sobre los retos y promesas de integrar medidas neurobiológicas objetivas en la práctica clínica.
Históricamente, el DSM ha dependido de agrupaciones de síntomas para definir trastornos, un enfoque útil para la comunicación entre profesionales pero limitado en su capacidad para reflejar la fisiopatología subyacente. El artículo subraya que, a excepción notable de la enfermedad de Alzheimer, la psiquiatría aún carece de biomarcadores con la sensibilidad y especificidad necesarias para un uso diagnóstico rutinario. No obstante, los autores argumentan que los avances en genética, neuroimagen, marcadores inflamatorios y fenotipado digital han comenzado a revelar patrones biológicos que atraviesan las categorías diagnósticas tradicionales.
Un concepto central del documento es la distinción entre un "biomarcador" plenamente validado y un "candidato a biomarcador". El texto señala que muchos hallazgos actuales, aunque prometedores, aún fallan en criterios de validez como la reproducibilidad, la fiabilidad y la utilidad clínica para la toma de decisiones. Para resolver este vacío, el Subcomité de Biomarcadores propone un marco estructurado y dinámico para evaluar la evidencia. Este proceso no busca reemplazar los síntomas clínicos, sino complementarlos, creando un sistema iterativo que integre gradualmente la evidencia biológica en los síndromes existentes.
El artículo destaca enfoques como el B-SNIP (Bipolar-Schizophrenia Network for Intermediate Phenotypes), que demuestra cómo la identificación de biotipos neurobiológicamente homogéneos puede ser más útil que las categorías actuales para predecir la respuesta al tratamiento.
Al movilizar recursos y armonizar metodologías traslacionales, la APA aspira a evolucionar hacia una clasificación que no solo describa el sufrimiento mental, sino que también identifique sus mecanismos biológicos, permitiendo intervenciones más precisas y personalizadas que mejoren la calidad de vida de los pacientes.
En última instancia, el texto concluye que el futuro del DSM reside en cerrar la brecha entre la neurociencia y la clínica.




