El futuro DSM: el papel de los biomarcadores candidatos y los factores biológicos

13 de febrero de 2026

En el marco de las deliberaciones del Comité Estratégico para el Futuro del DSM de la American Psychiatric Association (APA), el texto reflexiona sobre los retos y promesas de integrar medidas neurobiológicas objetivas en la práctica clínica.

Históricamente, el DSM ha dependido de agrupaciones de síntomas para definir trastornos, un enfoque útil para la comunicación entre profesionales pero limitado en su capacidad para reflejar la fisiopatología subyacente. El artículo subraya que, a excepción notable de la enfermedad de Alzheimer, la psiquiatría aún carece de biomarcadores con la sensibilidad y especificidad necesarias para un uso diagnóstico rutinario. No obstante, los autores argumentan que los avances en genética, neuroimagen, marcadores inflamatorios y fenotipado digital han comenzado a revelar patrones biológicos que atraviesan las categorías diagnósticas tradicionales.

Un concepto central del documento es la distinción entre un "biomarcador" plenamente validado y un "candidato a biomarcador". El texto señala que muchos hallazgos actuales, aunque prometedores, aún fallan en criterios de validez como la reproducibilidad, la fiabilidad y la utilidad clínica para la toma de decisiones. Para resolver este vacío, el Subcomité de Biomarcadores propone un marco estructurado y dinámico para evaluar la evidencia. Este proceso no busca reemplazar los síntomas clínicos, sino complementarlos, creando un sistema iterativo que integre gradualmente la evidencia biológica en los síndromes existentes.

El artículo destaca enfoques como el B-SNIP (Bipolar-Schizophrenia Network for Intermediate Phenotypes), que demuestra cómo la identificación de biotipos neurobiológicamente homogéneos puede ser más útil que las categorías actuales para predecir la respuesta al tratamiento.

Al movilizar recursos y armonizar metodologías traslacionales, la APA aspira a evolucionar hacia una clasificación que no solo describa el sufrimiento mental, sino que también identifique sus mecanismos biológicos, permitiendo intervenciones más precisas y personalizadas que mejoren la calidad de vida de los pacientes.

En última instancia, el texto concluye que el futuro del DSM reside en cerrar la brecha entre la neurociencia y la clínica.

Por Alfredo Calcedo 29 de junio de 2026
El presente estudio evaluó si la potenciación farmacológica de los ritmos cerebrales dependientes del sueño mediante el hipnótico zolpidem, podría restaurar la oscilación lenta cortical, mejorar la duración del sueño No REM (NREM) y reducir la amiloide en ratones jóvenes APP/PS1 (proteína precursora amiloide/presenilina 1). Resultados: La administración aguda de zolpidem aumentó la potencia de la oscilación lenta y la duración del sueño. La administración crónica redujo la carga de placa amiloide, alivió la neuroinflamación, aumentó la densidad sináptica inhibitoria, normalizó la homeostasis del calcio neuronal y mejoró la memoria contextual sin afectar las funciones locomotoras ni cognitivas generales. Estos resultados resaltan el potencial terapéutico de restaurar los ritmos cerebrales dependientes del sueño para frenar la amiloidosis. En resumen, el zolpidem restauró el sueño NREM y recuperó el ritmo cerebral dependiente del sueño, la oscilación lenta. La administración de zolpidem redujo la carga de placas amiloides corticales, atenuó la sobrecarga de calcio neuronal y mejoró la recuperación contextual dependiente del sueño sin efectos adversos sobre la locomoción. Esto respalda el potencial terapéutico del zolpidem como estrategia de intervención en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.
Por Alfredo Calcedo 29 de junio de 2026
Las personas con esquizofrenia presentan a menudo mala calidad del sueño, ansiedad y síntomas depresivos, factores que pueden agravar su malestar general y dificultar la recuperación funcional. En este contexto, los autores exploran si el “sonido blanco” puede actuar como una intervención sencilla, no farmacológica y complementaria al tratamiento habitual. Para ello realizaron un análisis retrospectivo con 212 pacientes con esquizofrenia, divididos en dos grupos de 106 personas. El grupo control recibió únicamente tratamiento farmacológico estándar, mientras que el grupo de intervención escuchó sonido blanco a una intensidad de 40–50 dB durante dos horas cada noche, a las 21:00, durante 12 semanas. Tras la intervención, los pacientes expuestos al sonido blanco mostraron una mejoría significativa en la latencia del sueño, la eficiencia del sueño y la puntuación global del Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh (PSQI). Además, presentaron menores puntuaciones de ansiedad y depresión, así como una reducción de los síntomas negativos frente al grupo control. El sonido blanco se muestra prometedor para mejorar la calidad del sueño y aliviar la ansiedad y la depresión en pacientes con esquizofrenia. En conjunto, el trabajo sugiere que el sonido blanco podría ser una herramienta útil, segura y accesible para mejorar la calidad del sueño y aliviar la ansiedad y la depresión en pacientes con esquizofrenia, aunque sus resultados deben interpretarse con prudencia por el diseño retrospectivo del estudio. En este artículo una persona con esquizofrenia y tinnitus cuenta su experiencia personal con el uso del ruido blanco y la mejoría experimentada en ambas patologías. Comentado en Psychiatric News.
Por Alfredo Calcedo 29 de junio de 2026
Las personas con psicosis presentan altas tasas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), que se asocia con un mal pronóstico. El objetivo de este estudio fue investigar la eficacia de una terapia centrada en el trauma integrada con terapia cognitivo-conductual para la psicosis (TCCp) en personas con psicosis. STAR fue un ensayo controlado aleatorizado pragmático, de grupos paralelos y ciego para el evaluador, realizado en cinco centros del Reino Unido. Se incluyeron 305 adultos con psicosis y TEPT.Los participantes fueron asignados a recibir el tratamiento habitual o una terapia centrada en el trauma integrada con terapia cognitivo-conductual para la psicosis, añadida al tratamiento habitual. La intervención fue flexible, individualizada, basada en la formulación clínica y con una duración de nueve meses. Los resultados muestran que la terapia fue muy aceptada: la gran mayoría de los pacientes asignados al grupo terapéutico se implicó en el tratamiento y recibió una dosis mínima adecuada. Además, produjo una reducción significativa de los síntomas de TEPT y beneficios en múltiples resultados secundarios, incluyendo cogniciones postraumáticas, disociación, delirios, paranoia, depresión, ansiedad, estrés, ideación suicida y recuperación psicológica. La remisión del TEPT fue más frecuente con la intervención que con el tratamiento habitual.No se observaron efectos claros sobre las voces, las ideas de referencia, el consumo de sustancias o el funcionamiento social. Tampoco aparecieron eventos adversos graves inesperados relacionados con el procedimiento. En conjunto, el estudio concluye que las terapias centradas en el trauma pueden ser seguras, aceptables y eficaces en personas con psicosis y TEPT, una población que no debería seguir siendo excluida de estas intervenciones psicológicas para tratar las secuelas de su trauma.