¿Es la atención de afirmación de género el último ejemplo de la politización de la psiquiatría?

21 de noviembre de 2025

El artículo examina si la atención de afirmación de género (AAG) constituye un ejemplo contemporáneo de politización de la psiquiatría. La autora plantea que, aunque AAG se presenta como un tratamiento médicamente necesario para personas trans, la evidencia científica que lo respalda es limitada y metodológicamente débil. Además, se señalan riesgos potenciales asociados, como infertilidad, disfunción sexual y efectos adversos a largo plazo.

Resumen del artículo

Objetivo: Fomentar el debate sobre si la atención afirmativa de género es una política gubernamental impuesta a los psiquiatras en las primeras décadas del siglo XXI. Conclusión: La atención afirmativa de género (AAG) es un enfoque de tratamiento altamente controvertido para menores con malestar de género. La AAG posee varias características únicas que potencialmente la definen como un movimiento político más que como una intervención sanitaria, entre ellas: su disponibilidad en función de la política gubernamental en lugar de la evidencia científica; la presión percibida sobre los profesionales clínicos para implementar la AAG; el uso obligatorio de símbolos visuales y lenguaje para señalar la adhesión al modelo en el ámbito laboral; y la participación de organizaciones activistas en la orientación de su implementación en los servicios de salud. La AAG se alinea con ejemplos históricos de politización de la psiquiatría al proporcionar una fachada para que los gobiernos implementen una agenda política impopular sin recurrir abiertamente a formas manifiestas de autoritarismo. Disfrazar la AAG como un tratamiento psiquiátrico logró obstaculizar el debate público al sugerir que los psiquiatras poseen un grado de conocimiento médico sobre el malestar de género del que carece la población. Los profesionales clínicos disidentes de la atención de afirmación de género (AAG) se enfrentan a presiones sociales y temen riesgos para su empleo y su registro médico. Dos sentencias recientes del Tribunal de Familia en Australia demuestran aún más los mecanismos por los cuales la AAG se mantiene vigente gracias a los profesionales clínicos activistas apoyados por una agenda gubernamental.

En resumen, el artículo sostiene que la implementación de AAG no responde únicamente a criterios médicos, sino que incorpora componentes políticos que afectan la autonomía profesional y reducen el espacio para el debate científico. La autora propone una discusión crítica sobre si estas políticas se ajustan a los principios éticos y científicos de la psiquiatría o si representan una nueva forma de su instrumentalización.


Por Alfredo Calcedo 5 de enero de 2026
El artículo reivindica el valor terapéutico del miedo , una emoción habitualmente considerada negativa tanto en la cultura popular como en ciertos ámbitos clínicos. El autor sostiene que los sentimientos no son buenos ni malos, sino datos que revelan la vida interior del individuo. Por ello, acceder a ellos favorece la autenticidad, tanto en artistas como en terapeutas. En el contexto creativo, el miedo actúa como catalizador: señala lo que realmente importa y alimenta la profundidad y relevancia de la obra artística. De igual modo, en la práctica clínica, integrar el miedo permite al profesional desarrollar una comprensión más genuina del paciente. A través de experiencias personales, el autor ilustra cómo el miedo, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en aliado. Recuerda su inseguridad inicial como terapeuta y cómo la aceptación de la incertidumbre le permitió coexistir con sus temores, transformándolos en parte de su competencia profesional. Asimismo, relata una vivencia como escalador, donde el miedo se reveló esencial para la supervivencia y la concentración, funcionando como una corriente que guía cada decisión. Esta experiencia le enseñó que el miedo no debe eliminarse, sino reconocerse como maestro y compañero. El texto concluye que la función del terapeuta no es erradicar el miedo del paciente creativo, sino ayudarle a explorar los significados que le atribuye, integrándolo como “materia prima” de su proceso artístico. Incluso los temores imaginarios —como fracasar en una obra— son señales de compromiso y deseo de trascendencia. Así, el miedo, lejos de ser un enemigo, se convierte en un recurso vital para la creatividad y el crecimiento personal, recordándonos que, como afirmó Jung, “donde está tu miedo, allí está tu tarea”.
Por Alfredo Calcedo 5 de enero de 2026
Estudio que investiga el efecto de la vacunación contra el herpes zóster en la probabilidad de recibir un diagnóstico de demencia . Resultados: En este estudio cuasiexperimental que utilizó datos de registros médicos electrónicos de Australia, ser elegible para la vacunación contra el herpes zóster basándose únicamente en la fecha de nacimiento redujo significativamente la probabilidad de recibir un nuevo diagnóstico de demencia durante 7,4 años en 1,8 puntos porcentuales. Conclusión: este estudio proporciona evidencia de un efecto beneficioso de la vacunación contra el herpes zóster para prevenir o retrasar la demencia que es más probable que sea causal que las asociaciones informadas en la evidencia existente.
Por Alfredo Calcedo 5 de enero de 2026
Un análisis de la psicopatología comienza por precisar qué entendemos por patología y cómo se distingue de la normalidad, lo que conduce a la pregunta esencial: ¿qué constituye una enfermedad mental? El texto analiza los términos illness (dolencia), disease (enfermedad) y disorder (trastorno), subrayando que no son equivalentes y que su uso indiscriminado genera confusión conceptual. El concepto moderno de enfermedad (disease) se fundamenta en el modelo clinicopatológico que considera la enfermedad como un síndrome clínico basado en la patología del cuerpo. No basta con un síndrome clínico; tampoco basta con una patología en un órgano: ambos factores deben coexistir. Este paradigma contrasta con la psiquiatría contemporánea, cuyo sistema diagnóstico —el DSM— se limita a describir signos y síntomas, sin referencia a una patología corporal, situándose en un marco premoderno. Luego está el término “dolencia” (illness). No es exactamente lo mismo que «enfermedad». Se puede tener una enfermedad y no saberlo. Se puede pensar que se tiene una enfermedad y no tenerla. El concepto de illness (dolencia) alude a la vivencia subjetiva de una persona ante una enfermedad física. Por su parte, disorder carece de significado científico: designa simplemente “algo que está mal”, sin precisar lesión orgánica ni conciencia del problema. La elección deliberada de esta palabra por los redactores del DSM-III en 1980 respondió al propósito de evitar compromisos teóricos, proclamando una postura “ateórica” que, en realidad, equivale a vacuidad conceptual. El DSM define “trastorno mental” como la presencia de un síndrome clínico acompañado de malestar subjetivo y/o deterioro funcional grave. Este criterio se aparta del proceder médico general, donde la ausencia de síntomas no excluye la enfermedad, como ocurre en hipertensión o cáncer incipiente. Bajo el DSM, es imposible diagnosticar un trastorno mental asintomático, lo que revela su carácter anticientífico. Diversas corrientes psicológicas cuestionan la validez del malestar subjetivo como indicador de patología: la psicología existencial lo considera logro; la fenomenológica lo interpreta de forma neutra; la social lo atribuye a imposiciones culturales; y el psicoanálisis muestra que la intensidad del sufrimiento no guarda proporción con la gravedad del cuadro. Así, el enfoque del DSM no aplica el modelo médico, sino que lo contradice. Este sistema ha llevado a rechazar diagnósticos potencialmente válidos, como formas leves del espectro bipolar, y a ampliar otros, como el TDAH y el PTSD complejo, impulsados por la atención mediática y la demanda social. El texto concluye que la psiquiatría debe abandonar la noción vacía de “trastorno mental” y recuperar el concepto científico de enfermedad, si pretende alinearse con la medicina moderna.