Exposición gestacional a antidepresivos y trastornos del neurodesarrollo en la descendencia

12 de enero de 2026

La depresión materna no tratada conlleva riesgos claros para el embarazo y el desarrollo fetal; por otro, los antidepresivos atraviesan la placenta y, potencialmente, pueden modificar procesos neurobiológicos en el cerebro en formación. El artículo examina la evidencia contemporánea sobre cómo la exposición prenatal a antidepresivos podría influir en la aparición de trastornos del neurodesarrollo (NDD, por sus siglas en inglés) en la descendencia.

El autor revisa dos metaanálisis recientes y tres estudios observacionales posteriores, con particular atención a los trastornos más investigados: el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En los análisis no ajustados —que reflejan mejor el riesgo “real” en poblaciones generales— la exposición gestacional a antidepresivos aparece asociada a un aumento de hasta el doble en la probabilidad de TEA y TDAH. Sin embargo, cuando los modelos estadísticos se ajustan para comprender relaciones causales y controlar factores de confusión relevantes, estas asociaciones se atenúan significativamente e incluso pueden perder significado estadístico.

El artículo enfatiza que gran parte del aparente riesgo podría explicarse por confusión por indicación: es decir, por la propia presencia de trastornos psiquiátricos maternos que motivan la prescripción del antidepresivo. Cuando se comparan embarazos expuestos y no expuestos dentro de mujeres con las mismas condiciones psiquiátricas, el riesgo desaparece o se reduce notablemente. Otros hallazgos que refuerzan la hipótesis de confusión incluyen asociaciones entre antidepresivos y NDD incluso cuando la exposición ocurre fuera del embarazo, o cuando el progenitor expuesto es el padre, lo cual apunta hacia la influencia de factores genéticos, ambientales o familiares más que a un efecto directo del fármaco.

Asimismo, los estudios con pares de hermanos discordantes muestran que la probabilidad de desarrollar un NDD se relaciona más con la presencia de un hermano afectado que con la exposición intrauterina a antidepresivos. Este patrón refuerza la idea de que los factores hereditarios y ambientales compartidos pesan más que el tratamiento farmacológico.

En conjunto, el artículo concluye que, aunque no puede descartarse por completo un posible impacto biológico de los antidepresivos sobre el neurodesarrollo, la mayor parte de la evidencia sugiere que los riesgos observados derivan principalmente de factores familiares y de la depresión materna misma. Por ello, se recomienda un proceso de toma de decisiones compartida, equilibrando los riesgos de la enfermedad no tratada frente a los potenciales riesgos —mucho menores de lo que sugieren los análisis no ajustados— de la farmacoterapia durante la gestación.


Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
El artículo plantea que, pese a los avances diagnósticos introducidos por la CIE-11 y el DSM-5, el trastorno de personalidad sigue siendo difícil de manejar porque carece de una teoría general que oriente de forma clara la evaluación y el tratamiento. El autor de este artículo propone que la teoría interpersonal puede cumplir esa función, al situar el núcleo del trastorno no solo en los rasgos internos, sino en la forma rígida, extrema y disfuncional en que una persona se relaciona con los demás. La teoría interpersonal se basa en cómo los humanos (y otras formas animales) afrontan el reto de relacionarse entre sí, buscando un equilibrio entre (a) la afiliación y (b) la dominancia (es decir, el deseo de relacionarse con los demás, pero también de controlarlos). Esto genera una representación dimensional de la personalidad organizada en torno a estos dos ejes principales, con los extremos (los polos) del eje de «afiliación» representados por «frío (hostil)» frente a «cálido (amistoso)» y los del eje de «dominancia» por «dominante» frente a «sumiso» en un diagrama circular. Las combinaciones de estas dos dimensiones pueden agruparse para producir variantes mixtas. En el centro del modelo se situaría la flexibilidad interpersonal; en los extremos, los estilos rígidos y repetitivos que caracterizan muchos trastornos de personalidad. El autor sugiere que la teoría interpersonal podría ser una buena opción, permitiendo a los profesionales abordar este trastorno con mayor eficacia. El objetivo de este artículo es ofrecer una breve introducción a esta teoría con la esperanza de que anime a los profesionales a explorar sus implicaciones con mayor profundidad.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Los autores revisan el lugar que ocupan los test de validez en el diagnóstico psiquiátrico y cuestionan varias ideas erróneas que limitan su uso clínico. Aunque estos instrumentos se han asociado tradicionalmente al ámbito forense, no deberían entenderse solo como herramientas para detectar simulación o engaño. Su utilidad principal es valorar si el paciente puede describir sus síntomas, quejas y limitaciones de forma razonablemente precisa, importante para formular un diagnóstico y planificar el tratamiento. ( Cambridge University Press & Assessmen t ) Es importante destacar que, en la práctica clínica, al interpretar las pruebas de validez, la terminología neutral, como «sobreestimación» y «bajo rendimiento», suele ser preferible —y más fácil de fundamentar— a términos como «simulación» y «engaño», que pueden evocar juicios morales y crear una barrera innecesaria para el uso de estas valiosas herramientas clínicas.
Por Alfredo Calcedo 10 de julio de 2026
Las enfermedades mentales posteriores a un infarto agudo de miocardio (IAM) son una preocupación creciente, ya que se asocian con peores resultados para los pacientes con IAM. Esta revisión sistemática y metaanálisis analiza la prevalencia y los factores de riesgo de depresión, ansiedad y TEPT después de un IAM, incluyendo solo estudios con diagnósticos formales de enfermedad mental (siguiendo criterios DSM). Resultados : La prevalencia combinada de depresión después de un IAM fue de 23,58%. Cuando se estratificó por tiempo desde un IAM, la prevalencia fue de 19,46% para aquellos evaluados dentro de los 3 meses y de 14,87% para aquellos evaluados después de 3 meses. La prevalencia combinada de ansiedad y TEPT fue del 11,96 % y del 10,26 %, respectivamente. Un análisis de subgrupos de prevalencia combinada adicional de depresión y ansiedad reveló tasas significativamente más altas en el sexo femenino (29,89%), en aquellos con hipertensión (25,01%), diabetes (25,01%) o hiperlipidemia (28,96%), y en fumadores (25,23%). Los resultados de la metarregresión indicaron que los antecedentes de depresión fueron un predictor significativo de la prevalencia de la depresión. Conclusiones: La prevalencia de enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), es notable tras un infarto agudo de miocardio (IAM). Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el sexo femenino, la hipertensión, la diabetes mellitus, la hiperlipidemia, el tabaquismo, los antecedentes de depresión y el contexto social. Comentario sobre depresión e IAM en mujeres en Redacción Médica