Un efecto secundario sutil y oscuro de la creencia en el libre albedrío

12 de enero de 2026

El artículo expone una línea de investigación que cuestiona una de las suposiciones más asentadas en la psicología moral: la idea de que creer en el libre albedrío fomenta inexorablemente actitudes prosociales y un mayor sentido de responsabilidad moral. Aunque tradicionalmente esta creencia se ha asociado con comportamientos éticos y con una mayor disposición a asumir las consecuencias de las propias acciones, el estudio reciente publicado en Applied Psychology revela que dicha convicción puede producir efectos menos evidentes y más problemáticos, especialmente en el ámbito de los prejuicios hacia grupos históricamente estigmatizados.

Según se detalla, los investigadores plantean que una fuerte creencia en la autonomía humana puede conducir a interpretaciones erróneas de fenómenos complejos, como la orientación sexual. En concreto, observaron que quienes sostienen firmemente que las personas eligen libremente sus actos tienden también a considerar que rasgos como la homosexualidad son fruto de una decisión personal. Esta percepción incrementa la probabilidad de que dichas personas atribuyan responsabilidad —e incluso culpa— a los hombres homosexuales por su orientación, lo que se traduce en actitudes menos favorables hacia ellos y en un sesgo que favorece implícitamente a los hombres heterosexuales.

En conjunto, el artículo revela que, lejos de ser un principio exclusivamente beneficioso, la creencia en el libre albedrío puede tener una dimensión oscura y silenciosa: la de reforzar prejuicios cuando la complejidad de aspectos identitarios se reduce a una elección voluntaria.

Comentado en Psypost


Por Alfredo Calcedo 12 de enero de 2026
Estimados compañeros/as, recordaros que el próximo Congreso Nacional de la SEPL ya está a la vuelta de la esquina. Como sabéis la sede será en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026. Por dificultades en la web actual de la SEPL hemos creado para este congreso una web paralela que acoja toda la información relativa al congreso (programa, inscripciones, alojamiento y participación mediante póster). El enlace de contacto con esta nueva Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ El programa podéis consultarlo en esta dirección: https://psiquiatrialegal2026.com/programa/  Recuerda apuntar en tu agenda las fechas del congreso. Ya puedes hacer la inscripción al Congreso. ¡Nos vemos!
Por Alfredo Calcedo 12 de enero de 2026
La depresión materna no tratada conlleva riesgos claros para el embarazo y el desarrollo fetal; por otro, los antidepresivos atraviesan la placenta y, potencialmente, pueden modificar procesos neurobiológicos en el cerebro en formación. El artículo examina la evidencia contemporánea sobre cómo la exposición prenatal a antidepresivos podría influir en la aparición de trastornos del neurodesarrollo (NDD, por sus siglas en inglés) en la descendencia. El autor revisa dos metaanálisis recientes y tres estudios observacionales posteriores, con particular atención a los trastornos más investigados: el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). En los análisis no ajustados —que reflejan mejor el riesgo “real” en poblaciones generales— la exposición gestacional a antidepresivos aparece asociada a un aumento de hasta el doble en la probabilidad de TEA y TDAH. Sin embargo, cuando los modelos estadísticos se ajustan para comprender relaciones causales y controlar factores de confusión relevantes, estas asociaciones se atenúan significativamente e incluso pueden perder significado estadístico. El artículo enfatiza que gran parte del aparente riesgo podría explicarse por confusión por indicación: es decir, por la propia presencia de trastornos psiquiátricos maternos que motivan la prescripción del antidepresivo. Cuando se comparan embarazos expuestos y no expuestos dentro de mujeres con las mismas condiciones psiquiátricas, el riesgo desaparece o se reduce notablemente. Otros hallazgos que refuerzan la hipótesis de confusión incluyen asociaciones entre antidepresivos y NDD incluso cuando la exposición ocurre fuera del embarazo, o cuando el progenitor expuesto es el padre, lo cual apunta hacia la influencia de factores genéticos, ambientales o familiares más que a un efecto directo del fármaco. Asimismo, los estudios con pares de hermanos discordantes muestran que la probabilidad de desarrollar un NDD se relaciona más con la presencia de un hermano afectado que con la exposición intrauterina a antidepresivos. Este patrón refuerza la idea de que los factores hereditarios y ambientales compartidos pesan más que el tratamiento farmacológico. En conjunto, el artículo concluye que, aunque no puede descartarse por completo un posible impacto biológico de los antidepresivos sobre el neurodesarrollo, la mayor parte de la evidencia sugiere que los riesgos observados derivan principalmente de factores familiares y de la depresión materna misma. Por ello, se recomienda un proceso de toma de decisiones compartida, equilibrando los riesgos de la enfermedad no tratada frente a los potenciales riesgos —mucho menores de lo que sugieren los análisis no ajustados— de la farmacoterapia durante la gestación.
Por Alfredo Calcedo 12 de enero de 2026
El artículo explora un fenómeno sorprendente pero cada vez mejor documentado: la tendencia de las parejas a compartir diagnósticos de salud mental. Partiendo del conocido refrán “Dios los cría y ellos se juntan” (“birds of a feather flock together”), la autora propone que la atracción romántica y la satisfacción en la relación no solo se apoyan en afinidades como valores, creencias o gustos, sino también —de forma más inesperada— en la coincidencia de determinados trastornos psiquiátricos. Aunque la idea no es completamente nueva y ya había sido considerada en estudios entre los años sesenta y ochenta, nunca antes se había investigado con la amplitud y diversidad cultural que ofrece la investigación reciente. El estudio citado analizó datos de cinco millones de parejas en tres países: Taiwán, Dinamarca y Suecia. A través de registros nacionales de salud, los investigadores evaluaron la presencia de nueve trastornos psiquiátricos —entre ellos depresión, ansiedad, trastornos por uso de sustancias, bipolaridad, anorexia nerviosa, TDAH, autismo, trastorno obsesivo‑compulsivo y esquizofrenia— para determinar hasta qué punto aparecían compartidos dentro de la pareja. Los resultados fueron consistentes: las personas diagnosticadas con algún trastorno psiquiátrico tenían mayor probabilidad de estar casadas con alguien que presentara el mismo diagnóstico o uno similar que con una persona sin diagnóstico. Esta tendencia se observó transversalmente a las tres poblaciones, lo que sugiere un patrón robusto y generalizable. Para explicar este fenómeno, el artículo sugiere varias teorías psicológicas. La primera, el apareamiento selectivo, plantea que tendemos a elegir parejas semejantes a nosotros. Esta semejanza no solo abarca rasgos sociales o de personalidad, sino también características cognitivas o clínicas, lo que facilita la comprensión mutua y la armonización de estilos de vida. La proximidad constituye otra dimensión fundamental: las relaciones emergen con más facilidad entre personas que comparten entornos. Si quienes viven con ciertos diagnósticos frecuentan ambientes afines —por ejemplo, personas con trastorno por uso de sustancias que coinciden en lugares donde estas conductas son habituales—, se incrementa la probabilidad de interactuar con potenciales parejas que enfrentan retos semejantes. La teoría del apego añade un componente emocional. Los vínculos tempranos con los cuidadores configuran patrones que influyen en la elección de pareja adulta. Así, quienes desarrollan un apego ansioso pueden sentirse atraídos por personas con estilos similares o por quienes ofrecen la intensidad emocional que buscan, aunque no siempre se trate de relaciones equilibradas. Finalmente, la teoría de la identidad social sostiene que la pertenencia grupal fortalece la autoestima; compartir un diagnóstico puede funcionar como un elemento identitario que facilita la identificación mutua, el entendimiento y la validación emocional. Los autores señalan limitaciones del estudio: no se conoce el orden entre el inicio de la relación y el diagnóstico, por lo tanto, no es posible determinar si la similitud se debe a un proceso de elección consciente o a cambios que ocurrieron durante la convivencia. Puede existir sesgo clínico al compartir médico y, al ser un estudio observacional, no pueden identificarse las posibles causas. Los resultados de este estudio reciente solo nos indican si las parejas comparten diagnósticos psiquiátricos. No nos indican la calidad ni la duración de la relación, ni tienen en cuenta las diferencias individuales que también pueden afectarla.