“Las personas que sobreviven al cáncer tienen menos probabilidades de desarrollar Alzheimer; esta podría ser la razón”

10 de febrero de 2026

Diversos estudios poblacionales han señalado que quienes sobreviven a un cáncer presentan una menor probabilidad de desarrollar Alzheimer, y que, de forma inversa, las personas con Alzheimer tienen menos riesgo de padecer cáncer. Hasta fechas recientes, esta relación inversa carecía de una explicación biológica convincente.

El artículo presenta resultados de un estudio experimental en modelos animales que aporta una hipótesis para este fenómeno. En ratones genéticamente modificados para desarrollar placas amiloides —una de las características patológicas centrales del Alzheimer—, la implantación de tumores humanos de pulmón, próstata y colon detuvo la acumulación habitual de dichas placas en el cerebro. En algunos casos, esta reducción se acompañó de mejoras en el rendimiento de pruebas de memoria, lo que sugiere un efecto funcional y no meramente histológico.

El mecanismo propuesto se centra en la proteína cistatina C, liberada por los tumores al torrente sanguíneo. Según el estudio, esta proteína sería capaz de atravesar la barrera hematoencefálica y unirse a pequeños agregados de beta-amiloide en el cerebro. Al hacerlo, marcaría estos agregados para su eliminación por las microglías, las células inmunitarias residentes del sistema nervioso central. La activación del receptor Trem2 en estas células parece desempeñar un papel clave, al potenciar un estado microglial más eficiente en la limpieza de placas.

El artículo subraya que este hallazgo no implica que el cáncer sea beneficioso, sino que ilustra los compromisos biológicos que caracterizan a los sistemas vivos: procesos perjudiciales en un contexto pueden tener efectos inesperadamente protectores en otro. Finalmente, se advierte que los resultados proceden de modelos en ratones y que su extrapolación a humanos requiere cautela. No obstante, el trabajo abre una vía prometedora para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas contra el Alzheimer, inspiradas en los mecanismos moleculares activados por ciertos tumores.


Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El consumo de cannabis suele comenzar en la adolescencia y la adultez temprana, cuando generalmente se desarrollan la ansiedad, la depresión, la psicosis y el trastorno bipolar. Los jóvenes de entre 15 y 25 años que consumen cannabis a diario y desarrollan un trastorno por consumo de cannabis presentan una mayor prevalencia de estos trastornos mentales. Este estudio (publicado en TheLancet) evalúa la coherencia de la evidencia proveniente de estudios epidemiológicos, genéticos, experimentales y preclínicos para analizar la relación entre el consumo diario de cannabis y el aumento de la incidencia, la prevalencia y la persistencia de la psicosis, el trastorno bipolar, la ansiedad, la depresión y las conductas suicidas. La conclusión más sólida aparece en la psicosis. El consumo diario, especialmente en jóvenes y en quienes desarrollan trastorno por consumo de cannabis, muestra una relación consistente y creíble como factor contributivo. El riesgo parece mayor cuando el uso es frecuente, temprano y problemático. En cambio, la evidencia sobre trastorno bipolar es menos abundante, aunque apunta a un posible empeoramiento de los síntomas. Para depresión, ansiedad y conducta suicida, el panorama es más incierto: las asociaciones existen, pero podrían explicarse por automedicación, vulnerabilidades compartidas o relaciones bidireccionales. El texto no plantea una visión alarmista, sino prudente. Reclama prevención en jóvenes, cribado clínico del consumo problemático y tratamientos integrados para quienes presentan simultáneamente trastorno mental y trastorno por consumo de cannabis.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
El TDAH en niñas y mujeres suele pasar desapercibido porque, a diferencia de los varones, no siempre se manifiesta con hiperactividad visible, sino con síntomas más silenciosos: inatención, despistes, dificultad para organizarse, problemas de concentración, olvidos y sensación constante de no llegar a todo. Esta forma menos evidente favorece el retraso diagnóstico y alimenta etiquetas injustas como “vaga”, “dejada” o “distraída”, cuando en realidad se trata de un funcionamiento cerebral diferente. El artículo ( Diario Médico ) subraya que existe un sesgo de género en la detección del TDAH. Aunque afecta a hombres y mujeres, ellos reciben muchos más diagnósticos, mientras que ellas tienden a enmascarar los síntomas y a expresar la disregulación emocional de forma interna, con ansiedad, tristeza o baja autoestima. Esto puede llevar a diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados. Los especialistas destacan la importancia del diagnóstico precoz, la coordinación con los centros educativos y un abordaje individualizado, multimodal, farmacológico, psicológico, psicopedagógico y familiar. También se señala que los cambios hormonales pueden influir en la eficacia del tratamiento. El texto concluye con el ejemplo de Andrea, una niña con TDAH inatento, cuya historia muestra cómo la comprensión y la aceptación pueden transformar la invisibilidad en oportunidad.
Por Alfredo Calcedo 26 de junio de 2026
Las personas con trastorno mental grave (TMG), incluidos los trastornos del espectro de la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, presentan tasas elevadas de comorbilidad física y mortalidad prematura. Este estudio transversal poblacional liderado por el Hospital Clínic y el Idibaps de Barcelona analiza la asociación de la demencia y el ictus isquémico en las personas con EMG. Resultados: La prevalencia de demencia fue del 3,49 % en las personas con EMG y del 0,36 % en los controles. La prevalencia de accidente cerebrovascular isquémico fue del 5,3 % en las personas con EMG y del 2,75 % en los controles. La asociación entre TMG y demencia fue significativa en todos los grupos de edad, con la asociación más fuerte observada en edades más jóvenes a los 30-39 años. El riesgo para accidente cerebrovascular se mantuvo hasta los 70-79 años, alcanzando su punto máximo a los 40-49 años. En resumen, el estudio indica que las personas con TMG presentan un mayor riesgo de desarrollar demencia en todas las edades y también un mayor riesgo de ictus, especialmente en las etapas jóvenes y medias de la vida. Estos hallazgos resaltan la necesidad de una detección y un manejo neurológico y cardiometabólico más tempranos y sistemáticos dentro de las políticas de atención y apoyo psiquiátrico que reconocen los trastornos mentales graves como factores de riesgo para enfermedades vasculares y demencia. Comentado en Diario Médico .