Limitaciones y futuras direcciones del tratamiento farmacológico para el trastorno por consumo de estimulantes de tipo anfetamínico

26 de febrero de 2026

La adicción a los estimulantes, como la adicción a drogas como las anfetaminas, es un problema de salud pública creciente, pero hay muy pocos medicamentos efectivos para tratarla.

Este artículo analiza por qué los tratamientos que funcionan para otras adicciones, como los opioides, son menos efectivos para los estimulantes. 

Una de las principales limitaciones identificadas reside en la inconsistencia de los resultados clínicos de diversos agentes farmacológicos. Sustancias como el modafinilo, que en fases iniciales generaron expectativas optimistas, han demostrado en estudios controlados una eficacia limitada para reducir significativamente el consumo o mitigar el deseo compulsivo (craving). Este fenómeno se atribuye, en parte, a la complejidad neurobiológica de los estimulantes, cuya interacción con los sistemas de recompensa dopaminérgicos y noradrenérgicos presenta mecanismos de adaptación distintos a los de otras sustancias.

También destaca los desafíos que enfrentan los investigadores, como las diferencias en los métodos de estudio y la omisión de problemas comunes como los problemas de salud mental o el uso de múltiples sustancias, lo que dificulta la generalización de los hallazgos.

Además, el enfoque tradicional centrado exclusivamente en la abstinencia total como único indicador de éxito ha comenzado a ser cuestionado. Se propone, en su lugar, una transición hacia modelos de reducción de daños que prioricen la mejora de la calidad de vida y el bienestar social del paciente.

Finalmente, si bien la terapia sigue siendo el tratamiento más efectivo, no siempre es accesible. Este artículo hace un llamado a enfoques nuevos e innovadores que prioricen la reducción de daños, la seguridad y la recuperación a largo plazo.

Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Estimados compañeros/as, os recordamos de nuevo el próximo Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026.  Se ha ampliado el plazo para a enviar posters al congreso hasta el próximo dia 15 de abril. En esta dirección podéis encontrar la normativa para el envío de Posters: https://psiquiatrialegal2026.com/envio-de-poster/ El enlace de contacto con la Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ ¡Todavía estás a tiempo para enviar posters al congreso antes que finalice el plazo de envío¡ El Congreso está ya “a la vuelta de la esquina”, no os olvidéis en apuntaros al congreso ¡Nos vemos en Vitoria!
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Las mujeres embarazadas con esquizofrenia persistente y trastornos relacionados pueden requerir tratamiento antipsicótico continuo, incluida la clozapina. Sin embargo, los riesgos potenciales del uso de clozapina durante el embarazo y el período posnatal siguen siendo inciertos. Este estudio de casos y controles anidado evaluó los resultados del embarazo en mujeres australianas diagnosticadas de esquizofrenia y tratadas con clozapina (n = 14) durante el primer trimestre . Estas mujeres se compararon con dos subgrupos: las tratadas con quetiapina (n= 53) y las que no tomaron ningún medicamento (n= 24) durante el embarazo. Resultados: Abordando las limitaciones de estudios previos, este estudio representa un esfuerzo en este sentido y ofrece algunas perspectivas informativas, aunque tentativas, que son coherentes con estudios anteriores. En comparación con la ausencia de medicación y la quetiapina, la clozapina podría asociarse con un mayor riesgo de ciertos resultados adversos tanto para la madre como para el bebé, incluyendo abortos espontáneos, diabetes gestacional y bajo peso al nacer. Los resultados neonatales, incluyendo la edad gestacional al nacer, la puntuación de Apgar y el ingreso a la UCE/UCIN (Unidad de Cuidados Especiales Neonatales o Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, respectivamente), no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos.
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Artículo de opinión que analiza como los profesionales distinguen el duelo de la depresión; cuándo la tristeza deja de ser una respuesta natural ante la pérdida, para convertirse en un trastorno psiquiátrico El artículo recorre la evolución de las clasificaciones diagnósticas y muestra cómo el duelo ha pasado progresivamente de ser entendido como una experiencia universal a ser, en ciertos casos, objeto de medicalización. La evolución del DSM eliminó la exclusión por duelo en 2013, introdujo el trastorno de duelo prolongado en el DSM-5-TR con umbral de adulto de > 12 meses, y contrasta con la definición de ≥6 meses de la CIE-11. Esta delimitación no es neutral: implica decidir cuánto sufrimiento es aceptable antes de ser etiquetado como enfermedad. Se señala la dificultad de trazar una frontera clara entre duelo y depresión. Aunque comparten síntomas, el duelo conserva rasgos diferenciales: una tristeza intermitente ligada al recuerdo del fallecido, la preservación de la autoestima y la capacidad de experimentar emociones positivas. En contraste, la depresión se presenta como un estado generalizado de ánimo bajo, inutilidad y autodesprecio. Esta distinción, aunque clínicamente útil, revela la fragilidad de las categorías diagnósticas. La atención multimodal —psicoterapia, grupos de duelo, reimplicación social y uso sensato de los antidepresivos— puede restaurar el apetito, la actividad y la conexión relacional cuando el duelo se vuelve incapacitante o clínicamente indistinguible de la depresión. El artículo también introduce una dimensión cultural: no todo duelo intenso es patológico, y su expresión varía según contextos sociales, religiosos y personales. Las clasificaciones modernas intentan reconocer esta variabilidad, pero siguen operando bajo criterios estandarizados que pueden simplificar experiencias complejas. En última instancia, el texto advierte sobre el riesgo de patologizar el sufrimiento humano. Convertir el duelo en diagnóstico puede facilitar el acceso a tratamiento, pero también puede reducir la riqueza de una experiencia profundamente humana a un conjunto de síntomas. Así, la pregunta “¿cuán triste es demasiado triste?” queda abierta, no como un problema puramente médico, sino como un dilema ético y cultural sobre los límites de la psiquiatría.