Perspectiva médico-legal de la imputabilidad penal en personas con trastorno mental

11 de marzo de 2026

Estudio descriptivo que analiza mediante una revisión bibliográfica la relación entre los trastornos mentales y la imputabilidad penal. Se incluyeron resoluciones dictadas en España en las que se reconocía la existencia de un trastorno mental clínicamente diagnosticado y se realizó un análisis del tipo de delito, el diagnóstico psiquiátrico, el grado de imputabilidad penal y la pena impuesta.

Resultado: los trastornos psicóticos fueron más frecuentes en delitos de homicidio, mientras que los trastornos de la personalidad predominaron en agresiones sexuales. La mayoría de los acusados fueron considerados plenamente imputables, incluso en presencia de un trastorno mental grave. La semiimputabilidad no supuso una reducción sustancial de las penas, y el internamiento psiquiátrico se aplicó únicamente en casos de inimputabilidad. La psicopatía, aunque identificable en algunos perfiles clínico-delictivos, no apareció como diagnóstico formal en ninguna resolución.

Discusión: los hallazgos muestran una aplicación restrictiva de la eximente por trastorno mental en el sistema judicial español, en línea con el modelo mixto de valoración de la imputabilidad. A pesar del reconocimiento de psicopatología, la respuesta penal prioriza la prisión ordinaria sobre las medidas terapéuticas. Se evidencia la necesidad de herramientas diagnósticas más específicas y de recursos forenses y penitenciarios adecuados para integrar el enfoque clínico y jurídico en la evaluación de la responsabilidad penal.

Por Alfredo Calcedo 25 de abril de 2026
El artículo plantea cómo los programas de telerrealidad o “reality show” han cambiado la forma en que la psiquiatría aparece ante el público, con efectos ambivalentes. Puede acercar la salud mental a millones de personas, pero también deformarla. En algunos casos se ha convertido en parte del espectáculo, lo que puede reforzar estereotipos o trivializar problemas complejos. Programas donde aparecen terapeutas, diagnósticos o sesiones de tratamiento han ayudado a normalizar que pedir ayuda no es algo vergonzoso. Al ver conflictos emocionales, traumas o terapia en pantalla, algunos espectadores pueden sentirse menos solos y más dispuestos a buscar apoyo. Pero esa misma exposición tiene riesgos. La televisión convierte el sufrimiento en espectáculo, simplifica problemas complejos y a veces muestra tratamientos como soluciones rápidas o modas, creando expectativas irreales. También puede difundir información dudosa, reforzar estigmas, afectar la imagen corporal, influir conductas e incluso descuidar la salud mental de quienes participan en estos programas. El texto no concluye que la telerrealidad sea aliada o enemiga, sino ambas cosas. Propone que los psiquiatras hablen con sus pacientes sobre estos contenidos y usen esas conversaciones para corregir ideas falsas y promover una comprensión más realista del tratamiento. ( Psychiatric Times) .
Por Alfredo Calcedo 24 de abril de 2026
El artículo cuenta la historia de un peón de limpieza que, tras sufrir un accidente laboral en 2018, estuvo de baja médica durante el tiempo máximo permitido. Cuando esa baja se agotó en junio de 2020, la empresa lo dio de baja en la Seguridad Social. Poco después, el INSS le reconoció una incapacidad permanente total, lo que hizo que el trabajador entendiera que su relación laboral había quedado en suspenso. Durante los dos años siguientes intentó volver a la empresa en un puesto adaptado, pero no lo consiguió. En 2022, la Seguridad Social revisó su situación médica, consideró que había mejorado y le retiró la pensión. Fue entonces cuando el trabajador pidió reincorporarse y, al no lograrlo, reclamó por despido. Los tribunales rechazaron su demanda porque había pasado demasiado tiempo. El Tribunal Supremo confirmó que el plazo para reclamar un despido es de 20 días hábiles desde la baja en la Seguridad Social, no desde la retirada posterior de la incapacidad, y que reclamar 30 meses después ya no es válido. ( noticiastrabajo.huffingtonpost.es ) 
Por Alfredo Calcedo 24 de abril de 2026
El artículo presenta la vida de Juan, un personaje ficticio que sirve para explicar cómo evoluciona a lo largo de la vida una persona con esquizofrenia. La vida de Juan nos permite entender la esquizofrenia no solo como crisis aisladas, sino como un desafío constante en el aprendizaje y la autonomía. Desde niño, Juan mostró dificultades para memorizar y conductas peculiares. En su juventud, el consumo de cannabis y el aislamiento social precedieron a su primer brote psicótico, marcando un antes y un después en su capacidad mental. Juan experimenta síntomas como escuchar voces o sentir que otros quieren hacerle daño, lo que le genera miedo y confusión. Estas experiencias afectan su manera de relacionarse y su capacidad para llevar una vida cotidiana. Con el tiempo, Juan no solo recibe tratamiento, sino que también aprende a comprender lo que le ocurre. Poco a poco desarrolla estrategias para convivir con los síntomas, apoyándose en profesionales y en su entorno. El artículo destaca que la recuperación no significa desaparecer la enfermedad, sino avanzar hacia una vida con sentido, autonomía y metas propias. A lo largo de su madurez, Juan enfrenta un deterioro cognitivo que le dificulta hacer las tareas cotidianas y tener un empleo estable. Sin embargo, gracias a programas de rehabilitación y el apoyo de un piso tutelado, logra mantener cierta calidad de vida. Su historia termina a los 70 años debido a problemas cardiovasculares, reflejando la menor esperanza de vida de las personas con esquizofrenia. En definitiva, el relato de Juan subraya que, más allá de los delirios, el tratamiento debe priorizar las funciones emocionales y cognitivas para favorecer una vida digna y autónoma.