¿Puede la inteligencia influir en los comportamientos relacionados con el alcohol, el tabaco y la actividad física?
Parece razonable suponer que las personas con altos niveles de inteligencia son más conscientes de los factores de riesgo y, por lo tanto, eligen un estilo de vida más saludable. Pero ¿esta suposición es cierta?
Para responder a esta pregunta y a partir de grandes bases de datos genéticos, este estudio observa cómo la inteligencia, estimada a través de marcadores genéticos, se relaciona con el consumo de alcohol, el tabaquismo y la actividad física. Los resultados dibujan un panorama mixto. Por un lado, una mayor inteligencia parece proteger frente a la dependencia del alcohol y los trastornos relacionados con su consumo. También se asocia con menos probabilidad de fumar y con una mayor facilidad para dejar el tabaco.
Sin embargo, los hallazgos son inesperados en otro aspecto: las personas con mayor inteligencia tienden a caminar menos y a practicar con menor frecuencia actividad física moderada o intensa. Este resultado contradice la idea habitual de que la inteligencia siempre va de la mano de estilos de vida más activos.
Los autores subrayan que la relación entre inteligencia y salud es compleja y no siempre lineal. Aunque la inteligencia puede favorecer decisiones más saludables en algunos ámbitos, no garantiza conductas positivas en todos. Además, reconocen limitaciones del estudio y la posibilidad de causalidad inversa, por lo que recomiendan interpretar los resultados con cautela y seguir investigando.





