Redefinir el TLP

15 de julio de 2025

El artículo explora el debate creciente entre profesionales de la salud mental sobre si el trastorno límite de la personalidad (TLP) debería ser reclasificado como un trastorno por trauma, específicamente como trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C). Esta discusión surge del reconocimiento de que muchas personas diagnosticadas con TLP, especialmente mujeres, tienen antecedentes de abuso y trauma infantil. El TLP se caracteriza por dificultades emocionales, cambios de humor intensos, autolesiones, pensamientos suicidas y una imagen personal inestable.

La doctora Karen Williams, que dirige una clínica especializada en trauma para mujeres, sostiene que el diagnóstico de TLP es profundamente marcado por el género, y que muchas mujeres con este diagnóstico han sufrido abusos. En contraste, los hombres con experiencias traumáticas similares suelen recibir el diagnóstico de TEPT. Williams afirma que no hay síntomas en el TLP que no estén también presentes en el TEPT.

La profesora Jayashri Kulkarni y la doctora Eveline Mu están desarrollando tratamientos farmacológicos que apuntan a la neuroquímica alterada por el trauma, como el sistema de glutamato. Están probando el uso de memantina, un medicamento aprobado para el Alzheimer, en pacientes con TLP/TEPT-C. Su hipótesis es que el trauma crónico altera el funcionamiento cognitivo a través del sistema glutamatérgico.

Williams critica los entornos hospitalarios tradicionales, donde las mujeres con síntomas agudos comparten espacios con hombres en crisis, lo que puede agravar el trauma. Su clínica ofrece un programa de tres semanas centrado en el autocuidado, el ejercicio y la educación sobre relaciones saludables. Los resultados han sido positivos, con pacientes que recuperan funcionalidad y autoestima.

Mientras algunos expertos abogan por abandonar el término TLP por su carga moral y estigmatizante, otros como Chanen defienden su utilidad clínica. Él argumenta que el TLP refleja problemas de identidad y relaciones que no siempre derivan del trauma. Además, advierte que cambiar el nombre podría invalidar la experiencia de quienes no han sufrido abusos.

La psiquiatra Loyola McLean sugiere que el TLP y el TEPT-C podrían representar aspectos distintos de una misma condición. Reconoce que el trauma temprano tiene un impacto profundo en el desarrollo físico y psicológico, y que la medicina occidental aún lucha por integrar cuerpo y mente

Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
En esta entrevista realizada durante el congreso de la American Psychiatric Association (APA), el psiquiatra Roger McIntyre analiza una de las formas más difíciles de identificar del trastorno bipolar: los episodios con características mixtas. Se trata de situaciones en las que síntomas depresivos y síntomas maníacos aparecen al mismo tiempo, algo que puede generar gran confusión tanto en los pacientes como en los profesionales. McIntyre explica que muchas personas no presentan una manía “clásica”, sino una mezcla de tristeza, desesperanza y falta de energía junto con irritabilidad, agitación, pensamientos acelerados, ansiedad intensa o dificultad para dormir. Estos cuadros suelen ser mal diagnosticados porque pueden parecer una depresión común o incluso otros trastornos psiquiátricos. El especialista destaca que reconocer estas características mixtas es fundamental, ya que se asocian a una mayor gravedad clínica, peor funcionamiento diario y un riesgo más elevado de suicidio. Por ello, recomienda que los médicos investiguen de forma específica la presencia de síntomas de ambos polos del trastorno bipolar durante la evaluación. En cuanto al tratamiento, señala que no todos los medicamentos funcionan igual en estos pacientes. Los antidepresivos, que a menudo se utilizan como monoterapia, con frecuencia no son eficaces o desestabilizan a los pacientes con trastornos mixtos; los psicoestimulantes pueden desestabilizar los estados mixtos o de ciclo rápido, y el valproato carece de eficacia en la depresión bipolar o en el tratamiento de mantenimiento, con un riesgo teratogénico sustancial. Las opciones respaldadas por la evidencia se centran en los antipsicóticos de segunda generación con datos de características mixtas (por ejemplo, cariprazina; lumateperona /lurasidona en la depresión bipolar con características mixtas; olanzapina-samidorfán para reducir la vulnerabilidad metabólica) y el litio. El objetivo es controlar simultáneamente los síntomas depresivos y maníacos, reducir el sufrimiento y prevenir nuevas recaídas.
Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
El artículo cuestiona la tendencia de considerar las llamadas adicciones conductuales como equivalentes a los trastornos por consumo de sustancias . Los autores señalan que gran parte de la investigación en este campo parte de la idea de que ambos fenómenos son esencialmente iguales, por lo que se utilizan las mismas teorías, métodos de estudio y herramientas de evaluación desarrolladas para las adicciones a drogas. Sin embargo, advierten que este enfoque presenta importantes problemas. Si cualquier conducta que pueda realizarse de forma excesiva —como comer, trabajar, hacer ejercicio o usar el teléfono móvil— se interpreta como una adicción, se corre el riesgo de patologizar comportamientos cotidianos y trivializar el significado real de la adicción. Además, recuerdan que la frecuencia con la que una persona realiza una actividad no demuestra por sí sola la existencia de una enfermedad. Una conducta puede ser muy frecuente sin generar problemas, mientras que el malestar asociado a ella puede estar influido por valores personales, creencias morales o normas sociales. Los autores también critican la comparación directa entre sustancias psicoactivas y comportamientos, ya que las drogas producen efectos biológicos específicos y procesos de adaptación corporal que no están claramente demostrados en muchas conductas consideradas adictivas. Como conclusión, defienden que la investigación sobre las adicciones conductuales debe desarrollar modelos propios, centrados en comprender las experiencias reales de las personas afectadas. En lugar de copiar los paradigmas de las adicciones a sustancias, proponen explorar nuevos enfoques que permitan explicar mejor estos problemas y ofrecer respuestas clínicas más precisas.
Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
Estudio descriptivo , compuesto por una revisión bibliográfica especializada y un análisis de resoluciones judiciales, que analiza desde una perspectiva médico-legal, la relación entre los trastornos mentales y la imputabilidad penal, identificando patrones clínico-delictivos y valoraciones judiciales en casos de delitos graves. Resultados Los trastornos psicóticos fueron más frecuentes en delitos de homicidio, mientras que los trastornos de la personalidad predominaron en agresiones sexuales. La mayoría de los acusados fueron considerados plenamente imputables, incluso en presencia de trastornos mentales graves. La semiimputabilidad no supuso una reducción sustancial de las penas, y el internamiento psiquiátrico se aplicó únicamente en casos de inimputabilidad. La psicopatía, aunque identificable en algunos perfiles clínico-delictivos, no apareció como diagnóstico formal en ninguna resolución. Discusión Los hallazgos muestran una aplicación restrictiva de la eximente por trastorno mental en el sistema judicial español, en línea con el modelo mixto de valoración de la imputabilidad. A pesar del reconocimiento de psicopatología, la respuesta penal prioriza la prisión ordinaria sobre las medidas terapéuticas. Se evidencia la necesidad de herramientas diagnósticas más específicas y de recursos forenses y penitenciarios adecuados para integrar el enfoque clínico y jurídico en la evaluación de la responsabilidad penal.