¿Los tiempos difíciles causan delincuencia? Las lecciones de la historia

5 de diciembre de 2025

La creencia popular sostiene que las crisis económicas disparan la criminalidad, mientras que la prosperidad la reduce. Sin embargo, la historia estadounidense contradice esta idea. En The Roots of Violent Crime in America, el autor analiza seis décadas —de 1880 a 1940— para demostrar que la relación entre economía y violencia es mucho más compleja. 

Durante el siglo XIX, las ciudades crecieron vertiginosamente, abarrotadas de inmigrantes pobres, viviendas insalubres y gobiernos corruptos. Las condiciones parecían ideales para una ola de crímenes violentos. Sin embargo, las tasas de homicidio eran sorprendentemente bajas, y delitos como el robo a mano armada eran tan raros que un atraco en el Bronx podía ocupar titulares durante una semana. Por el contrario, en los años veinte, una época de bonanza económica, los homicidios se dispararon hasta niveles comparables a los de finales del siglo XX. Prohibición y guerras entre bandas influyeron, pero no explican por completo el fenómeno. 

La Gran Depresión refuerza la paradoja. Tras el colapso de 1929, con millones de desempleados y familias sin ingresos, cabría esperar un auge de violencia. Las cifras subieron al inicio, pero luego cayeron incluso durante la “Recesión Roosevelt” de 1937, cuando el desempleo volvió a aumentar. Tras la Segunda Guerra Mundial, el patrón se repitió: la violencia creció en épocas de prosperidad, como los años sesenta, y descendió en recesiones recientes. 

¿Por qué? Porque los crímenes violentos —salvo el robo— rara vez obedecen a motivos económicos. Surgen de emociones intensas: ira, celos, agravios personales, a menudo potenciados por alcohol o drogas. Factores como la demografía juvenil, la debilidad del sistema judicial, la presencia de grupos violentos y la disponibilidad de armas pesan más que el ciclo económico. 

En suma, la historia desmiente el mito: la violencia no sigue el pulso de la economía, sino el de la sociedad. 

Por Alfredo Calcedo 17 de abril de 2026
El artículo cuenta cómo la relación entre la comida y el estado de ánimo es más profunda de lo que parece. Explica que no solo comemos para nutrir el cuerpo, sino también para influir en cómo nos sentimos. A través de estudios, se observa que cuando las personas mejoran la calidad de su dieta, también mejora su estado emocional, incluso en casos de depresión. La historia se centra en el vínculo entre el intestino y el cerebro: los alimentos que ingerimos afectan a los microorganismos del sistema digestivo, los cuales producen sustancias que influyen en el cerebro y las emociones. También se destaca que la relación es bidireccional: así como lo que comemos impacta el ánimo, nuestro estado emocional influye en nuestras elecciones alimentarias. En conjunto, el artículo sugiere que una alimentación equilibrada puede ser una herramienta importante para mejorar la salud mental, junto con otros tratamientos.
Por Alfredo Calcedo 17 de abril de 2026
El estudio analiza si los impuestos a las bebidas azucaradas realmente logran reducir las calorías de las bebidas consumidas en restaurantes de comida rápida . Para ello, los investigadores observaron durante seis años millones de transacciones en locales de una cadena nacional en Estados Unidos, comparando zonas con y sin impuestos. A primera vista, podría pensarse que al subir el precio de estas bebidas, la gente compraría menos. Sin embargo, los resultados cuentan otra historia. En promedio, no hubo cambios significativos en las calorías de bebidas adquiridas por transacción, ni en bebidas individuales ni en combos. En algunos lugares hubo pequeñas variaciones, pero no fueron consistentes ni suficientes para mostrar un efecto claro. Los autores sugieren que esto puede deberse a que, en restaurantes, las decisiones son rápidas, muchas veces incluyen menús combinados y los consumidores no reaccionan tanto al precio. En definitiva, el estudio concluye que estos impuestos, al menos en su forma actual, podrían no ser suficientes para reducir el consumo de calorías provenientes de bebidas azucaradas en comida rápida.
Por Alfredo Calcedo 17 de abril de 2026
La esquizofrenia afecta al 1% de la población mundial y es difícil de tratar. Hasta el 30% de las personas con esquizofrenia no responden al tratamiento con antipsicóticos a dosis terapéuticas y duración adecuada. La clozapina se usa en estos casos de esquizofrenia resistente, pero tiene efectos secundarios importantes y no siempre funciona. Por eso, surgen alternativas como la neuromodulación, que busca estimular el cerebro para mejorar los síntomas. El campo de la neuromodulación ha evolucionado y crecido enormemente en los últimos 20 años. La nueva generación de intervenciones promete menos efectos adversos y un enfoque no invasivo, lo que aumenta la escala en la que estas intervenciones pueden ofrecerse tanto en hospitales como en centros comunitarios. En esta revisión, los autores exploran el panorama actual de la neuromodulación invasiva y no invasiva para pacientes con esquizofrenia. Terapias convulsivas Terapia electroconvulsiva La terapia electroconvulsiva (ECT) se usa desde hace décadas y sigue siendo una opción importante, sobre todo en casos resistentes. Puede mejorar los síntomas cuando los medicamentos no funcionan, e incluso ayudar en el mantenimiento a largo plazo. Aunque existe preocupación por efectos en la memoria, muchos estudios muestran estabilidad o mejora cognitiva. Sin embargo, su uso sigue siendo limitado en algunos países. Terapia de convulsiones magnéticas La terapia de convulsiones magnéticas (MST) es más reciente y utiliza estimulación magnética para inducir convulsiones de forma más precisa. Esto permite reducir efectos secundarios, especialmente los cognitivos. Los primeros estudios muestran resultados prometedores, aunque aún se necesita más investigación. Enfoques quirúrgicos Estimulación cerebral profunda La estimulación cerebral profunda es una técnica quirúrgica que actúa sobre áreas específicas del cerebro. Ha mostrado mejoras en algunos pacientes con esquizofrenia resistente, especialmente en síntomas positivos. Aunque tiene riesgos, estos son relativamente bajos. En el futuro, se espera que tratamientos más personalizados mejoren su eficacia y seguridad. Estimulación cerebral no invasiva Estimulación magnética transcraneal La estimulación magnética transcraneal (TMS) es una técnica no invasiva que modula la actividad cerebral mediante impulsos magnéticos. Puede aumentar o disminuir la actividad según la frecuencia usada. En esquizofrenia, se ha estudiado para tratar alucinaciones, síntomas negativos y problemas cognitivos. Algunos resultados muestran mejorías, especialmente al dirigir la estimulación a áreas específicas del cerebro, como la corteza prefrontal. Sin embargo, los efectos son variables y menos consistentes que en la depresión, por lo que aún se necesita más investigación. Estimulación eléctrica transcraneal La estimulación eléctrica transcraneal (TES) utiliza corrientes débiles para modificar la actividad neuronal. Una de sus formas, la tDCS, ha mostrado reducir alucinaciones y algunos síntomas negativos, aunque los resultados son mixtos. Otras técnicas como tACS o estimulación con ruido también presentan potencial, pero todavía cuentan con poca evidencia. En general, estas estrategias son prometedoras, pero requieren más estudios para confirmar su eficacia. Direcciones futuras El futuro apunta a tratamientos más personalizados, basados en las características individuales del cerebro. Nuevas tecnologías y el uso de neuroimagen podrían mejorar la precisión de estas técnicas. También se espera combinarlas con otros tratamientos para lograr mejores resultados en la esquizofrenia.