Sobre la realidad del trastorno límite de la personalidad

25 de julio de 2025

Artículo publicado en Psychiatric News sobre la situación actual del concepto y estigma del TLP. El trastorno límite de la personalidad (TLP) es uno de los diagnósticos más frecuentes en psiquiatría, pero también uno de los más controvertidos. Su presentación clínica es diversa, lo que genera confusión diagnóstica y dificultades terapéuticas. Aunque carece de marcadores biológicos, se considera tan válido como la esquizofrenia o la depresión.

Controversias en torno al término "borderline" 
El término ha sido interpretado de múltiples maneras:

  • Como una organización de personalidad (según Kernberg), con identidad difusa y defensas primitivas.
  • Como un síndrome clínico (según Gunderson), caracterizado por inestabilidad afectiva, impulsividad y relaciones interpersonales caóticas.
  • Como parte del espectro de la esquizofrenia, por sus episodios psicóticos breves.
  • Como un trastorno afectivo, vinculado a la inestabilidad emocional.
  • Como un trastorno de los impulsos, por conductas autolesivas y de riesgo.
  • Como una forma crónica de trastorno de estrés postraumático (TEPT), debido a vínculos con traumas infantiles.
  • Como una categoría residual para casos que no encajan en otros diagnósticos.
  • Como un marcador de fracaso terapéutico, cuando los tratamientos no funcionan.

La esencia del TLP: vulnerabilidad relacional-afectiva 
El núcleo del trastorno se define por una vulnerabilidad emocional que incluye:

  1. Desconfianza y resentimiento hacia los demás.
  2. Dificultad para regular estados internos y emociones negativas.
  3. Estrategias ineficaces para expresar el malestar.

Estas características suelen tener origen en experiencias traumáticas infantiles, que amplifican las reacciones ante eventos interpersonales actuales.

Manifestaciones clínicas del dolor emocional

El paciente intenta manejar el sufrimiento interno de dos formas: de una forma organizada mediante la ira o la autolesión, que alivian temporalmente la tensión o mediante una forma desorganizada, mediante estados de vacío, confusión identitaria y desesperanza.

El estigma y el movimiento anti-TLP

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) está rodeado de estigmas estructurales que afectan negativamente el acceso a la salud. Tres mitos perpetúan la incomprensión del TLP: dudas sobre su legitimidad, el temor a su diagnóstico y la creencia de que es intratable. Estos mitos contribuyen a la desmedicalización del TLP, excluyendo a los pacientes del tratamiento adecuado.

Algunos expertos proponen abandonar el diagnóstico por considerarlo inútil y estigmatizante. Sus ideas han inspirado un movimiento anti-TLP, vinculado a una crítica más amplia hacia la psiquiatría moderna. Este movimiento puede fomentar la desconfianza médica y generar agresividad hacia el personal de salud. También canaliza la frustración de pacientes y familias por experiencias negligentes en el sistema de salud mental. Sin embargo, esta canalización no permite abordar adecuadamente el sufrimiento psicológico subyacente. El rechazo del diagnóstico puede dar lugar a procesos grupales defensivos y polarización entre profesionales y pacientes. Las redes sociales amplifican estas tensiones, creando comunidades que combaten el uso de etiquetas psiquiátricas.

¿Qué puede ayudar realmente a los pacientes?

El estigma hacia el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) requiere un enfoque integral que vaya más allá del diagnóstico, abordando la cultura del sistema sanitario. Cambiar el nombre del trastorno o reducirlo únicamente al trauma infantil no es eficaz y puede perjudicar el acceso al tratamiento. Se recomienda que los médicos reciban formación para comprender su complejidad, privilegiando la psicoterapia frente a la farmacoterapia. Es necesario seguir investigando el núcleo psicopatológico del TLP y fomentar modelos generalistas de tratamiento. Además, se deben tomar medidas contundentes contra el estigma y defender los derechos fundamentales de quienes viven con sufrimiento mental.

Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo, publicado en Psychiatric News, expone una creciente preocupación debido a que cada vez hay más pruebas que vinculan el uso de gabapentina con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia . A pesar de que las prescripciones de este fármaco se han duplicado en los últimos años, investigaciones actuales sugieren que su perfil de seguridad neurológica requiere una reevaluación exhaustiva. Se comenta el estudio de la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio, USA) : en pacientes con dolor lumbar crónico que recibieron seis o más prescripciones de gabapentina, se observó un incremento del 29% en el riesgo de demencia y un alarmante 85% en el riesgo de deterioro cognitivo leve, en los 10 años siguientes. El aumento del riesgo no se limitó a la población geriátrica; los adultos de entre 35 y 49 años presentaron más del doble de riesgo de demencia y el triple de riesgo de deterioro cognitivo leve en comparación con aquellos que no consumían el fármaco. En un estudio retrospectivo publicado en Frontiers in Pharmacology en 2022, Oh y sus colegas, hallaron que los usuarios de gabapentina tienen entre 1.5 y 1.9 veces más probabilidades de manifestar declive cognitivo tras solo un año de tratamiento. El mecanismo subyacente propuesto se relaciona con la unión del fármaco a las subunidades de los canales de calcio que regulan la señalización neuronal, lo que podría alterar la sinaptogénesis o la plasticidad cerebral, aunque los procesos exactos aún están bajo investigación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la precaución clínica. Ante la evidencia de riesgos elevados tanto en poblaciones jóvenes como mayores, se insta a los profesionales de la salud a sopesar cuidadosamente los beneficios terapéuticos de la gabapentina frente a sus potenciales efectos adversos en la integridad cognitiva de los pacientes.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo explora la posibilidad de que los antidepresivos ISRS reduzcan la intensidad del amor romántico. Para examinar esta hipótesis, los investigadores recurrieron a una amplia base de datos, el Romantic Love Survey 2022, que recoge experiencias de miles de personas enamoradas. A partir de esa fuente, seleccionaron a 810 jóvenes de 33 países, todos ellos en las primeras etapas del enamoramiento y con puntuaciones muy altas en una escala diseñada para medir la pasión amorosa. El estudio buscaba una respuesta sencilla: ¿tomar ISRS afecta al modo en que una persona vive el amor? Para ello, analizó si quienes estaban tomando estos medicamentos diferían de quienes no lo hacían en aspectos como la intensidad del amor, la frecuencia con que pensaban en su pareja, el compromiso emocional o la actividad sexual. También se tuvieron en cuenta variables como el sexo biológico y la presencia de problemas de salud mental. Los resultados no encontraron ninguna relación entre el uso de ISRS y los rasgos fundamentales del amor romántico: La intensidad del enamoramiento, la presencia de pensamientos obsesivos acerca de la persona amada (porcentaje de horas de vigilia), el compromiso y la frecuencia sexual parecían mantenerse igual, independientemente del tratamiento con antidepresivos. Solo dos factores —ser hombre o mujer y el padecimiento de problemas de salud mental— se relacionaron con el uso de ISRS, algo esperable dado su patrón de prescripción clínica. El artículo sitúa estos hallazgos dentro de un debate más amplio sobre la biología del amor. Frente a las teorías que atribuían el enamoramiento a un único sistema basado en la serotonina, los autores subrayan que hoy se sabe que intervienen numerosos mecanismos biológicos. Por eso, que los ISRS no alteren la experiencia de amar resulta coherente con la ciencia actual. Como conclusión práctica, el estudio ofrece un mensaje tranquilizador: tomar ISRS no “apaga” el amor. Esta evidencia puede ayudar a reducir el temor de quienes necesitan tratamiento, pero dudan por miedo a perder la intensidad emocional de sus relaciones.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
La evidencia que vincula el café y el té con la salud cognitiva sigue sin ser concluyente y la mayoría de los estudios no logran diferenciar el café con cafeína del descafeinado. El objetivo de este estudio es investigar las asociaciones del consumo de café y té con el riesgo de demencia y la función cognitiva. Resultados: En este estudio de cohorte prospectivo de 131 821 personas de dos cohortes con un seguimiento de hasta 43 años, se documentaron 11 033 casos de demencia. Un mayor consumo de café con cafeína se asoció significativamente con un menor riesgo de demencia. El consumo de café descafeinado no se asoció significativamente con el riesgo de demencia. Las diferencias asociadas más pronunciadas se observaron con la ingesta de aproximadamente 2 a 3 tazas por día de café con cafeína o 1 a 2 tazas por día de té. Conclusiones y relevancia Un mayor consumo de café y té con cafeína se asoció con un menor riesgo de demencia y una función cognitiva ligeramente mejor, siendo la asociación más pronunciada en niveles de ingesta moderados.