Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): A menudo un diagnóstico olvidado y mal diagnosticado

10 de marzo de 2026

El artículo expone cómo el TOC continúa siendo una condición que, pese a su impacto profundo en la vida de quienes lo padecen, pasa con demasiada frecuencia desapercibida o se confunde con otros cuadros clínicos. Desde el inicio, los autores subrayan la necesidad de que los profesionales mantengan una actitud vigilante: las obsesiones —pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos— y las compulsiones —conductas repetitivas o rituales mentales— pueden adoptar formas tan diversas que dificultan su detección, incluso entre clínicos experimentados.

La heterogeneidad sintomática se despliega en múltiples subtipos: temores de contaminación, dudas persistentes que conducen a comprobaciones repetidas, pensamientos intrusivos de contenido agresivo, sexual o religioso y la necesidad imperiosa de orden y simetría. Esta variedad, lejos de facilitar el diagnóstico, favorece que los síntomas se superpongan con los de otros trastornos, contribuyendo tanto a errores diagnósticos como a retrasos prolongados en la solicitud de ayuda.

El TOC se diagnostica erróneamente como psicosis, trastorno de estrés postraumático (TEPT) o trastorno de ansiedad generalizada.

El trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva (TPOC) también suele presentarse junto con el TOC, en una tasa de alrededor del 50%.

Cada vez más, se ven personas con TOC y trastorno del espectro autista (TEA). El TEA también coexiste con el TOC, pero las conductas repetitivas asociadas con el TEA a menudo pueden diagnosticarse erróneamente como TOC.

La vergüenza y el bochorno asociados al TOC, así como la heterogeneidad de sus síntomas, pueden hacer que el trastorno sea difícil de detectar.

El artículo señala que muchos pacientes tardan más de siete años en recibir un tratamiento adecuado, un retraso inaceptable dado que la mayoría inicia sus síntomas en la infancia. Esta demora tiene consecuencias negativas: deterioro funcional significativo, limitación de oportunidades educativas y laborales, e impacto negativo en la identidad personal. Aun cuando el diagnóstico se establece correctamente, sólo una parte de los pacientes recibe terapias validadas, como la exposición con prevención de respuesta o los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Factores sistémicos —incluidos el estigma y la escasez de terapeutas formados específicamente en TOC— agravan la brecha asistencial.

En conjunto, se trata de  reconocer temprano el TOC, diferenciarlo de otros trastornos con sintomatología afín y garantizar el acceso a tratamientos eficaces; pasos esenciales para evitar que un trastorno potencialmente tratable se convierta en una carga crónica y limitante.


Por Alfredo Calcedo 8 de junio de 2026
La OMC ha publicado una nueva edición del libro “Responsabilidad de los residentes de Ciencias de la Salud, tutores y especialistas”. Dirigido tanto a residentes como a tutores y especialistas, este manual responde a una necesidad de la práctica clínica: conocer los límites, derechos y obligaciones del médico en formación. Uno de los principales valores de la obra es su enfoque práctico y aplicado. No se trata únicamente de un manual teórico, sino de una guía que permite a los residentes enfrentarse con mayor seguridad a situaciones reales de su día a día, ayudándoles a identificar riesgos, actuar conforme a la buena praxis y comprender las implicaciones legales de sus decisiones clínicas. ( medicosypacientes )
Por Alfredo Calcedo 8 de junio de 2026
Los medicamentos agonistas del receptor GLP-1, como Ozempic (semaglutida), fueron desarrollados inicialmente para tratar la diabetes y, más tarde, se convirtieron en una herramienta revolucionaria para la pérdida de peso. Sin embargo, los científicos están descubriendo que sus efectos podrían ir mucho más allá del control del apetito. Nuevas investigaciones sugieren que estos fármacos podrían estar modificando la estructura y el funcionamiento de ciertas redes cerebrales. ( The Washington Post ) El interés surgió cuando investigadores que realizaban estudios de neuroimagen observaron cambios inesperados en las conexiones cerebrales de pacientes tratados con estos medicamentos. Aunque todavía no se sabe con certeza qué significan estas alteraciones, los hallazgos apuntan a una posible influencia sobre áreas relacionadas con la motivación, la recompensa, la cognición y el control de los impulsos. Una de las hipótesis más sólidas es que los fármacos GLP-1 reducen la inflamación cerebral al modular la actividad de células inmunitarias del cerebro. Otra posibilidad es que actúen directamente sobre las neuronas, ayudándolas a funcionar de forma más eficiente y resistente al estrés. Ambos mecanismos podrían estar ocurriendo simultáneamente. Estos descubrimientos han despertado expectativas en campos tan diversos como las adicciones, las enfermedades neurodegenerativas y la salud mental. Algunos estudios ya exploran su potencial para reducir el deseo de consumir alcohol u otras sustancias, mientras que otros investigan si podrían influir en el envejecimiento cerebral. No obstante, los expertos insisten en que la evidencia aún es preliminar y que se necesitan estudios más amplios y prolongados para comprender plenamente el alcance de estos efectos. (newyorker.com) El artículo del Washington traducido en Los Periodistas
Por Alfredo Calcedo 8 de junio de 2026
El artículo analiza las principales cuestiones de seguridad relacionadas con el uso de la ketamina en psiquiatría en un momento en que su empleo para la depresión resistente y otras patologías continúa expandiéndose. El psiquiatra Benjamin Brody destaca que, aunque la ketamina ha demostrado una notable eficacia y rapidez de acción, su utilización debe ir acompañada de protocolos rigurosos de selección y monitorización de pacientes. Uno de los aspectos más debatidos es el posible riesgo de neurotoxicidad. Los expertos señalan que gran parte de las preocupaciones proceden de estudios en animales o de personas que consumen dosis elevadas de forma recreativa. En cambio, las dosis subanestésicas utilizadas en psiquiatría parecen presentar un perfil de seguridad más favorable, aunque todavía faltan datos sólidos sobre los efectos de tratamientos prolongados durante años. El texto también subraya la importancia de vigilar la presión arterial, la frecuencia cardiaca, los síntomas disociativos, el riesgo de abuso y posibles problemas urinarios o hepáticos en tratamientos repetidos. Asimismo, insiste en la necesidad de informar adecuadamente a los pacientes sobre beneficios y riesgos, establecer criterios claros de seguimiento y evitar modelos de atención con escasa supervisión clínica. En definitiva, el mensaje central es que la ketamina sigue siendo una herramienta terapéutica prometedora y valiosa, pero su uso debe desarrollarse dentro de “guardarraíles clínicos” bien definidos que garanticen una práctica segura, responsable y basada en la evidencia disponible. ( Psychiatric Times )