Tratamiento de la depresión en el Trastorno Bipolar tipo II

2 de mayo de 2024

Artículo publicado en Psychiatric Times que aborda el tratamiento farmacológico de la depresión bipolar tipo II basado en la evidencia (poca).

Resumen:

Evidencia Limitada: Las directrices de tratamiento basadas en evidencia para el trastorno bipolar II son escasas.

De las once guías revisadas, ocho de ellas sugieren de forma implícita utilizar lo mismo que se recomienda para la depresión bipolar tipo I. Sólo 3 guías ofrecen recomendaciones específicas para el trastorno bipolar II y mencionan tratamientos como lamotrigina y litio para el tratamiento de mantenimiento (pero no agudo) y quetiapina, carbamazepina y varios antidepresivos como posibles tratamientos.

Medicamentos Aprobados: La FDA (EEUU) ha aprobado solo dos medicamentos para la depresión bipolar II aguda: quetiapina y lumateperona. En comparación, cinco medicamentos están aprobados para la depresión bipolar I aguda (quetiapina, lumateperona, lurasidona, cariprazina y la combinación olanzapina/fluoxetina). Sin embargo, la eficacia de quetiapina en la depresión bipolar II es cuestionable, y los resultados de lumateperona no demuestran una eficacia sólida.

Antidepresivos: En la práctica, muchos médicos prescriben antidepresivos para la depresión bipolar II, pero la evidencia difícilmente puede considerarse que los respalde.

En resumen, el tratamiento farmacológico de la depresión bipolar II sigue siendo un área de incertidumbre, y se necesita más investigación para guiar las decisiones clínicas.

El autor del artículo recomienda que la depresión bipolar II se trate de manera similar a la depresión bipolar I. Ofrece las siguientes opciones de medicación de primera línea: quetiapina, lurasidona, cariprazina, lumateperona (todas aprobadas por la FDA) y la combinación de litio y lamotrigina. En general, no se recomienda la combinación de olanzapina/fluoxetina debido a los efectos adversos a largo plazo del componente olanzapina. Finalmente, la terapia electroconvulsiva quedaría para pacientes que están gravemente deprimidos y necesitan tratamiento urgente.

Por Alfredo Calcedo 6 de febrero de 2026
Las personas con esquizofrenia experimentan una discapacidad significativa, agravada por síntomas resistentes al tratamiento y multimorbilidad de salud física, lo que conduce a una mortalidad prematura. La actividad física ofrece beneficios duales para la salud física y mental, mejorando la aptitud cardiorrespiratoria, la fuerza muscular y los resultados de salud mental en personas con esquizofrenia. Las barreras para la participación en la actividad física incluyen factores individuales y ambientales, pero fomentar la motivación autónoma e integrar el ejercicio en la atención psiquiátrica puede mejorar la participación. Este artículo alienta a los psiquiatras a promover la actividad física como un tratamiento complementario para los trastornos del espectro autista, incorporando exámenes de detección de rutina y abogando por un acceso equitativo a programas de ejercicio. En general, no solo en personas con esquizofrenia, el ejercicio mejora la percepción del estrés y la calidad del sueño, y reduce los pensamientos negativos repetitivos en pacientes con diversos trastornos mentales. Sin embargo, los mecanismos que conducen a la mejora de los síntomas no están claros. Una nueva investigación sugiere que un programa de ejercicio estructurado mejora la salud mental al modificar la forma en que las personas procesan el estrés y los pensamientos intrusivos. Publicado en Psychological Medicine , el estudio indica que la actividad física reduce los síntomas psiquiátricos generales al disminuir el estrés percibido e interrumpir los patrones repetitivos de pensamiento negativo. Estos hallazgos evidencian que los beneficios psicológicos del ejercicio se deben a cambios específicos en el procesamiento cognitivo y emocional. Comentadao en Psypost .
Por Alfredo Calcedo 6 de febrero de 2026
Entrevista a Leor Zmigrod, experta en neuropolítica, disciplina que analiza la relación entre los procesos cerebrales y la adhesión a ideologías políticas. A lo largo de la entrevista, publicada en El Periódico , Zmigrod plantea una tesis central: el estrés psicológico y social constituye un factor decisivo en la tendencia de las poblaciones a abrazar sistemas ideológicos rígidos, especialmente en contextos de incertidumbre prolongada. Desde esta perspectiva, la autora desplaza el foco del contenido de las ideologías hacia las condiciones cognitivas y emocionales que favorecen su adopción. Según explica, las ideologías ofrecen estructuras cerradas y respuestas simples que resultan particularmente atractivas para cerebros sometidos a presión, miedo o sensación de pérdida de control. En situaciones de estrés, la flexibilidad cognitiva disminuye, y con ella la capacidad de tolerar la ambigüedad, lo que facilita el recurso a explicaciones absolutas y dicotómicas de la realidad. El texto subraya que este fenómeno no es exclusivo de una orientación política concreta, sino que atraviesa todo el espectro ideológico. Zmigrod insiste en que la radicalización no debe entenderse como una anomalía moral o intelectual, sino como una respuesta humana predecible ante determinados estados neuropsicológicos. En este sentido, la neuropolítica permite comprender por qué sociedades enteras pueden desplazarse hacia posiciones más dogmáticas en periodos de crisis económica, sanitaria o identitaria. Asimismo, la investigadora advierte de que las ideologías no solo se alojan en el cerebro, sino que pueden modificar sus patrones de funcionamiento, reforzando la rigidez mental y dificultando el pensamiento crítico. Frente a ello, defiende la necesidad de promover entornos sociales, educativos y culturales que fomenten la creatividad, la curiosidad y la flexibilidad cognitiva como antídotos frente al fanatismo. En su libro “El cerebro ideológico”, Zmigrod presenta una reflexión sobre los vínculos entre estrés colectivo, funcionamiento cerebral y polarización política, ofreciendo claves neurocientíficas para interpretar uno de los rasgos más inquietantes de las democracias contemporáneas.
Por Alfredo Calcedo 6 de febrero de 2026
La Agencia del Medicamento de EEUU (FDA) ha designado la revisión prioritaria de centanafadina para el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Centanafadina es un inhibidor de la recaptación de norepinefrina, dopamina y serotonina (NDSRI). Esta triple modulación neuroquímica la distingue de los tratamientos actualmente disponibles y sustenta el interés clínico. El fármaco está formulado como una cápsula de liberación prolongada de administración diaria, lo que podría favorecer la adherencia terapéutica. La aceptación de la NDA se apoya en los resultados de cuatro ensayos clínicos pivotales de fase 3, diseñados para evaluar la eficacia y la seguridad del fármaco en distintas franjas etarias. El programa clínico incluyó un estudio en población pediátrica, otro en adolescentes y dos en adultos. En todos ellos, centanafadina mostró mejoras estadísticamente significativas y clínicamente relevantes en los síntomas centrales del TDAH en comparación con placebo. En términos de seguridad, el artículo destaca que el fármaco fue generalmente bien tolerado. Los eventos adversos más frecuentes incluyeron disminución del apetito, náuseas, cefalea, fatiga y somnolencia, con variaciones según el grupo etario, pero sin señales de alarma relevantes. Finalmente, la FDA ha fijado una fecha objetivo de decisión para julio de 2026. De aprobarse, centanafadina podría convertirse en una opción terapéutica novedosa, con potencial para abordar de forma más amplia la heterogeneidad sintomática del TDAH y responder a necesidades clínicas no plenamente cubiertas por los tratamientos actuales.