Una 'firma común' que comparten los psicodélicos en su mecanismo de acción en el cerebro

29 de abril de 2026

En los últimos años, las sustancias psicodélicas han despertado un gran interés científico y clínico, aunque sus efectos precisos sobre el cerebro siguen siendo difíciles de definir. Este artículo aborda este problema reuniendo, por primera vez, datos dispersos de estudios realizados en distintos países y con diferentes drogas. Los autores llevaron a cabo un gran “mega‑análisis” que integró 11 estudios de resonancia magnética funcional en reposo, con un total de más de 250 participantes expuestos a cinco psicodélicos clásicos, la psilocibina, el LSD, la mescalina, el DMT y la ayahuasca.

Al analizar todos los datos con los mismos métodos, los investigadores pudieron identificar patrones comunes que antes no resultaban claros. Los investigadores encuentran un patrón repetido: estas sustancias no “activan” simplemente zonas aisladas, sino que reorganizan la comunicación entre grandes redes cerebrales. (Nature)

El hallazgo más consistente fue un aumento de la comunicación entre redes cerebrales asociadas a funciones complejas —como el pensamiento abstracto, la atención o la emoción— y redes más básicas relacionadas con la percepción visual y el movimiento. Dicho de otro modo, durante el estado psicodélico, distintas áreas del cerebro que normalmente funcionan de forma separada tienden a conectarse más entre sí.

Además, algunas estructuras profundas del cerebro, como el caudado, el putamen o el tálamo, también mostraron cambios en su forma de relacionarse con el resto del cerebro. En cambio, la supuesta “desorganización” interna de las redes cerebrales, descrita en estudios previos pequeños, resultó ser limitada y muy variable según la sustancia y el estudio.

En conjunto, el trabajo sugiere que los psicodélicos no rompen el funcionamiento cerebral, sino que lo reorganizan de manera selectiva y predecible. Este enfoque integrado ayuda a aclarar resultados contradictorios del pasado y ofrece una base sólida para futuras investigaciones sobre los efectos terapéuticos de estas sustancias.

Comentado en Diario Médico

Por Alfredo Calcedo 28 de julio de 2026
Las bajas laborales suelen abordarse como un problema económico o de fraude, pero este enfoque deja en segundo plano sus causas. Como la fiebre, no basta con reducir el síntoma: hay que identificar qué lo provoca. El envejecimiento de la población trabajadora, los problemas de salud mental, las enfermedades musculoesqueléticas y las demoras sanitarias explican parte del aumento de la incapacidad temporal. Sin embargo, las bajas también reflejan cómo se organiza el trabajo. La intensificación de las tareas, la conexión permanente, la falta de autonomía, el escaso reconocimiento y la ausencia de apoyo favorecen el agotamiento y el síndrome de burnout. Por ello, la incapacidad temporal puede considerarse un indicador de la salud de las empresas. El liderazgo desempeña un papel preventivo esencial. Objetivos claros, cargas razonables, confianza y participación reducen el estrés y el absentismo. Las soluciones pasan por prevenir los riesgos psicosociales, formar a los responsables, agilizar la atención sanitaria y utilizar los datos de bajas como señales tempranas de desgaste organizativo.
Por Alfredo Calcedo 28 de julio de 2026
El síndrome de piernas inquietas puede aparecer como efecto secundario del tratamiento psicofarmacológico, aunque los datos disponibles han sido contradictorios. Este estudio analizó la experiencia real de 99 hospitales psiquiátricos de Alemania, Austria y Suiza entre 2001 y 2016. Entre 340.099 pacientes ingresados y tratados con psicofármacos, se identificaron 67 casos graves de nueva aparición, lo que representa una frecuencia muy baja, del 0,02 %. Más del 80 % de los episodios se relacionaron con dos medicamentos: la mirtazapina, implicada en 39 casos, y la quetiapina, en 16. Los síntomas surgieron generalmente con dosis bajas y, con frecuencia, durante el primer o segundo día tras iniciar el tratamiento o modificar la dosis. Los casos fueron más habituales en pacientes con trastornos depresivos, sin diferencias relevantes entre hombres y mujeres. Los autores plantean que el bloqueo de los receptores de histamina, común a ambos fármacos en dosis bajas, podría desempeñar un papel fundamental en este efecto adverso.
Por Alfredo Calcedo 28 de julio de 2026
La epigenética es un campo difícil de definir. Para algunos investigadores, engloba los mecanismos moleculares que regulan la transcripción y organizan el núcleo celular. Para otros, constituye una forma de memoria capaz de mantenerse durante la división celular o incluso entre generaciones. También se emplea para explicar cómo el ambiente influye sobre las células, los tejidos y el organismo. Estas interpretaciones pueden resultar contradictorias. Mientras unos destacan la plasticidad epigenética y la posibilidad de modificar los efectos de la herencia mediante intervenciones a lo largo de la vida, otros defienden la existencia de memorias multigeneracionales que condicionarían el destino biológico. Por ello, más que imponer una definición única, los autores proponen precisar siempre qué se entiende por epigenética. Plantean tres grandes acepciones. La primera comprende los mecanismos reguladores del genoma durante el desarrollo y la enfermedad, incluidos los efectos ambientales. La segunda analiza la interacción entre las variaciones de la secuencia del ADN y la regulación genómica, reconociendo que muchas características epigenéticas dependen de variantes genéticas. La tercera recupera la idea clásica de memoria molecular y celular de acontecimientos pasados, incluida la conservación del destino de las células y de la composición de los tejidos. La epigenética continúa evolucionando rápidamente, impulsada por nuevas tecnologías y enfoques creativos.