Aumenta el juego de azar ‘on-line’ y presencial entre los jóvenes españoles, especialmente en varones

19 de febrero de 2026

El informe del Plan Nacional Sobre Drogas de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) de 2025 revela una tendencia ascendente que suscita una profunda preocupación en el ámbito de la salud pública. Los datos reflejan que la participación de los jóvenes en juegos de azar, tanto en entornos digitales como físicos, ha experimentado un repunte significativo tras el periodo de observación anterior.

Durante el año 2025, el 13% de los estudiantes de secundaria participaron en modalidades de juego on-line, mientras que un 20,9% optó por el formato presencial. Estas cifras representan incrementos del 2,3% y 2,2% respectivamente en comparación con el año 2023.

El fenómeno es predominantemente masculino. En la modalidad online, el 20,7% de los varones reportó actividad frente a un escaso 5,3% de las mujeres; de manera análoga, en el juego presencial, la incidencia masculina alcanzó el 29,5%, superando ampliamente el 12,3% registrado en la población femenina.

Más allá de la mera participación, el estudio advierte sobre la preocupante intensificación del "juego problemático", cuya prevalencia entre los varones se elevó del 6% en 2023 al 8,4% en 2025. Las preferencias también presentan una especialización de género: mientras que los varones suelen decantarse por la ruleta y las apuestas deportivas, las mujeres muestran una mayor inclinación hacia el bingo.

En conclusión, los hallazgos subrayan la necesidad urgente de fortalecer las políticas de prevención y regulación, dado que el juego de azar se consolida como un riesgo creciente para la juventud española, especialmente para los varones, quienes presentan patrones de conducta más vulnerables hacia la ludopatía.

Por Alfredo Calcedo 19 de febrero de 2026
Las Comisiones Reales (Australia) sobre los sectores de atención a personas mayores y personas con discapacidad revelaron importantes preocupaciones acerca del uso inapropiado de medicamentos psicotrópicos como restricción química en personas con discapacidad o deterioro cognitivo. En respuesta, la Comisión Australiana de Seguridad y Calidad en la Atención Sanitaria desarrolló el Estándar de Medicamentos Psicotrópicos en la Atención Clínica de Discapacidad o Deterioro Cognitivo (el Estándar), con el objetivo de orientar el uso de psicotrópicos y garantizar las mejores prácticas en el apoyo a las personas con discapacidad o deterioro cognitivo . Este artículo ofrece una visión general del Estándar y su aplicación en los sectores de la atención a personas mayores y la discapacidad. La Norma promueve la atención centrada en la persona y prioriza la evaluación exhaustiva, las estrategias sin medicación y el desarrollo de planes individuales de apoyo conductual antes de considerar el uso de psicofármacos. Anima a los servicios de salud a contar con políticas claras sobre el uso de psicofármacos, incluyendo la necesidad de documentar las estrategias sin medicación ensayadas antes de su uso y de supervisar la eficacia de cualquier psicofármaco prescrito. El consentimiento informado es un requisito reglamentario previo al uso de psicofármacos como práctica restrictiva. La Norma hace hincapié en la claridad de los objetivos terapéuticos, la transferencia clínica durante las transiciones de atención, la revisión y la desprescripción periódicas de psicofármacos para minimizar los daños, especialmente en casos de uso prolongado y polifarmacia con psicofármacos.
Por Alfredo Calcedo 19 de febrero de 2026
El artículo aborda la complejidad terminológica y los desafíos clínicos asociados al uso de fármacos psicotrópicos en poblaciones vulnerables. Pretende clarificar qué constituye un psicotrópico, dado que definiciones excesivamente amplias —como aquellas que incluyen cualquier sustancia que afecte la mente o el comportamiento— podrían abarcar erróneamente desde analgésicos hasta antihipertensivos. El autor expone que, si bien la OMS define estos fármacos por su efecto primario en el sistema nervioso central; en el contexto de la atención a la vejez y la discapacidad existe una tendencia a equipararlos con el término "restricción química ". Este fenómeno ocurre principalmente cuando los medicamentos se emplean para gestionar comportamientos preocupantes en pacientes con demencia o discapacidades cognitivas, en lugar de tratar una patología psiquiátrica diagnosticada. El artículo subraya que las clases farmacológicas más relevantes bajo este escrutinio son los antipsicóticos, antidepresivos y ansiolíticos/hipnóticos. El artículo advierte sobre la particular vulnerabilidad de los adultos mayores a los efectos adversos, tales como el delirio, las caídas y los cambios metabólicos. Se enfatiza que el objetivo de las nuevas normativas y estándares de cuidado no es prohibir estos fármacos, sino asegurar que su prescripción sea juiciosa, documentada y sujeta a revisiones periódicas. En conclusión, el artículo aboga por una precisión diagnóstica y una distinción clara entre el uso terapéutico legítimo y las prácticas restrictivas. La narrativa científica sugiere que, para mejorar la calidad de vida en el cuidado de la discapacidad y la vejez, es imperativo priorizar intervenciones no farmacológicas y mantener una vigilancia estricta sobre la polifarmacia psicotrópica, mitigando así riesgos innecesarios en pacientes cuya capacidad de comunicación suele estar comprometida.
Por Alfredo Calcedo 18 de febrero de 2026
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno común del neurodesarrollo que se caracteriza por falta de atención, hiperactividad o impulsividad. Afecta a entre el 3 y el 5 % de los adultos. Las principales farmacoterapias para adultos con TDAH incluyen psicoestimulantes, como metilfenidato y anfetaminas (dexanfetamina y lisdexanfetamina), y no psicoestimulantes como atomoxetina. En Australia, la elegibilidad para recibir subsidios bajo el Plan de Beneficios Farmacéuticos varía dependiendo de si al paciente se le diagnosticó TDAH durante la infancia o la edad adulta. Las personas a las que se les prescriben medicamentos para el TDAH deben ser monitoreadas para detectar efectos adversos tanto físicos (por ejemplo, síntomas cardíacos, cambios de apetito, convulsiones) como psiquiátricos (por ejemplo, alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, psicosis). Si bien el tratamiento farmacológico es eficaz para los adultos con TDAH, debe integrarse en un enfoque multidisciplinario más amplio que también incluya estrategias no farmacológicas, como terapias psicológicas y apoyo de salud aliado.