Cibercondría: cuando ChatGPT se convierte en médico

9 de enero de 2026

El uso de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT en sustitución del médico plantea riesgos significativos, especialmente en personas con ansiedad por la salud. Según Josep Antoni Ramos Quiroga, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, aunque la IA ofrece respuestas convincentes, carece de juicio clínico y de acceso a datos personales, lo que puede inducir a errores diagnósticos y decisiones terapéuticas inapropiadas, sobre todo en contextos donde el acceso a fármacos es más flexible. Incluso respuestas aparentemente tranquilizadoras pueden desencadenar un ciclo compulsivo de búsqueda de información, intensificando la ansiedad y la preocupación por enfermedades graves. A ello se suma la vulnerabilidad en términos de privacidad, dado el riesgo de uso fraudulento de datos sensibles.

Este fenómeno se vincula con la cibercondría, una variante de la hipocondría caracterizada por la búsqueda excesiva de información médica. Aunque cualquier persona puede consultar la IA por curiosidad, el perfil más susceptible corresponde a individuos con rasgos ansiosos, alto neuroticismo y necesidad de inmediatez en la obtención de diagnósticos. Son, en su mayoría, jóvenes nativos digitales habituados a resolver dudas en entornos virtuales.

El peligro central radica en sustituir la valoración clínica humana, insustituible por su capacidad de empatía, contextualización y examen físico. El diagnóstico de cibercondría se establece ante conductas compulsivas de búsqueda, angustia persistente y deterioro funcional en ámbitos laborales, familiares y sociales, acompañado de un patrón de salto entre síntomas. La detección precoz recae en médicos de Atención Primaria y pediatras, quienes deben identificar lenguaje médico inusual y listas de diagnósticos. La entrevista debe ser no enjuiciadora y coherente con las pruebas solicitadas, derivando al especialista en salud mental cuando sea necesario. El abordaje requiere un enfoque multidisciplinar, con la terapia cognitivo-conductual como pilar fundamental.


Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Estimados compañeros/as, os recordamos de nuevo el próximo Congreso Nacional de la SEPL que se celebrará en Vitoria, los días 14-16 de mayo de 2026.  Se ha ampliado el plazo para a enviar posters al congreso hasta el próximo dia 15 de abril. En esta dirección podéis encontrar la normativa para el envío de Posters: https://psiquiatrialegal2026.com/envio-de-poster/ El enlace de contacto con la Web del congreso Vitoria 2026 es: https://psiquiatrialegal2026.com/ ¡Todavía estás a tiempo para enviar posters al congreso antes que finalice el plazo de envío¡ El Congreso está ya “a la vuelta de la esquina”, no os olvidéis en apuntaros al congreso ¡Nos vemos en Vitoria!
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Las mujeres embarazadas con esquizofrenia persistente y trastornos relacionados pueden requerir tratamiento antipsicótico continuo, incluida la clozapina. Sin embargo, los riesgos potenciales del uso de clozapina durante el embarazo y el período posnatal siguen siendo inciertos. Este estudio de casos y controles anidado evaluó los resultados del embarazo en mujeres australianas diagnosticadas de esquizofrenia y tratadas con clozapina (n = 14) durante el primer trimestre . Estas mujeres se compararon con dos subgrupos: las tratadas con quetiapina (n= 53) y las que no tomaron ningún medicamento (n= 24) durante el embarazo. Resultados: Abordando las limitaciones de estudios previos, este estudio representa un esfuerzo en este sentido y ofrece algunas perspectivas informativas, aunque tentativas, que son coherentes con estudios anteriores. En comparación con la ausencia de medicación y la quetiapina, la clozapina podría asociarse con un mayor riesgo de ciertos resultados adversos tanto para la madre como para el bebé, incluyendo abortos espontáneos, diabetes gestacional y bajo peso al nacer. Los resultados neonatales, incluyendo la edad gestacional al nacer, la puntuación de Apgar y el ingreso a la UCE/UCIN (Unidad de Cuidados Especiales Neonatales o Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, respectivamente), no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos.
Por Alfredo Calcedo 10 de abril de 2026
Artículo de opinión que analiza como los profesionales distinguen el duelo de la depresión; cuándo la tristeza deja de ser una respuesta natural ante la pérdida, para convertirse en un trastorno psiquiátrico El artículo recorre la evolución de las clasificaciones diagnósticas y muestra cómo el duelo ha pasado progresivamente de ser entendido como una experiencia universal a ser, en ciertos casos, objeto de medicalización. La evolución del DSM eliminó la exclusión por duelo en 2013, introdujo el trastorno de duelo prolongado en el DSM-5-TR con umbral de adulto de > 12 meses, y contrasta con la definición de ≥6 meses de la CIE-11. Esta delimitación no es neutral: implica decidir cuánto sufrimiento es aceptable antes de ser etiquetado como enfermedad. Se señala la dificultad de trazar una frontera clara entre duelo y depresión. Aunque comparten síntomas, el duelo conserva rasgos diferenciales: una tristeza intermitente ligada al recuerdo del fallecido, la preservación de la autoestima y la capacidad de experimentar emociones positivas. En contraste, la depresión se presenta como un estado generalizado de ánimo bajo, inutilidad y autodesprecio. Esta distinción, aunque clínicamente útil, revela la fragilidad de las categorías diagnósticas. La atención multimodal —psicoterapia, grupos de duelo, reimplicación social y uso sensato de los antidepresivos— puede restaurar el apetito, la actividad y la conexión relacional cuando el duelo se vuelve incapacitante o clínicamente indistinguible de la depresión. El artículo también introduce una dimensión cultural: no todo duelo intenso es patológico, y su expresión varía según contextos sociales, religiosos y personales. Las clasificaciones modernas intentan reconocer esta variabilidad, pero siguen operando bajo criterios estandarizados que pueden simplificar experiencias complejas. En última instancia, el texto advierte sobre el riesgo de patologizar el sufrimiento humano. Convertir el duelo en diagnóstico puede facilitar el acceso a tratamiento, pero también puede reducir la riqueza de una experiencia profundamente humana a un conjunto de síntomas. Así, la pregunta “¿cuán triste es demasiado triste?” queda abierta, no como un problema puramente médico, sino como un dilema ético y cultural sobre los límites de la psiquiatría.