¿Deberían los psiquiatras “asumir” y aceptar plenamente la obesidad como un trastorno basado en el cerebro?

20 de enero de 2026

Artículo de opinión que reflexiona sobre el papel que la psiquiatría debería asumir frente a la obesidad. El autor parte de la observación de que, aunque los psiquiatras tratan de manera habitual los factores emocionales, cognitivos y conductuales que contribuyen al aumento de peso —como los trastornos del estado de ánimo, el trauma, la impulsividad o los patrones disfuncionales de recompensa—, la psiquiatría rara vez se posiciona de manera formal en el tratamiento de la obesidad. 

El texto sostiene que los avances en neurociencia refuerzan la idea de que la obesidad posee una base cerebral significativa. Estudios de neuroimagen han identificado alteraciones en circuitos relacionados con la regulación del apetito, la recompensa y el control inhibitorio, áreas que coinciden con dominios clásicos de la práctica psiquiátrica. Asimismo, factores como el estrés crónico, la adversidad temprana, la privación de sueño y ciertas psicopatologías influyen de forma decisiva en estos circuitos, configurando una vulnerabilidad bioconductual al aumento de peso y a la recaída. 

Propone reformular el concepto de la obesidad como un trastorno con fundamentos neurobiológicos. Esta perspectiva no niega la responsabilidad personal ni los determinantes sociales y ambientales, sino que busca explicar por qué el mantenimiento de la pérdida de peso resulta tan difícil y por qué la recaída es frecuente. Desde esta óptica, la comprensión cerebral de la obesidad podría contribuir a reducir el estigma y la autoinculpación. 

En conjunto, el artículo invita a la psiquiatría a participar de manera más intencional y reflexiva en el cuidado de la obesidad, sin reclamar exclusividad, pero sin permanecer al margen de un problema cada vez más centrado en el cerebro. 

Por Alfredo Calcedo 20 de julio de 2026
El aumento significativo de peso es un efecto adverso preocupante de los antipsicóticos que experimentan los pacientes con trastornos del espectro de la esquizofrenia (TEE). Su alta prevalencia y su importante contribución a la morbilidad cardiometabólica en esta población justifican un mayor consenso sobre el manejo del aumento de peso inducido por antipsicóticos y la comorbilidad asociada. El objetivo de esta revisión sistemática y metanálisis es analizar qué intervenciones farmacológicas se asocian con la reducción del peso corporal en personas con TEE tratadas con antipsicóticos. Resultados: Se encontró una variabilidad sustancial en los resultados relacionados con el peso entre las intervenciones farmacológicas para personas con trastornos somatomorfos tratadas con antipsicóticos. Semaglutida, liraglutida, topiramato, metformina y exenatida se asociaron con las mayores reducciones de peso corporal y contaron con el respaldo de la evidencia de mayor certeza, lo que proporciona orientación a los clínicos que manejan el aumento de peso asociado a los antipsicóticos.
Por Alfredo Calcedo 20 de julio de 2026
Este estudio examinó la relación entre los «me gusta» recibidos en Twitter, la conducta de publicación y los síntomas depresivos. Se analizaron más de 17 millones de publicaciones de 7.736 usuarios, distribuidos en tres conjuntos de datos con diferentes formas de evaluar la depresión y otros síntomas psicológicos. Los resultados mostraron que las personas con depresión o mayor sintomatología depresiva tendían a modificar más su actividad según los «me gusta» recibidos el día anterior. Esta sensibilidad se relacionó especialmente con una dimensión de ansiedad-depresión, mientras que la persistencia al publicar se asoció con la compulsividad y los pensamientos intrusivos. Los hallazgos contrastan con estudios de laboratorio que describen una respuesta reducida a las recompensas en la depresión. En las redes sociales, los «me gusta» pueden representar aceptación, apoyo y pertenencia. Sin embargo, el estudio no permite determinar si la depresión aumenta esta sensibilidad o si depender de estas recompensas empeora los síntomas. Editorial relacionada
Por Alfredo Calcedo 20 de julio de 2026
El inicio temprano del consumo, la creciente potencia de los productos y su amplia disponibilidad han transformado el panorama actual del cannabis, aumentando la preocupación por sus efectos sobre la salud mental de los adolescentes. La investigación traslacional, que combina estudios longitudinales de neuroimagen en humanos con modelos animales, indica que el consumo frecuente y, especialmente, el uso de preparados con altas concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) pueden alterar el desarrollo cerebral y el comportamiento durante una etapa de especial vulnerabilidad. Estas alteraciones parecen relacionarse principalmente con trayectorias que conducen a la psicosis, la esquizofrenia y el trastorno por consumo de cannabis, aunque también pueden incrementar el riesgo de ansiedad y depresión. Sin embargo, el daño no afecta por igual a todos los adolescentes: existe un grupo especialmente susceptible en el que las consecuencias podrían mantenerse a largo plazo. Los hallazgos neurobiológicos ofrecen, no obstante, un elemento esperanzador. Algunas modificaciones cerebrales provocadas por la exposición al cannabis podrían no persistir necesariamente hasta la edad adulta. Los mecanismos epigenéticos relacionados con los efectos prolongados del THC sugieren incluso que ciertas alteraciones neuronales y conductuales pueden ser reversibles. La elevada plasticidad del cerebro adolescente convierte así este periodo en una oportunidad decisiva para la prevención, la educación y la intervención precoz, con el objetivo de reducir los daños asociados al cannabis y favorecer trayectorias de desarrollo más saludables. ( psychiatryonline.org )