Diferentes tipos de homicidio de pareja.

22 de diciembre de 2025

Excelente artículo de Pablo Malo, psiquiatra de Bilbao, que revisa la literatura y expone los diferentes tipos de homicidio de pareja.

En la última década, los datos sobre homicidios de pareja en España revelan una realidad compleja: solo un 23% de las mujeres asesinadas habían denunciado previamente violencia de género, y de ellas, otro 23% murió pese a contar con medidas de protección. El paradigma tradicional, sustentado en la teoría feminista, concibe el homicidio como la culminación de un proceso continuo de violencia ascendente, desde agresiones leves hasta el asesinato. Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan este modelo, mostrando que en numerosos casos no existía violencia previa detectable

Se identifican dos perfiles diferenciados de agresores. El primero, que representa entre el 33% y el 40% de los casos, carece de historial violento y se asocia a crisis vitales agudas —como ruina económica o separación reciente— y a ideación suicida, lo que explica la alta frecuencia de homicidios seguidos de suicidio. El segundo grupo, mayoritario (60-67%), corresponde al maltratador clásico, caracterizado por control coercitivo, celos patológicos y escalada de agresiones, ajustándose al modelo tradicional. Esta diferenciación implica un cambio sustancial en las estrategias preventivas: los protocolos actuales, centrados en la violencia previa, no logran detectar el primer grupo, que requiere indicadores distintos, como la presencia de crisis personales y conductas suicidas.

La ideación suicida emerge como un predictor relevante del homicidio de pareja, multiplicando el riesgo en casos de violencia de género y siendo especialmente relevante en homicidios-suicidios, que constituyen cerca del 30% de los feminicidios. Paralelamente, los estudios subrayan la influencia de los trastornos mentales en estos delitos. Un tercio de los homicidios seguidos de suicidio se vincula a patologías psiquiátricas graves, acompañadas de deterioro físico y dependencia. El metaanálisis de Kivisto (2015) propone cuatro categorías de homicidas: el enfermo mental, con psicosis y escasa violencia previa; el controlado/desregulado, asociado a trastornos afectivos, ansiedad y abuso moderado de sustancias; el agresor crónico antisocial, con rasgos narcisistas y sin psicopatología grave; y el sobrecontrolado, caracterizado por personalidad dependiente y esquizoide, sin antecedentes significativos de violencia.

La revisión sistemática de Abreu, Barker y Bedford (2017) confirma que la presencia de enfermedad mental incrementa el riesgo homicida en ambos sexos, destacando la relación entre homicidios impulsivos y el uso de armas blancas en agresores con psicosis o trastornos duales. Asimismo, se observa que el trastorno bipolar influye en la modalidad del crimen: los homicidios domésticos son más frecuentes en fases depresivas, mientras que en fases maníacas predominan los cometidos fuera del hogar.

Este panorama evidencia la dificultad de anticipar sucesos de baja prevalencia, comparables a los “cisnes negros” descritos por Taleb: eventos improbables con consecuencias críticas que desafían los modelos predictivos. Por ello, se reclama avanzar en herramientas validadas para entornos policiales, sanitarios y forenses, integrando protocolos que contemplen factores situacionales y clínicos. La prevención eficaz dependerá de reconocer esta heterogeneidad y superar la visión lineal del fenómeno.


Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo, publicado en Psychiatric News, expone una creciente preocupación debido a que cada vez hay más pruebas que vinculan el uso de gabapentina con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia . A pesar de que las prescripciones de este fármaco se han duplicado en los últimos años, investigaciones actuales sugieren que su perfil de seguridad neurológica requiere una reevaluación exhaustiva. Se comenta el estudio de la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio, USA) : en pacientes con dolor lumbar crónico que recibieron seis o más prescripciones de gabapentina, se observó un incremento del 29% en el riesgo de demencia y un alarmante 85% en el riesgo de deterioro cognitivo leve, en los 10 años siguientes. El aumento del riesgo no se limitó a la población geriátrica; los adultos de entre 35 y 49 años presentaron más del doble de riesgo de demencia y el triple de riesgo de deterioro cognitivo leve en comparación con aquellos que no consumían el fármaco. En un estudio retrospectivo publicado en Frontiers in Pharmacology en 2022, Oh y sus colegas, hallaron que los usuarios de gabapentina tienen entre 1.5 y 1.9 veces más probabilidades de manifestar declive cognitivo tras solo un año de tratamiento. El mecanismo subyacente propuesto se relaciona con la unión del fármaco a las subunidades de los canales de calcio que regulan la señalización neuronal, lo que podría alterar la sinaptogénesis o la plasticidad cerebral, aunque los procesos exactos aún están bajo investigación. En conclusión, el artículo hace un llamado a la precaución clínica. Ante la evidencia de riesgos elevados tanto en poblaciones jóvenes como mayores, se insta a los profesionales de la salud a sopesar cuidadosamente los beneficios terapéuticos de la gabapentina frente a sus potenciales efectos adversos en la integridad cognitiva de los pacientes.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
El artículo explora la posibilidad de que los antidepresivos ISRS reduzcan la intensidad del amor romántico. Para examinar esta hipótesis, los investigadores recurrieron a una amplia base de datos, el Romantic Love Survey 2022, que recoge experiencias de miles de personas enamoradas. A partir de esa fuente, seleccionaron a 810 jóvenes de 33 países, todos ellos en las primeras etapas del enamoramiento y con puntuaciones muy altas en una escala diseñada para medir la pasión amorosa. El estudio buscaba una respuesta sencilla: ¿tomar ISRS afecta al modo en que una persona vive el amor? Para ello, analizó si quienes estaban tomando estos medicamentos diferían de quienes no lo hacían en aspectos como la intensidad del amor, la frecuencia con que pensaban en su pareja, el compromiso emocional o la actividad sexual. También se tuvieron en cuenta variables como el sexo biológico y la presencia de problemas de salud mental. Los resultados no encontraron ninguna relación entre el uso de ISRS y los rasgos fundamentales del amor romántico: La intensidad del enamoramiento, la presencia de pensamientos obsesivos acerca de la persona amada (porcentaje de horas de vigilia), el compromiso y la frecuencia sexual parecían mantenerse igual, independientemente del tratamiento con antidepresivos. Solo dos factores —ser hombre o mujer y el padecimiento de problemas de salud mental— se relacionaron con el uso de ISRS, algo esperable dado su patrón de prescripción clínica. El artículo sitúa estos hallazgos dentro de un debate más amplio sobre la biología del amor. Frente a las teorías que atribuían el enamoramiento a un único sistema basado en la serotonina, los autores subrayan que hoy se sabe que intervienen numerosos mecanismos biológicos. Por eso, que los ISRS no alteren la experiencia de amar resulta coherente con la ciencia actual. Como conclusión práctica, el estudio ofrece un mensaje tranquilizador: tomar ISRS no “apaga” el amor. Esta evidencia puede ayudar a reducir el temor de quienes necesitan tratamiento, pero dudan por miedo a perder la intensidad emocional de sus relaciones.
Por Alfredo Calcedo 20 de febrero de 2026
La evidencia que vincula el café y el té con la salud cognitiva sigue sin ser concluyente y la mayoría de los estudios no logran diferenciar el café con cafeína del descafeinado. El objetivo de este estudio es investigar las asociaciones del consumo de café y té con el riesgo de demencia y la función cognitiva. Resultados: En este estudio de cohorte prospectivo de 131 821 personas de dos cohortes con un seguimiento de hasta 43 años, se documentaron 11 033 casos de demencia. Un mayor consumo de café con cafeína se asoció significativamente con un menor riesgo de demencia. El consumo de café descafeinado no se asoció significativamente con el riesgo de demencia. Las diferencias asociadas más pronunciadas se observaron con la ingesta de aproximadamente 2 a 3 tazas por día de café con cafeína o 1 a 2 tazas por día de té. Conclusiones y relevancia Un mayor consumo de café y té con cafeína se asoció con un menor riesgo de demencia y una función cognitiva ligeramente mejor, siendo la asociación más pronunciada en niveles de ingesta moderados.