Efecto del tratamiento antiinflamatorio en la “depresión inflamatoria”

7 de enero de 2026

La depresión constituye la principal causa de carga global en salud mental, afectando a aproximadamente 4 00 millones de personas y representando el 40% del total de días perdidos por mala salud mental. A pesar de la disponibilidad de tratamientos convencionales, cerca del 65% de los pacientes no logra la remisión tras la primera línea terapéutica, y un tercio permanece resistente incluso después de múltiples intervenciones, lo que subraya la necesidad urgente de estrategias innovadoras.

La evidencia convergente proveniente de estudios genéticos, multi-ómicos y experimentales han identificado un subtipo clínico denominado “depresión inflamatoria”, presente en alrededor del 25% de los casos. Se caracteriza por una disfunción inmunológica y niveles elevados de biomarcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva (PCR), los cuales se asocian tanto con la aparición como con la persistencia de síntomas depresivos. Este fenotipo se asocia con síntomas específicos como anhedonia y alteraciones neurovegetativas, y estudios experimentales confirman la relación causal entre inflamación y sintomatología depresiva

Aunque metaanálisis previos han demostrado la seguridad y eficacia de tratamientos antiinflamatorios en pacientes con comorbilidades médicas, su impacto en individuos deprimidos sin dichas condiciones sigue siendo incierto, con resultados heterogéneos en ensayos clínicos aleatorizados. Dos factores explican esta variabilidad: la falta de selección de pacientes con fenotipo inflamatorio (PCR ≥2–3 mg/L) y la escasa evaluación de anhedonia, síntoma nuclear vinculado a la activación inmune. Estudios experimentales sugieren que la inflamación incrementa la anhedonia, especialmente la relacionada con el placer consumatorio, aunque persisten interrogantes sobre su efecto en la motivación.

Este metaanálisis constituye la primera evaluación sistemática del efecto de tratamientos antiinflamatorios frente a placebo en pacientes con depresión inflamatoria sin comorbilidad médica. Los resultados indican que estos fármacos reducen tanto la anhedonia como la severidad depresiva cuando se aplican puntos de corte clínicos para la inflamación (PCR ≥2 mg/L), mientras que los efectos son menores con criterios ad hoc. No se observaron diferencias significativas en eventos adversos graves, y aunque las tasas de respuesta y remisión no fueron estadísticamente superiores, mostraron una tendencia favorable.

El efecto sobre la anhedonia fue más consistente que sobre los síntomas globales, lo que sugiere una sensibilidad particular del circuito de recompensa a la señalización inmune periférica. Sin embargo, la mayoría de los ensayos no evaluó anhedonia en todas sus dimensiones, limitándose al placer consumatorio. Estos hallazgos subrayan la necesidad de diseños que incluyan fenotipos inflamatorios y medidas integrales de anhedonia, así como biomarcadores más específicos que superen las limitaciones del PCR. Además, se requiere optimizar la selección del agente antiinflamatorio, la dosis y la duración del tratamiento. En conjunto, los resultados respaldan un enfoque de medicina de precisión para la depresión inflamatoria, aunque persisten vacíos críticos que deben resolverse antes de su implementación clínica.

Por Alfredo Calcedo 7 de julio de 2026
Editorial que propone un nuevo marco clínico para el tratamiento de la depresión. La narrativa del déficit de serotonina ofrece una explicación conveniente, pero no precisa. Los médicos de atención primaria prescriben la mayoría de los antidepresivos en Estados Unidos. Los psiquiatras deben liderar la transición hacia una atención acorde con las guías clínicas, que priorice las intervenciones psicológicas y conductuales cuando estén disponibles, utilizando los ISRS con criterio como puentes hacia la recuperación, en lugar de como correcciones bioquímicas. Para los pacientes en entornos donde la terapia y las intervenciones en el estilo de vida son realmente inaccesibles, los ISRS siguen siendo una opción razonable. Aun así, la explicación que brindamos a los pacientes y las expectativas que generamos deben basarse en la evidencia científica, no en el marketing. Nuestros pacientes merecen explicaciones que reflejen la evidencia y planes de tratamiento que tengan en cuenta tanto la evidencia como sus circunstancias.
Por Alfredo Calcedo 7 de julio de 2026
La desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR, por sus siglas en inglés) es una psicoterapia centrada en el trauma ampliamente utilizada en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT), pero su eficacia en diferentes condiciones de comparación sigue siendo un área de investigación en curso. Este estudio revisó sistemáticamente y sintetizó cuantitativamente ensayos controlados aleatorizados (ECA). La mayoría de los estudios mostraron algunas preocupaciones metodológicas. En general, la evidencia respalda la EMDR como un tratamiento eficaz para el TEPT y destaca la importancia del tipo de comparador a la hora de interpretar los resultados.
Por Alfredo Calcedo 7 de julio de 2026
Los trastornos psiquiátricos y las enfermedades cardiometabólicas (ECM) coexisten frecuentemente y contribuyen a una morbilidad sustancial, mortalidad prematura y una menor calidad de vida. Si bien esta asociación se reconoce cada vez más, las vías biológicas y clínicas compartidas que vinculan la enfermedad mental con la disfunción metabólica aún no están completamente definidas. Este artículo es una revisión narrativa que examina la evidencia reciente sobre los mecanismos que conectan la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia, las enfermedades mentales graves (EMG), la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes, la dislipidemia, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares. La evidencia actual sugiere que los trastornos psiquiátricos y cardiometabólicos se asocian a través de vías bidireccionales y superpuestas, en lugar de un único mecanismo causal. La disfunción metabólica puede estar asociada con el empeoramiento de los síntomas psiquiátricos mediante efectos inflamatorios, neuroendocrinos y neurotróficos, mientras que la enfermedad psiquiátrica puede aumentar el riesgo cardiometabólico a través de la biología del estrés, factores del estilo de vida, exposición a medicamentos y acceso fragmentado a la atención médica. El aumento de peso y las anomalías de glucosa y lípidos asociadas con antipsicóticos siguen siendo importantes, pero los cambios metabólicos también pueden preceder a la exposición a tratamientos a largo plazo, particularmente en trastornos psicóticos. Estos hallazgos respaldan la detección metabólica de rutina, la estratificación temprana del riesgo, la prescripción individualizada de psicofármacos, la intervención en el estilo de vida y la atención integrada que involucre psiquiatría, atención primaria, endocrinología, cardiología, nutrición y servicios de salud conductual. Se necesitan futuros estudios longitudinales y ensayos aleatorizados para aclarar la causalidad y evaluar las intervenciones que mejoran tanto los resultados psiquiátricos como los cardiometabólicos. La salud metabólica debe considerarse un componente central de la evaluación y el manejo psiquiátrico.