Una actualización sobre el papel del valproato en el trastorno bipolar

7 de enero de 2026

El papel del valproato en el tratamiento del trastorno bipolar es cuestionado, dado que la evidencia actual sugiere alternativas más eficaces tanto para el manejo de la manía aguda como para la fase de mantenimiento. A pesar de su uso extendido, especialmente en Estados Unidos, las guías clínicas más recientes, como la del Departamento de Asuntos de Veteranos y el Departamento de Defensa, lo relegan a una opción de tercera línea. Incluso la guía canadiense, que lo incluye entre las opciones de primera línea, lo sitúa detrás de fármacos como el litio y la quetiapina, reservando su empleo para casos en los que existan razones específicas para preferirlo.

El valproato fue aprobado por la FDA en 1994 tras estudios iniciales que mostraron eficacia en la manía, lo que impulsó su comercialización masiva. Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron una disminución significativa en su efecto frente a placebo, llegando incluso a mostrar ausencia de diferencias en los últimos ensayos controlados. Meta-análisis recientes confirman su menor tamaño de efecto (0,16) en comparación con litio, carbamazepina y varios antipsicóticos, cuyos valores oscilan entre 0,37 y 0,56.

En cuanto al tratamiento de mantenimiento, los primeros estudios no demostraron eficacia, lo que impidió su aprobación por la FDA para este uso. No obstante, una revisión de 2021 que integró 13 estudios con más de 9.000 participantes sugiere cierta efectividad en la prevención tanto de episodios maníacos como depresivos, aunque persisten dudas y su uso sigue siendo fuera de indicación oficial. Existen también datos preliminares sobre su posible utilidad en la depresión bipolar aguda, pero se requieren estudios más amplios.

El valproato podría ofrecer ventajas en cuadros de manía mixta, donde algunos indicios lo posicionan por encima del litio. Sin embargo, su perfil de seguridad plantea serias preocupaciones: mayor riesgo de aumento de peso frente a otros estabilizadores, duplicación del riesgo de conductas suicidas respecto a controles, hepatotoxicidad, pancreatitis, trombocitopenia y síndrome de ovario poliquístico. Destaca, además, su elevada teratogenicidad, que lo convierte en una opción inaceptable para mujeres en edad fértil.

En conclusión, el valproato parece seguir usándose en exceso en EE. UU. Los médicos deben considerar el litio, los antipsicóticos de segunda generación —especialmente la quetiapina— e incluso la carbamazepina (aunque tampoco en mujeres con riesgo de embarazo) al seleccionar la medicación inicial para pacientes con manía bipolar clásica (no mixta) o hipomanía grave. Su prescripción debería acompañarse de información clara al paciente sobre eficacia, riesgos y estatus regulatorio, reservándolo para situaciones 

Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
El cannabidiol (CBD) es un cannabinoide que se encuentra de forma natural en Cannabis sativa y que recientemente se ha estudiado como una nueva opción terapéutica para la esquizofrenia y trastornos relacionados. El CBD es un agonista parcial de los receptores de dopamina D2, lo que puede contribuir a sus efectos antipsicóticos en dosis altas (800–1000 mg/día) combinado con su actividad agonista parcial de los receptores 5HT1A, compartida con los antipsicóticos de tercera generación (aripiprazol, brexpiprazol), que también puede explicar los efectos ansiolíticos, antidepresivos y antipsicóticos del CBD. Esta revisión sistemática y metaanálisis evalúa la eficacia del CBD como terapia complementaria para los síntomas positivos y negativos en los trastornos del espectro de la esquizofrenia. Los resultados mostraron que el CBD produjo una mejoría estadísticamente significativa, aunque pequeña, en los síntomas generales y en los síntomas positivos, como delirios o alucinaciones. También hubo cierta mejoría en los síntomas psicopatológicos generales evaluados por la escala PANSS. Sin embargo, el CBD no mostró beneficios claros sobre los síntomas negativos, como la apatía, el aislamiento social o la falta de motivación. Además, las tasas de abandono del tratamiento fueron similares entre quienes recibieron CBD y quienes tomaron placebo, lo que sugiere una buena tolerancia. El trabajo destaca que el CBD podría actuar sobre sistemas biológicos relacionados con la dopamina y el sistema endocannabinoide, sin producir los efectos psicóticos asociados al THC. Aun así, los autores advierten que el número de estudios todavía es pequeño y que existen limitaciones metodológicas importantes, como diferencias en dosis y duración de los tratamientos. Por ello, consideran que el CBD es una opción prometedora, pero todavía experimental, que necesita investigaciones más amplias y rigurosas antes de recomendarse de forma generalizada en esquizofrenia. (Springer)
Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
Cuando las personas están en peligro, especialmente en riesgo de suicidio, las soluciones ás simples pueden salvar más vidas. El artículo describe cómo, durante años, los sistemas de ayuda para la prevención del suicidio fueron complejos, difíciles de recordar o de usar en momentos de crisis. En esas circunstancias, cualquier obstáculo —aunque sea pequeño— puede impedir que alguien pida ayuda. El artículo pone de ejemplo cómo la simplificación de una línea telefónica de crisis para prevención del suicidio en un número corto (de 3 cifras) y fácil de recordar (988), acompañado de más recursos y mejor organización, ha permitido que más personas accedieran rápidamente al apoyo que necesitaban. Con el tiempo, se observó una disminución significativa en las muertes por suicidio, especialmente entre jóvenes, lo que sugiere que la accesibilidad inmediata es clave. [ news.harvard.edu ] En salud pública, la eficacia no siempre depende de soluciones complejas o innovaciones sofisticadas, sino de eliminar barreras. Hacer que la ayuda sea visible, directa y fácil puede marcar la diferencia entre actuar o no hacerlo en un momento crítico. En definitiva, el autor concluye que simplificar el acceso a la ayuda no solo mejora los sistemas, sino que literalmente puede significar la vida para muchas personas.
Por Alfredo Calcedo 22 de mayo de 2026
El artículo describe cómo, tras superar la infección aguda por COVID‑19, muchas personas continúan un recorrido inesperado marcado por síntomas persistentes que afectan al cerebro y la mente. Este cuadro, conocido como COVID prolongado, puede aparecer semanas después y mantenerse durante meses, incluso en pacientes que tuvieron formas leves de la enfermedad. [merckmanuals.com] A lo largo del tiempo, los pacientes relatan una constelación de síntomas neuropsiquiátricos que suele incluir fatiga intensa, dolor de cabeza, trastornos del sueño, disfunción autonómica y dificultades cognitivas —a menudo descritas como “niebla mental”— con problemas de atención y memoria. A estos se suman con frecuencia ansiedad, depresión y estrés postraumático, que reflejan tanto el impacto biológico del virus como la experiencia vivida durante la enfermedad. [ onlinelibr....wiley.com ] Estas manifestaciones no tienen una única causa. Más bien, parecen surgir de una combinación de factores: inflamación persistente, alteraciones inmunológicas, daño vascular o efectos indirectos de la enfermedad grave y la hospitalización. [ merckmanuals.com ] En este escenario, el artículo subraya la importancia de un enfoque clínico integral. No existe un tratamiento específico, por lo que la atención se centra en aliviar los síntomas, acompañar al paciente y adaptar la rehabilitación a cada caso. Así, el COVID prolongado se presenta como una condición compleja y variable, donde la recuperación no es lineal y exige comprender al paciente más allá de la fase aguda de la enfermedad. Si bien se requiere mayor investigación sobre los mecanismos subyacentes y los posibles tratamientos, los psiquiatras están intrínsecamente capacitados para participar en las evaluaciones de COVID persistente y brindar un tratamiento de apoyo y específico. La evaluación de las comorbilidades psiquiátricas y médicas generales, la colaboración con otras especialidades y disciplinas médicas, y la planificación integral del tratamiento siguen siendo la base del tratamiento de la COVID persistente. Ante la creciente prevalencia de la COVID persistente, es fundamental que los psiquiatras adquieran mayor familiaridad y competencia en la evaluación y el manejo de las secuelas neuropsiquiátricas de la COVID-19. (Am J Psych)