Eje intestino-cerebro: interrelación entre las alteraciones de la microbiota intestinal y el trastorno del espectro autista

2 de septiembre de 2025

El artículo explora cómo las alteraciones en la microbiota intestinal pueden influir en el desarrollo y manifestación del TEA, destacando el papel del eje intestino-cerebro como vía de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el tracto gastrointestinal.

Los síntomas gastrointestinales, como diarrea, estreñimiento y distensión abdominal, son prevalentes en niños con TEA. Estos trastornos se asocian comúnmente con un aumento de los síntomas conductuales, como desconexión social, ansiedad e irritabilidad. El aumento de la permeabilidad intestinal, atribuible a la disbiosis intestinal, desempeña un papel significativo en la alteración del eje intestino-cerebro, coordinado por vías neurológicas, inmunológicas y endocrinológicas. Los niveles elevados de citocinas inflamatorias, los cambios en la generación de neurotransmisores y las alteraciones en los metabolitos derivados del intestino se consideran consecuencias directas de la disbiosis. Las opciones de tratamiento, como los probióticos, los prebióticos, el trasplante de microbiota fecal y los cambios en la dieta, han mostrado resultados prometedores. Sin embargo, la eficacia y la seguridad a largo plazo de estas terapias aún se están estudiando

Aunque no se establece una relación causal definitiva, los hallazgos sugieren que la microbiota intestinal podría ser un objetivo terapéutico relevante para mejorar la calidad de vida de personas con TEA.

Por Alfredo Calcedo 5 de marzo de 2026
A lo largo de la última década, la investigación ha destacado el papel central de la microbiota intestinal como mediadora entre la alimentación y la salud cerebral. En este contexto, el aceite de oliva —y especialmente su versión virgen— aparece como un elemento clave de la dieta mediterránea con beneficios potenciales sobre la composición microbiana y la función cognitiva. Este estudio se propuso explorar cómo el consumo total y diferenciado de tipos de aceite de oliva se relaciona con la microbiota intestinal y con cambios cognitivos en adultos mayores. En este estudio de cohorte prospectiva, participaron 656 personas de entre 55 y 75 años, con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. Los investigadores recogieron muestras fecales y cuestionarios dietéticos al inicio, junto con una completa evaluación neuropsicológica repetida tras dos años de seguimiento. Los análisis multivariables revelaron que una mayor ingesta de aceite de oliva virgen se asociaba con mejoras cognitivas a lo largo del periodo estudiado y con una estructura microbiana más diversa al inicio. En contraste, el consumo elevado de aceite de oliva común se vinculó con menor diversidad alfa de las comunidades bacterianas y un declive cognitivo más acelerado. El análisis sugirió que ciertos taxones —en particular Adlercreutzia— podrían ejercer un papel mediador entre el consumo de aceite virgen y la evolución cognitiva favorable. En conjunto, los hallazgos apuntan a que el aceite de oliva virgen podría contribuir a la preservación cognitiva mediante efectos beneficiosos sobre la microbiota intestinal, abriendo nuevas vías para estrategias dietéticas orientadas al envejecimiento saludable. Comentado en Geriatracarea
Por Alfredo Calcedo 5 de marzo de 2026
Los pensamientos suicidas entre los médicos son comunes y aumentaron durante la pandemia de COVID-19; sin embargo, muchos dudan en buscar apoyo de salud mental. Este análisis cualitativo examina las experiencias de médicos y médicos en formación que han tenido pensamientos suicidas y han intentado buscar ayuda. Mediante una búsqueda sistemática se realiza un análisis cualitativo de las narrativas publicadas de médicos y residentes que describen sus experiencias de búsqueda de ayuda para la conducta suicida Resultados: En 52 narrativas, los autores describieron comúnmente presiones previas, formas de afrontamiento, intenso malestar emocional y autopercepciones alteradas. Los relatos muestran cómo la cultura médica —centrada en el rendimiento, la resiliencia inquebrantable y la autosuficiencia— actúa como un marco que normaliza el sufrimiento silencioso y desalienta la expresión de vulnerabilidad. Las barreras para buscar ayuda se basaban en presiones que contribuían a la conducta suicida: el miedo a ser percibidos como incompetentes, la estigmatización persistente de la enfermedad mental, la preocupación por posibles repercusiones en la licencia profesional, la renuencia a cargar a colegas o familiares y la dificultad para acceder a servicios confidenciales y oportunos. Estas barreras consolidan un aislamiento emocional que refuerza la tendencia a afrontar en soledad la crisis suicida. Sin embargo, las narrativas también informan de elementos facilitadores que permiten a algunos profesionales dar el paso hacia la ayuda. Entre ellos destacan la disponibilidad de atención verdaderamente confidencial, una mayor alfabetización en salud mental y, especialmente, el impacto transformador del modelaje de conducta: cuando colegas o mentores reconocen abiertamente su propia necesidad de apoyo, disminuyen el estigma y legitiman la búsqueda de cuidado. Interpretación: La intensa presión por alcanzar el éxito en la medicina disuade a los médicos de reconocer su angustia y buscar ayuda, pero ser un modelo a seguir en la búsqueda de ayuda puede atenuar el estigma. Comprender estos factores interrelacionados puede orientar los cambios necesarios para desarrollar estrategias específicas de prevención del suicidio dirigidas a los médicos y promover su bienestar.
Por Alfredo Calcedo 5 de marzo de 2026
Extenso reportaje de la periodista Maggie Jones para The New York Times, titulado « La vida con uno de los trastornos más polémicos de la psiquiatría ». El artículo narra la historia de Milissa Kaufman, psiquiatra e investigadora del Hospital McLean que reveló públicamente que ella misma vivió con trastorno de identidad disociativo (TID) y se recuperó tras años de tratamiento. Jones entrevistó a más de dos decenas de personas diagnosticadas y a casi 20 especialistas. El TID, antes conocido como trastorno de personalidad múltiple, es uno de los diagnósticos más controvertidos de la psiquiatría. Durante décadas, algunos críticos han sostenido que es extremadamente raro, o que no existe en absoluto. Kaufman ha desempeñado un papel importante en la comprensión emergente de este trastorno. Motivada por su propia experiencia, se convirtió en psiquiatra y ha dedicado su carrera a la investigación y el tratamiento de la disociación y el trauma. La historia de Milissa Kaufman, una respetada psiquiatra e investigadora del Hospital McLean, sirve como eje para desmitificar esta condición. Kaufman, en un acto de vulnerabilidad sin precedentes en su campo, reveló haber vivido y recuperado su integridad psíquica tras años de tratamiento por TID. Su experiencia infantil no fue la de una "personalidad múltiple" de ficción, sino la de una niña que, para sobrevivir a lo insoportable, compartimentó su mente. En su interior convivían la "niña curiosa", la "señora amable" y la "niña encerrada en una caja", facetas de un mismo ser que se fragmentaron para que el dolor no lo consumiera todo. El artículo subraya que el TID no consiste en tener personas diferentes dentro de un cuerpo, sino en ser una sola persona cuyos aspectos de la identidad no han logrado integrarse. Esta fragmentación se manifiesta en la vida cotidiana de formas desconcertantes: una profesora universitaria que, en medio de una reunión académica, de repente se siente como una niña pequeña incapaz de articular una respuesta adulta; o una mujer que encuentra en su maletero zapatos que no recuerda haber comprado. Estos lapsos de memoria y cambios de estado no son actos teatrales, sino mecanismos de defensa automáticos ante disparadores emocionales. A pesar de la evidencia neurocientífica que comienza a mostrar diferencias en el procesamiento cerebral de estos pacientes, el diagnóstico sigue siendo polémico. El reportaje aborda el fenómeno actual en redes sociales como TikTok, donde la proliferación de autodiagnósticos y representaciones dramatizadas ha generado una nueva ola de escepticismo. No obstante, el consenso clínico apunta a que el TID es una respuesta de supervivencia a traumas infantiles reales y tratables. La recuperación, como demuestra el caso de Kaufman, es posible pero ardua. Requiere años de una terapia que no busque el espectáculo de las "identidades", sino la integración lenta y compasiva de esos fragmentos rotos. Al final, el TID no es un enigma para el entretenimiento, sino el testimonio de la asombrosa capacidad de la mente humana para protegerse de lo que no debería haber ocurrido jamás. Comentado en Psyciencia.