El 24 % de médicos y enfermeras españolas afirma tener síntomas compatibles con depresión y ansiedad

20 de octubre de 2025

El artículo publicado por Médicos y Pacientes el 10 de octubre de 2025, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, presenta los resultados de un informe de la Organización Mundial de la Salud para Europa (OMS/Europa) sobre el estado de salud mental de médicos y enfermeras en España.

Según este estudio, el 24% de los médicos y enfermeras españolas afirma tener síntomas compatibles con depresión, y el mismo porcentaje refiere síntomas de ansiedad.

Otros problemas de salud mental también fueron evaluados: 4% de médicos y 3% de enfermeras presentan síntomas de dependencia al alcohol, mientras que 14% de médicos y 12% de enfermeras admiten tener pensamientos suicidas o de autolesión pasivos, cifras superiores a la media europea.

Solo el 51% de los sanitarios españoles afirma sentir bienestar general, frente al 83% de los trabajadores en general según datos de Eurofund (2021).

El informe identifica varios factores de riesgo laborales que afectan la salud mental:

  • Violencia en el entorno laboral: el 84% ha sufrido algún tipo de violencia, incluyendo bullying (36%), ira de pacientes (76%), violencia física (23%), acoso sexual (9%) y amenazas violentas (50%).
  • Condiciones laborales: el 21% trabaja jornadas prolongadas, el 43% realiza turnos nocturnos frecuentes y el 33% tiene contratos temporales. Estas condiciones se correlacionan con mayor prevalencia de ansiedad y depresión.

Las repercusiones no solo afectan a los profesionales, sino también a los pacientes. En Europa, hasta el 40% de los sanitarios con depresión ha tomado bajas laborales, y entre el 11% y el 34% considera dejar la profesión. En España, 8,8% de médicos y 10,9% de enfermeras piensan abandonar su carrera, mientras que 7,3% de médicos y 11% de enfermeras han estado de baja por problemas de salud mental.

La OMS/Europa advierte que a esta situación contribuye a una crisis de personal sanitario, estimando una escasez de 940.000 profesionales para 2030.

Desde el Ministerio de Sanidad, el secretario de Estado Javier Padilla ha anunciado medidas como la reducción de la jornada semanal a 45 horas, la eliminación de guardias de 24 horas, la reducción de la temporalidad y el reconocimiento del personal sanitario como autoridad pública frente a agresiones. También se ha aprobado el Plan de Acción Nacional de Salud Mental, con financiación específica para apoyar a los profesionales en las comunidades autónomas.

Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
En esta entrevista realizada durante el congreso de la American Psychiatric Association (APA), el psiquiatra Roger McIntyre analiza una de las formas más difíciles de identificar del trastorno bipolar: los episodios con características mixtas. Se trata de situaciones en las que síntomas depresivos y síntomas maníacos aparecen al mismo tiempo, algo que puede generar gran confusión tanto en los pacientes como en los profesionales. McIntyre explica que muchas personas no presentan una manía “clásica”, sino una mezcla de tristeza, desesperanza y falta de energía junto con irritabilidad, agitación, pensamientos acelerados, ansiedad intensa o dificultad para dormir. Estos cuadros suelen ser mal diagnosticados porque pueden parecer una depresión común o incluso otros trastornos psiquiátricos. El especialista destaca que reconocer estas características mixtas es fundamental, ya que se asocian a una mayor gravedad clínica, peor funcionamiento diario y un riesgo más elevado de suicidio. Por ello, recomienda que los médicos investiguen de forma específica la presencia de síntomas de ambos polos del trastorno bipolar durante la evaluación. En cuanto al tratamiento, señala que no todos los medicamentos funcionan igual en estos pacientes. Los antidepresivos, que a menudo se utilizan como monoterapia, con frecuencia no son eficaces o desestabilizan a los pacientes con trastornos mixtos; los psicoestimulantes pueden desestabilizar los estados mixtos o de ciclo rápido, y el valproato carece de eficacia en la depresión bipolar o en el tratamiento de mantenimiento, con un riesgo teratogénico sustancial. Las opciones respaldadas por la evidencia se centran en los antipsicóticos de segunda generación con datos de características mixtas (por ejemplo, cariprazina; lumateperona /lurasidona en la depresión bipolar con características mixtas; olanzapina-samidorfán para reducir la vulnerabilidad metabólica) y el litio. El objetivo es controlar simultáneamente los síntomas depresivos y maníacos, reducir el sufrimiento y prevenir nuevas recaídas.
Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
El artículo cuestiona la tendencia de considerar las llamadas adicciones conductuales como equivalentes a los trastornos por consumo de sustancias . Los autores señalan que gran parte de la investigación en este campo parte de la idea de que ambos fenómenos son esencialmente iguales, por lo que se utilizan las mismas teorías, métodos de estudio y herramientas de evaluación desarrolladas para las adicciones a drogas. Sin embargo, advierten que este enfoque presenta importantes problemas. Si cualquier conducta que pueda realizarse de forma excesiva —como comer, trabajar, hacer ejercicio o usar el teléfono móvil— se interpreta como una adicción, se corre el riesgo de patologizar comportamientos cotidianos y trivializar el significado real de la adicción. Además, recuerdan que la frecuencia con la que una persona realiza una actividad no demuestra por sí sola la existencia de una enfermedad. Una conducta puede ser muy frecuente sin generar problemas, mientras que el malestar asociado a ella puede estar influido por valores personales, creencias morales o normas sociales. Los autores también critican la comparación directa entre sustancias psicoactivas y comportamientos, ya que las drogas producen efectos biológicos específicos y procesos de adaptación corporal que no están claramente demostrados en muchas conductas consideradas adictivas. Como conclusión, defienden que la investigación sobre las adicciones conductuales debe desarrollar modelos propios, centrados en comprender las experiencias reales de las personas afectadas. En lugar de copiar los paradigmas de las adicciones a sustancias, proponen explorar nuevos enfoques que permitan explicar mejor estos problemas y ofrecer respuestas clínicas más precisas.
Por Alfredo Calcedo 3 de junio de 2026
Estudio descriptivo , compuesto por una revisión bibliográfica especializada y un análisis de resoluciones judiciales, que analiza desde una perspectiva médico-legal, la relación entre los trastornos mentales y la imputabilidad penal, identificando patrones clínico-delictivos y valoraciones judiciales en casos de delitos graves. Resultados Los trastornos psicóticos fueron más frecuentes en delitos de homicidio, mientras que los trastornos de la personalidad predominaron en agresiones sexuales. La mayoría de los acusados fueron considerados plenamente imputables, incluso en presencia de trastornos mentales graves. La semiimputabilidad no supuso una reducción sustancial de las penas, y el internamiento psiquiátrico se aplicó únicamente en casos de inimputabilidad. La psicopatía, aunque identificable en algunos perfiles clínico-delictivos, no apareció como diagnóstico formal en ninguna resolución. Discusión Los hallazgos muestran una aplicación restrictiva de la eximente por trastorno mental en el sistema judicial español, en línea con el modelo mixto de valoración de la imputabilidad. A pesar del reconocimiento de psicopatología, la respuesta penal prioriza la prisión ordinaria sobre las medidas terapéuticas. Se evidencia la necesidad de herramientas diagnósticas más específicas y de recursos forenses y penitenciarios adecuados para integrar el enfoque clínico y jurídico en la evaluación de la responsabilidad penal.